OTOÑO

0042_001Breves Relatos Reales

SITUACIONISMO ÁCRATA

Después del largo tiempo transcurrido, el problema de la memoria colectiva se vira en  un problema personal, en ese ajuste de cuentas con el pasado, en esas confesiones que se desvelan al convertirse uno en el heredero legítimo de su historia, de sus derrotas y sus victorias.

Hay una fúria compulsiva cuando se ve que los impostores recién llegados a la política obligan a ejercer el olvido y proponen formas más o menos eficaces de amnesia colectiva, entonces nos asiste el último deber de eludir los estragos del olvido; Escribir y dejar el testimonio para los que juzgarán a los impostores.

PÉGAME A MI

                                                               

Fue allá por la primavera – verano del 70. La dictadura del Gral. Ovando estaba boqueando, los obreros y campesinos se habían replegado como siempre.

El dictador les neutralizó nacionalizando el petróleo y usando para esta medida populista a un conocido intelectual de izquierdas.

Los estudiantes habían perdido a varios de sus compañeros asesinados por el ejército y las fuerzas de seguridad y, estaban en pie de combate.

Además su máximo dirigente de la Federación, había sido arrestado en su oficina y conducido a prisión, interrogado durante toda la noche y amenazado de muerte.

Al ser puesto en libertad bajo la presión de organizaciones de derechos humanos, de universitarios, normalistas y la garantía de su padre, un demócrata de toda la vida, asumió sus funciones de dirigente con más vigor y coronado por la aureola de héroe salido de la prisión militar fascista sin claudicar.

-Inf : Presencia, viernes 25 septiembre de 1970-

El gráfico de su liberación con él como el personaje de la noticia, dió la vuelta el país entero, de modo que fue de conocimiento de todo el campanario. Mientras que sus enemigos marginales se morían de envidia.

A partir de ese momento, estaba escrito que había que movilizarse hasta tumbar al dictador militar y, que la Federación estudiantil de inspiración anarquista liderada por él, sería la punta de lanza para este acto heroico de libertad.

De modo que continuaron las movilizaciones de estudiantes. Se realizó un entierro simbólico en homenaje a los jóvenes muertos días atrás. Fue un acto inédito; encabezaba la marcha un quinteto de tamboreros, que al redoble de sus lonjas  levantaban la emoción y la atención del público.

La comitiva, llevaba un ataúd en andas con los nombres de los estudiantes caídos cubierto con la bandera rojinegra, el color del movimiento estudiantil, pero también los colores del anarquismo internacional.

La marcha pasó por las principales calles de la ciudad y se detuvo frente a la Prefectura del departamento. Ahí él fue subido en andas y pronunció un encendido y emotivo discurso de recuerdo a los estudiantes muertos, así como una acusación a la dictadura militar fascista.

Se notaba que desde las ventanas de las oficinas públicas le fotografiaban los agentes del gobierno. En todo caso, fue un acto de protesta limpio y cinsero que sería recordado como tal en los anales de las luchas estudiantiles del siglo pasado.

La Quinta Columna Lumpen .-

Todas las manifestaciones del resto de ese verano, el otoño y la primavera (en invierno hubo vacación ) del año siguiente fueron bien organizadas, concertadas y controladas pacíficamente por todos los delegados y la directiva de la Federación.

Habría sido una gestión normal, eficiente y próspera, sino aparecían los infiltrados.

Estos elementos de barrios marginales, topos venidos de las cloacas del detritus social de las clases bajas. Eran ratas salidas de las alcantarillas barriobajeras. Para llegar a sus madrigueras, había que salir de la ciudad, dejar los descampados, los cementerios, las casas de putas, los muladares sucios hollados por perros con sarna.

Ahí mismo vivían, bebiendo agua de pozo, alumbrándose con mecheros de querosén, cagando en las acequias de regadío y emborrachándose en las chicherias canallas del Latapunco y Cerro Verde.

Eran gente oscura, atroz, de baja ralea, eran movimientos sociales.

Este elemento lumpen tenía instrucciones de realizar atentados violentos, actos de terrorismo y sabotaje en las manifestaciones estudiantiles de la época, querían dar apariencia de ser los más radicales de los radicales, se decían los “pecos”.

En todo caso, se les conocía por sus alias, nunca por sus nombres.

El primero, un enfermo perverso con los niños, asaltó un parvulario de infantes de 4 años en plena faena infantil. Sacandolos a patadas a la calle.                                          El otro, hijo de mineros de algarada de socavón, pretendió volar con dinamita un centro de estudios de inglés con todo el alumnado dentro.

El tercero, un llegado del oriente a buscarse la vida cortando cueros, pintó en la fachada de un liceo público una ofensa a la vida privada de su directora.

Estos delincuentes venían de las chabolas que se conocían como barrios mineros y el otro del cerro El Solterito, este era de oficio talabartero y los otros eran toderos.

Después se supo que las instrucciones que tenían, era principalmente sabotear la labor del dirigente máximo de la Federación, le tenían un odio jurado por su orientación anarquista.

Después del golpe, estos delincuentes se hicieron humo, huyeron como ratas a sus alcantarillas. Uno estuvo de sirviente en una cooperativa, el otro fue taxista y acabó en la cárcel por narcotráfico, un tercero se hizo contrabandista de fármacos desde el Brasil.

Todo el peso de las barbaridades que hicieron estos malnacidos, cayó sobre el dirigente de la Federación cuando éste fue detenido por la dictadura.

PÉGAME A MI

Fue una de las tardes tibias estivales de abril y en plena efervescencia de las movilizaciones.

Se acercaron por la Federación una tribu de motociclistas, propia de la época, los conocidos como : Los Méridas. Estos chavales eran activos simpatizantes del frente  estudiantil ácrata; Bancada desde los tiempos de los Liceos Vespertinos.

Le comunicaron al dirigente de la Federación; que las alumnas de un conocido Liceo de señoritas, bloqueaban una autovía importante cerca al puente de Quillacollo.

Los conductores de los camiones. los buses y los minibuses; gente lumpen y de bajos instintos, como en todas partes, estaban agrediendo a las muchachas a puño limpio, practicamente se estaba realizando una batalla campal.

Èl dijo:

-Y ahora como voy al lugar del bloqueo – se le notaba desesperado -. No hay ningún taxi que quiera llevarme al puente, seguro que tienen miedo.

-No hay problema compañero – replicaron ellos decididos -. Si quieres, nosotros te llevamos en nuestras motocicletas.

-Se animan – les preguntó.

-Para eso somos de Bancada no ?-. Respondieron orgullosos.

-Entonces vamos- dijo él resolutivo, subiendo a la moto de el que dirigia la tribu de moteros, El Mérida.

Arrancaron los bólidos haciendo vibrar los potentes motores Jawa checos de 600 c.c, rumbo al puente de Quillacollo.

Al sentir el estruendo de los escapes sobre dos ruedas enfilando hacia la movilización de las chica del Liceo, pesó por un segundo en las imágenes de la película del momento : Nacidos para Perder. Las pandillas de motociclista hippies en el San Francisco de Jack Kerowac ( será que nacimos para perder ? ).

Llegando al lugar de los hechos, lo primero que vió fue la aglomeración de la gente, fueron pidiendo paso al toque de las bocinas y el flamear de la bandera rojinegra de la Federación al viento caliente de la tarde enfebrecida por la algarada.

Vió a forzudos y sudorosos camioneros agarrando a las muchachas por los brazos con violencia y forcejeando con ellas. Había gritos y bullanga de todos.

Al ver acercarse las motocicletas raudas y con la bandera flameando, los palurdos pusieron a las chicas delante como escudos humanos y se enrrostraron con los jóvenes que llegaban.

Él no tenía muy claro de qué es lo que tenía que hacer, al ver al grupo de alzados camioneros le entró cierto temor y vacilación; pero se sintió impulsado por cierto coraje del momento ante las chicas avasalladas, y al mismo tiempo el deber de dirigente de los estudiantes.

Brincó de la moto y encarandosé con los palurdos  dijo :

-Basta ya, paren el abuso a las delegadas-.

Se acercó al más matón, él que tenía agarraba a dos de ellas golpeandolas y fungia como el jefe de los camioneros.

Sin tener muy definido lo que tenía que decir, salió de sus labios cianóticos por el coraje :

-Sueltalas matón, no las pegues a ellas.

-Pégame a mí !-.

-Yo soy el dirigente de la Federación, yo ordené la movilización.

Envalentonado por la sorpresa de los palurdos y el aplauso emotivo de las chicas, dió dos pasos más hacia adelante, casi pecheando al abusivo y se reafirmó :

-Pégame a mí, carajo, si te crees tan macho !-.

Los matones camioneros se volvieron iracundos hacia él; eran grandotes, de brazos hercúleos, barrigas anchas de borrachones, zafios y miradas torvas.

Él sintió que no andaba sobrado de fuerzas, era flaco, desgarbado, miope y con aire de intelectual precoz, de rockero imberbe.

Con esa fragilidad de pardillo de biblioteca, desolado y bragado al mismo tiempo. Esa era su única fortaleza ante los forzudos y con esa fortaleza les retaba.

Cuando estuvo a punto de retroceder sus dos pasos de avanzada, se vió rodeado por los no menos fortachones Méridas. Estos se pusieron a su lado en abanico y ya se subían las mangas de las camisas en apronte de combate.

-Toquenle cabrones – dijo El Mérida -, y nos sacamos la mierda ya mismo !-.

Asi eran los chavales de Bancada, el frente estudiantil anarquista.

Los palurdos vieron la decisión casi suicida de los jóvenes estudiantes, vieron flamear la rojinegra, vieron que los pasajeros y los viandantes se ponían al lado de

las muchachas, vieron que la tarde declinaba a favor de los libertarios.

Soltaron a las chicas, estas se concentraron rodeando a su dirigente y sus bragados guardianes y empezarona a aplaudir con frenesí, y cantaron la Marselleza.

Fugazmente le volvió a la memoria el film : Nacidos para Perder.

Las tribus urbanitas de “ moteros “ en el San Francisco rebelde de los 60.

Una vez calmados los ánimos y los palurdos camioneros -movimientos sociales- devueltos a la serenidad. Su intervención oportuna en la algarada de las liceanas le valió muchos puntos a favor.

La prensa de la època -Prensa Libre- comentó su actitud valiente como dirigente de la Federación estudiantil de orientación anarquista.

Èl sintió que sobre las circunstancias y la evidencia de los acontecimientos, cruzó el tiempo por encima de las miserias de la historia, porque tenía un aval de libertad que muy bien podía compartir de forma solidaria con todos los estudiantes de esa magnífica gestión que no se repetiría ya nunca más en la vida.

Un dibujante anónimo, publicó un gráfico : Mostraba a un Hulken grandote vestido de camionero, tirando de los cabellos a una chica adolescente y amenazandola con la llave de subir el gato en la otra mano.

Al frente, había un macilento estudiante agarrando su librito bajo el sobaco que se le encaraba diciendo :

Pégame a mi.

El gráfico titulaba; David contra Goliat.

                                                 – o –

TIROFIJO PASÓ POR SOBRE LA HISTORIA

La increible y triste historia de la guerra de los 18.980 días.

“ Mi fusil de tirador austriaco, con su cañón rayado y su magnífica culata de nogal, que tan bien se acoplaba a la mejilla, colgaba sobre las dos camas “.

Adiós a las Armas  Ernest Hemingway -Papi Hé-

Por increible que parezca, en Colombia se produjo una guerra de guerrillas que duró 52 años. Vale decir; 624 meses, o 1.108 semanas, o 18.980 días.

O sea más de medio siglo de zafarrancho de combate.

Una guerra sin precedentes en la historia moderna, quizás, solo quizás, comparable a las guerras infinitas que nos relatan los historiadores de la antiguedad.

Tito Livio s. 17 d. C. o Pericles en el Peloponeso, o las guerras Púnicas: Cartago / Roma, Sagunto / Catalunya / Ródano, Cartago / Mesinisa, o la campaña contra los Partos por Marco Antonio, o las guerras de Cornelio y Emiliano Scipión -los africanos- contra Cártago, contra Hanibal; “ Cártago delenda est “.

Eran guerras que duraban eternidades biblícas; porque debían marchar a pie miles de kilómetros jalando sus pesados “cacharros” de combate.

De mares que se habrían para que pasen las huestes y siga la trashumancia de las guerras durante cuarenta largos años o más. Hasta que los cronistas o los bardos cuenten la historia sin fin en los versos de Esquilo o Sófocles o el cronista eterno Polybio.

La saga de la guerrilla que pretendemos contar en este relato real, es por el puro placer del ejercicio de la memoria y la terquedad compulsiva de la literatura. Porque es la guerra que duró mucho más tiempo.

Fue la más antigua del subcontinente y tal vez del mundo.

Sus pesares y glorias las contaran sus propios protagonistas, los de la base, los que marcharon descalzos por los senderos encharcados de la selva amazónica, los que vadearon sus rios profundos plagados de pirañas con los brazos en alto para no mojar las carabinas, los que sudaron sus fiebres palúdicas y vieron morir o matar.

Sin saber que solo serían tomados en cuenta como un número más en las estadísticas de la guerra cruel y sangrienta de los 18.980 días.

Los que marcharon obligados para que los jefes forjen sus mitos y sus  leyendas.

Los que posiblemente deban hacer el último acto de servicio a la causa; pedir perdón a las víctimas. Sí !, el perdón que dificilmente les será concedido; porque en definitiva el que otorga el gran perdón es Dios (dicen).

Así como aquél guerrillero de Ñancaguazú, un exguajiro del Escambray, que iva y volvía del almacén secreto para buscar los broncodilatadores y la cortisona para aliviar el asma del comandante.

Esa locomotora de la guerrilla del sudeste amazónico, se esforzaba tal véz pensando que contribuía al bien de la humanidad, hasta cuando llegó el tiempo de contar su versión.

Y cuán grande sería su sorpresa al saber que sus otros jefes no aprobaban su testimonio, al contrario le acusaban de traidor, de agente, de infiltrado.

Y pasaría sus últimos días olvidado, amargado y triste en un nosocomio de la vieja Europa sin tiempo de enterarse que ante el somero veredicto de la historia, él sería el héroe de verdad.

De modo que y volviendo a nuestra saga, vivir cincuenta y dos años en estado de alerta, tiene que ser demasiado duro.

La guerrilla, según cuentan los entendidos es marcha y contra marcha, de día y de noche.

Queda en la ficción romántica esos guerrilleros heroicos, delgados como atletas olímpicos, con aureolas de santos, matando gorilas facistas gordos en las selvas profundas, y luego descansando orondos en sus campamentos durmiendo la siesta en sus hamacas caríbes.

Ahora bien, volviendo a dar rienda suelta a la imaginación y los embates de la memoria, suponemos que será material de entomologación de la historia el personaje que con tanta porfia condujo esa guerrilla de leyenda negra o clara, según la juzguen en ambos bandos.

Al que la fundó, le decían: Tirofijo, y parece que no fue un líder teórico, un académico de la insurgencia, uno de esos hombres formados en las universidades al donaire de los estrategas clásicos.

No se pareció, por ejemplo, al ilustrado, enjuto y consumido por la tuberculosis Simón Bolivar de la Santisima Trinidad, tampoco al afrancesado surafricano Tabo Mbeki, ni siquiera al místico cura Manuel Péres.

Se pareció más bien a los caudillos bragados de raíces campesinas del siglo pasado, al estilo de Pancho Villa, Segundo Sombra, Manuel Rodríguez o Antonio Maceo.

Era un campesino, dicen, alzado en armas contra el poder de los godos.

Bien pudo ser uno de esos hombres americanos hechos a sí mismos. Un caudillo de la Costa Atlántica; como el general Uribe Uribe.

El que tan magistralmente nos describe Eligio García Márquez.

Uno de esos hombres productos de la misogenación y el mestizaje de dos civilizaciones a ambos lados del charco, sin complejos históricos, y cruzados por la fuerza de la conservación de la especie, más que por los arrebatos de las pasiones calientes del amor.

Un cruce entre un aborigen silvestre y un caballero templario, un mestizaje de (…) razas, temperamentos, costumbres (…) nos dice Eligio.

Necesariamente tiene que producir un nuevo tipo de hombre; el hombre americano.

Un hombre libertario, quizás como el afamado cacique de la Martinica, ese que se entrevista con el General napoleónico en una isla de las Antillas, y le pide ser ciudadano de la república. El General agradecido le confiere la escarapela con la bandera francesa, y como el cacique no usa chaqueta, le prende la insignia patria en el taparrabo y le declara: Ciudadano de la República Francesa.

Estos líderes naturales suelen ser altos, de ojos silverados, tez blanca, poblados mostachos y envueltos en un aura de soledad.

En los días tristes de la carceleta de Viacha, allá por los setenta del siglo pasado, tuve la oportunidad de conocer a uno de ellos.

Era un hombre que sobresalía del montón, alto, blanco, de nariz aguileña, ojos claros, mostachos de bagre, voz profunda, dotes naturales de mando y carisma a toda prueba.

Era genuino, espontaneo, sin posturas prefabricadas.

Era un campesino rico de los valles de la Villa de Oropeza, había cursado todos sus estudios básicos y picoteado los dos primeros años de la Facultad de Derecho, tenía una virtud de sensibilidad social y además; tenía una historia que narrar.

Sentados a la bartola, respirando el aire frio de los Andes y pastoreando al tiempo, me dijo :

“ Cuando nos dimos cuenta que la guerrilla del argentino-cubano tenía serios problemas rodeado por dos cercos impenetrables del ejército, comprendimos que había llegado el momento de actuar para darle un balón de oxígeno “.

“ Decidimos levantarnos con un otro foco insurgente, no con la intención de tomar ningún poder; sino, dar batallas contundentes y demoledoras contra el ejército, de modo que los milicos dividan sus fuerzas en dos frentes, debilitando sus dos cercos al cubano-argentino para que este pueda salir en pos de su retaguardia “.

No dijo más. Sin embargo yo sabía que efectivamente allá por los sesenta, se detectó un grupo armado en la sierra alto amazónica del Mosetenes, en los contrafuertes de ceja de selva conocido como : Cuatro Tetillas.

Desgraciadamente y por los imponderables de la política  “ altoperuana “ el campamento cayó en poder del ejército.

Uno de los represaliados en aquél entonces, fue el Comandante del Mosetenes.

Ese hombre idealista puro con una enorme sensibilidad social a toda prueba. El hombre con quién nos sentábamos a la bartola del frio andino en una cárcel clandestina de la dictadura.

Los “ porqués “ y los “ comos “ de la caída de esa insurgencia, es otra historia perdida en los meandros de los levantamientos armados del siglo pasado.

EL REQUIEM DE LOS FIERROS

A la muerte de Tirofijo, la guerrilla ya había cumplido la parte épica de su ciclo histórico.

Los tiempos habían cambiado, la guerra fría terminó y el imperialismo tenía otras guerras lejanas que atender.

La prensa mundial mostraba a los viejos comandantes hipertensos, obesos, con golondrinos en los sobacos, testículos herniados, sabañones en los pies y mucho más mortales que los demás mortales.

La guerrilla ya no corría, caminaba y con dificultades de nonagenario. Y el país mostraba su cansancio de medio siglo de violencia indiscriminada.

Entonces, como todo libreto de tragedia sin límites, estaba escrito que había que firmar La Paz.

Un conflicto armado, como toda guerra deja mucho dolor y muchas víctimas y por lo  mismo La Paz requerirá un esfuerzo de relojería negociadora apelando a todas las artes de la dialéctica sobre la mesa.

Andando el tiempo, ya en el balance frío de la guerra de los 18.980 días, se recordará a Tirofijo como el hombre que transitó por sobre la historia, desde un modesto campesino maderero a comandante indiscutible hasta el día de su muerte.

Spinho   –   Verano  2016

                                      —   o   —

EL RANCHO É LA CAMBICHA

Ocurrió un septiembre u octubre de 1972 ( la memoria ya nos falla).

La dictadura construyó un penal de alta seguridad en el altiplano andino en una zona militarizada por el ejército Tarapacá.

Una prisión que pretendía parecerse a las prisiones de máxima seguridad que se implementaron en la Europa de la guerra fría para los militantes del IRA en Inglaterra, las Brigadas Rojas en Italia, los de ETA en España y los Baader Meinhof en Alemania.

Para este macabro proyecto de la dictadura, se utilizó una vieja casa de hacienda confiscada por la revolución nacional del MNR hasta ese momento usada como escuela rural de niños campesinos.

La vieja casona había que adaptarla para ser penal de máxima seguridad, en esa faena un día de septiembre, el matón de agentes de la carceleta de Viacha conocido con el alias de Lulemán, me escogió junto a otros tres presos jóvenes y nos llevó a pintar las celdas de la futura cárcel de seguridad a punta de carabina percutada.

Al tiempo de obligarnos a trabajar apuntandonos con sus armas nos decía el agente :

-Ahora a pintar subversivos de mierda.

-El día que caigamos, seguro que ustedes tomarán el poder; pero a mi no me van a ver ni el pedo. Y mientras yo los voy a cagar.

Este sujeto y otros de su misma carroña, apareserían en el siglo posterior reciclados en los llamados movimientos sociales.

La casa de hacienda en cuestión, era una construcción antigua, con un patio cuadrado grande rodeado de cuartos en dos pisos. En los de arriba estaban los policías, en los de abajo las celdas de los presos políticos.

Bajo las gradas habían las celdas de castigo e incomunicación, en los canchones de atrás los mingitorios o cagaderos y los cuartos de tortura..

En medio del patio central había una especie de tarima de piedra negra, en cuyo centro se alzaba  portentoso un viejo y centenario roble, grueso, largo y tan antiguo como la ex casona de hacienda del tiempo de la colonia.

De modo que, en los secos prados del entarimado de piedra, donde posiblemente se reunían a tomar el té o los aperitivos los dueños de la propiedad en épocas pasadas, nosotros improvisamos un fogón y colgamos en un trípode una caldera o pava para hervir el agua y cebar el té o el mate.

Esa ocurrencia de matar el tiempo en los días tristes de la cárcel se nos hizo una costumbre de todas las tardes, alguno tocaba la guitarra y a veces cantábamos lánguidas chacareras o conversábamos sobre los planes inciertos para cuando nos tocara la libertad con su varita mágica.

A ese le lugar le pusimos el nombre singular y poético de : Rancho è la Cambicha.

Los que nos juntábamos todas las tardes éramos los llamados “ Intelectuales “ o chicos malos en el argot de los tiras.

En efecto, fuimos los estudiantes, profesores y profesionales. Los demás presos nunca se acercaron al Rancho é la Cambicha.

Un par de veces yo trepé al roble para cortarle una ramas al profe de artes plásticas, quién pintaba marineras cortando la madera en discos.

Ahora bien, lo que no podíamos imaginar; es que los tiras espiaban con suma atención al grupo de tertulianos que nos reuníamos alrededor del fogón todas las tardes.

Estos tomaban nombres, sacaban fotografías, sacaban conclusiones, sospechaban que ese grupo de presos rebeldes, intelectualoides trasnochados, tramaban algo, y ese algo no podía ser ni más ni menos que una fuga.

Esa sospecha fue tomando cuerpo hasta convertirse en una certeza en las mentes enfermas de los agentes y, acabó en una represión interna en el Penal de Alta Seguridad al poco tiempo de dejar yo ese centro de tortura saliendo al exilio.

TESTIMONIO

En febrero de 1973 fui evacuado del Penal de Máxima Seguridad de Chonchocoro al Ministerio del Interior para un último interrogatorio.

Había pasado casi dos años en dos campos de concentración, había sido acusado de ser el autor intelectual de las movilizaciones de estudiantes desde mi celda de confinado en una isla del lago Titicaca.

Con orgullo debo decir que no me rajé en la cárcel, no di nombres de nadie, cargué con todas las acusaciones contra la Federación de Estudiantes.

Envié una carta pública, lo que nadie se atrevió a hacer porque estaban cagados de miedo, a una reunión de estudiantes falangistas en el oriente.

En la carta pública, me reafirmaba en mi condición de máximo dirigente estudiantil elegido en Congreso y, les conminaba a que pidan mi libertad y la de todos los estudiantes presos. Estos -los estudiantes presos- apoyaron mi valiente planteamiento; pero tuvieron miedo de firmarlo, de modo que di la cara solo.

Una vez caída la dictadura, dos sucios delegados revisionistas de Cochabamba y Santa Cruz que nunca fueron perseguidos, menos presos, y cohabitaron con el banzerismo, quisieron ensuciar mi nombre y mi trayectoria mencionando mi carta pública a la dictadura desde la cárcel de Viacha.

Yo les pedí que publiquen la carta, no lo hicieron por cobardes, sucios y por revisionistas militantes quebrados del PCB.

Estos cretinos responden a los nombres de: David Aguilera Peres de Santa Cruz y su secuaz Alejandro Almaraz de Cochabamba.

Como todos los funcionales populistas, estos ( Aguilera-Almaraz ) acabaron de lameculos de la indiada en el siglo posterior.

Yo seguiré denunciando sus nombres hasta mi último aliento de vida.

La dictadura con motivo de su  “ Anmistia de Pacificación “ puso en libertad un grupo de presos, entre ellos los que se decían; peces gordos, y eran altos dirigentes sindicales (FSTMB – S. Cabrera).

Todos se fueron a sus hogares al seno de sus familias.

Yo; Ricardo Cauthin Aramayo, fui el único en salir al exilio.

Este estudiante de 19 años no tenía derecho a la libertad, y como la dictadura temía tenerme en sus mazmorras porque los estudiantes estaban movilizados, me expulsó de su país de mierda, de su reino de pesadumbre, hasta nunca jamás.

Modestia aparte; Si la dictadura me expulsó al exilio, fue porque ; Me Tuvo Miedo.

Andando el tiempo y ya como un sobreviviente de la Operación Cóndor vagando por tierras del exilio en la vieja Europa, me encontré con uno de los presos de Chonchocoro -el doctor-.

Me dijo que a las dos semanas de mi salida, los tiras allanaron las dos celdas de los presos que nos juntábamos en el Rancho é la Cambicha a cebar mate.

Les acusaron de organizar una fuga, sindicaron al prof. de dibujo como cabecilla, le torturaron en los canchones de atrás, y también dijeron que él me hacía trepar al centenario roble para que le pase datos de la altipampa y el dibuje un plano expedito  para la fuga.

Los presos de esas dos celdas fueron bajados al Ministerio del Interior para ser interrogados por el temible capitán Mena.

Así se cierra otro capítulo de la lucha por la democracia en el siglo pasado, entre los presos políticos de un círculo de tertulia llamado: El Rancho é la Cambicha en un Penal de Alta Seguridad del banzerato

Por la memoria de los caidos en la lucha por la democracia y la libertad, estamos obligados a rescatar la Memoria Histórica.

RICARDO RAUL CAUTHIN ARAMAYO-FLOREZ

Porto Goia Otoño de 2016

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