April

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SITUACIONISMO  LIBERTARIO

La memoria es inevitable e innegociable.

“ Yo soy el único responsable de todo, lo bueno y lo malo, que se haya hecho en Francia “. J.M.R.

Molesta ! . . . que molesta ?.

En estos tiempos de intolerancia sociológica de los que se creen poseedores de la verdad universal, de la pureza de la raza, del absolutismo religioso y de la metafísica, les molesta la opinión de libertad, democracia, racionalismo socrático y estética pre-rafaelista.

Nuestra opinión les molesta, a los tibios críticos, a los pacatos opinadores, a los consentidos del poder, a los maulas deliberantes, a los conformistas con las migajas, a los obedientes contertulios, a los fatuos conmilitones, a los complacientes asesores, a los comprados y vendidos amanuenses, en definitiva les molesta, a ese magma esquinero llamado : Populismo

Les molesta de sobremanera, la opinión quizás no erudita; pero valiente y certera de los escribientes en la redes, porque les regurgitan en la cara su repulsa, su rechazo y negación en este tiempo de diletantismo.

En mis épocas de estudiante anarquista, quitábamos a los ricos para darles a los pobres ( toma de la mina de plomo de Huertamayu 1970 ). Ahora hay que quitarles a ellos la maña de las corruptelas para dársela a la ley universal y al derecho.

Así vamos por la vida, y eso también les molesta.

-Pero hoy no es un día como los demás; Los negacionistas, no pasarán por la Sierra, por Moncloa, por A Coruña, por el Jarama, por el Ebro. No pasarán !.

Cinema Pza. A.M. Madrid 1936

EL DIABLO MARCA MIS PASOS

A partir del medio día aciago de aquel septiembre de 1971, a exactamente un año de mi elección como dirigente de la Federación de Estudiantes, fui detenido por fuerzas de seguridad de la dictadura en la casa de mi padre, a la vista de los viandantes de la plazuela colindante a la fábrica de mi progenitor.

A partir de ese acontecimiento sucedáneo en mi vida política, recordado como retazos de un tiempo misterioso, maldito y a veces, solo a veces, heroico. Tuve la premonición que acabaría convirtiendosé en certeza de que : el diablo marcaría mis pasos por todo el tiempo que durase mi travesía del desierto lejos de mi hogar paterno hasta el fin de mis días.

Cuando salí de mi casa rodeado de los agentes a subir a un todo terreno de los cuatro apostados en el frontis, mi hermano tuvo la feliz idea de llamar a las emisoras y avisarles que me acababan de detener.

Los informativos del medio día dieron la noticia con tintes sensacionalistas , ese hecho me salvó la vida en alguna medida. Y fui a dar a un campo de concentración en la selva del Alto Amazonas.

De modo que siempre estuve en el lugar equivocado, el momento equivocado y con los elementos equivocados. Quemando una a una mis siete vidas de gato pardo.

La historia que es inmortal, se empeña en parecerse mortal cuando se cruza con las miserias humanas de los hombres.

Uno de esos momentos de miseria o del cruce del diablo en mi camino, se dió cuando en el campo de concentración de la selva, uno de los amotinados, ese que antes le vi una sola vez en mi vida de hombre libre.

Cuando di una conferencia de prensa en la universidad del oriente en mi calidad de Strio. Gral. de la Confederación de Estudiantes, este se acercó a saludarme diciendo su nombre y su condición de profesor de la facultad de sociología.

La misma persona reciclada en el motín del cautiverio en algo así como el jefe, o el comisario político o simplemente el cabecilla y, conocido ese momento por su alias de El Bigote.

Me pide un “favor personal” en una charla privada. Ese instante vi al hombre asustado, encogido, arrugado, desesperado; no tenía la gallardía que mostraba a sus secuaces.

No le vi la seguridad de sus disquisiciones teóricas de ex catedrático en torno a su tesitura favorita : Juanito presidente (COB), Oscar primer ministro (su jefe partidario).

En el momento en que me pedía un favor personal, tenía un grave problema de inseguridad a su autoridad cada vez más erosionada por la calidad del elemento de aluvión que dirigía.

Andando el tiempo, me confesaría en Santiago de chile que no confiaba en absoluto en ninguno de sus seguidores en aquel momento.

-Si fracasaba -me dijo-, hasta podían haberme matado -.

De modo que el Bigote que me pidió un favor personal en la selva, era un hombre asustado de su colosal osadía, que solo confiaba en las condiciones metereológicas del tiempo para terminar con éxito su aventura.

Parecía una parodia de Cristóbal Colón en el siglo XX, atormentado de que sus hombres se le amotinaran sin darle tiempo de llegar a la tierra prometida.

En el momento de nuestra conversación, el Bigote esperaba desesperadamente que escampen las lluvias amazónicas y monzónicas de noviembre, se produzca visibilidad en el firmamento y llegué el avión fouker con las provisiones para ellos poder capturarlo y huir.

Un otro terror que tenía el Bigote y también era el terror de sus secuaces, era que en algún momento huyera a selva traviesa el cabo Sabino.

Y quién era el cabo Sabino ?. Este era un selvícola nato, un indio sirionó, un sargento asimilado del ejército que cuidaba y vivía en el campamento de la selva en tiempos de paz y de guerra (democracia – dictadura).

Moraba en una cabaña aislada con sus dos mujeres también sirionós, dos perros de presa de mucho cuidado, sus machetes y su inseparable escopeta de caza.

Se sabía que a muchas millas al norte en los afluentes del rio Madidi en las cercanias a la frontera con el Perú, había un puesto militar en un lugar llamado Ixiamas.

La via para llegar ahí era la selva tupida sin sendas, sin señales, sin marcas, solo la marisma salvaje. Èl único hombre que podía transitar sin perderse por esos infiernos verdes en esos tiempos era el cabo Sabino.

Se sabía también que el cabo en caso de marcharse lo dejaría todo en su cabaña, incluso a sus mujeres; pero de ninguna manera se largaría sin su escopeta de caza; porque era su seguro de vida para llegar a su meta y dar el aviso de alarma al ejército.

El cabo Sabino era un indio pacífico que trabajaba para el ejército como celador del campamento, ayudaba a los confinados con la caza mayor a veces, para comer carne fresca. El amotinamiento lo tomó con indiferencia, el problema no era con él.

Lo que no permitió; fue la intención de desarmarle, es decir, que le requisen su escopeta de caza. Se resistió de mala manera, incluso amenazó con la jauría de sus perros.

Tuvieron que convencerle a medias, el Bigote usó su habilidad de persuasión a fondo. a lo que más cedió, fue a entregar ese fierrito singular, esa cagadita simple, esa llavecita de mierda dura que percutaba su escopeta y le convertía en invencible en la selva indomable. Un superman de la manigua malsana y que al mismo tiempo le conseguía proteínas frescas para vivir y refocilarse como un Adán con sus dos Evas. Un Robinson con dos mujeres en un paraiso salvaje que se parecía bastante a cuando Dios creó la naturaleza y a sus primeros habitantes sin pecado y sin pasado.

Algunas tardes de bochorno imposible, al verle vadear el rio con sus dos hembritas  hacia sus chacos o sus cachuelas para retozar desnudos en lo que sería un “tricant” de placer primario.

Yo pensaba : Si alguna vez salgo de esta mierda, yo tambien me perderé en alguna selva virgen con por lo menos una Eva, para revolcarnos desnudos en esos charcos de banano copulando como dos cochinos-. (creo que lo hice).

Volviendo al fatal fierrito, el fierrito de mi mala suerte, fierrito marcado por mi diablito personal, mi sombra fatídica.

Este artefacto clave para percutar y disparar la escopeta se llamaba : MANIVELA. Y se haría famosa como la manivela de la escopeta del sargento.

A partir de ahí, todo tendría un sentido dramático, el antes cabo Sabino también  sería a partir de ese momento el sargento a secas.

LA DECANTACIÓN NATURAL

Los hombres somos decididamente mezquinos cuando está en juego el propio destino y, a veces asumimos actitudes desalmadas frente a situaciones coyunturales y no dudamos en usar el egoismo, la delación, la provocación y la mezquindad más sucia contra el prójimo.

Son las miserias humanas que nos distinguen por un lado a los sentimentalistas nobles, los ingenuos idealistas y los que conservamos esa pasión tan pequeño burguesa heredada desde la cuna: la decencia.

Frente a los otros. Los más listos que el hambre porque vienen del hambre, los que militan porque necesitan salir de las necesidades de su vida de privaciones.

La decantación de las categorías se dió de manera natural y dialéctica, no fue necesario decir: tú aquí, tú allí y tú allá.

De modo que el aglutinamiento de los confinados más allá de la sintaxis de cortesía, nivel de organización o simplemente la de los escrúpulos justos en una situación de emergencia, configuró una estratificación de la siguiente manera :

Primero .- Los políticos-políticos, no había que señalarlos con el dedo. Eran los que tenían representación de organizaciones reconocidas por la entonces “ Todopoderosa Central Obrera COB ”. Y quien justificaba esa condición ?. Pues nada menos y nada más que su Strio. General el prof. Higueras del Barco. En ese momento legendario y único confinado por la dictadura.

De modo que los políticos de verdad cultivamos militancia solidaria en torno a su persona, reconociendole como única autoridad sindical por el tiempo que dure el confinamiento.

Esos políticos-políticos fueron algunos dirigentes medios de los ferroviarios, los panificadores, los maestros, universitarios, los frigoríficos de la COD beniana, el Dr. Pareja de los profesionales intelectuales y este cronista en su condición de dirigente de la Federación y Confederación de Estudiantes.

Un segundo segmento era aquellos que no tenían justificativo conocido ni móviles políticos para su confinamiento, es posible que fueron confinados por equivocación o como buzos. Acataban las reglas de la convivencia y no se metían con nadie.

Tercero .- Estos eran los que se amotinaron para fugar secuestrando el avión que traía las vituallas, actuaban en montonera, sin disciplina alguna, sin jerarquías. El único fin que les unía eran las pachotadas que festejaban entre ellos.

El que parece que tenía alguna preeminencia sobre ellos, era el Bigote, nadie sabría decir porqué.

Todos ellos, por su manera de ser provocadores y prepotentes, eran personas no gratas en el campamento; por lo mismo se echaban al monte todos los días diciendo que salían a cazar. Era un alivio para todos nosotros.

Nunca nos enteramos cómo fue su organigrama para planificar su fuga. Lo que estaba claro es que no pertenecían a ninguna organización seria, menos tenían representación sindical o profesional o estudiantil. Amenazaban a quien decía pertenecer a alguna organización. ( yo fui amenazado por uno de nombre Peres).

En el tiempo que estuvieron confinados nunca les llegó noticia alguna de pariente o persona allegada.

Esto se hizo patente cuando llegó una comisión de la Cruz Roja trayendo notas, cartas y medicinas para todos, o casi todos. Ellos no recibieron nada, estaban olvidados del mundo.

Los de la Cruz Roja se sorprendieron y tuvieron que censarles para tomar contacto con allegados suyos.

Entonces tuvimos la certeza de que a estos no les quedaba más alternativa que fugar de ese campo de concentracion. Porque de producirse la evacuación a la ciudad, estos serían internados en una cárcel.

También nos llamó la atención que entre ellos habían tres hombres de monte, aborígenes amazónicos, duros y peligrosos como sicarios, apenas hablaban el catellano, y fueron utilizados en el trabajo duro. Es decir, dormían de día y hacían la guardia durante toda la noche.

Como los días lluviosos de noviembre no permitían que el avión llegue, al momento de la fuga ya estaban agotados, había contradicciones entre ellos y se amenazaban con meterse bala.

La toma del retén militar no fue un hecho extraordinario ni mucho menos. Los que comandaban eran dos tenientes primerizos, dos mostrencos. La tropa eran reclutas altiplánicos aymaras, nunca habían visto una selva ni mojado sus patas en un rio, estaban comidos por los mosquitos, tenían sarnas por todo el cuerpo como leprosos, además de heridas por no saber manejar el machete, estaba vencidos por la selva.

A esta tropa maltrecha, mostrenca y con la moral por los “curiches” (barro), podía vencerles una columna de boy scouts o un grupo de chicos imberbes adolescentes.

Los soldados estaban tan arruinados que no cazaban ní pescaban, comían su rancho  de quinua y charque podrido por la humedad.

Nosotros, desechábamos el charque y trocábamos carne, pescado, yuca, ajos silvestres, achiote y cebollas con el sargento (cabo Sabino), a cambio le dábamos tarros de leche condensada y medicinas. El médico -Dr. Pareja- les hizo un tratamiento a sus mujeres con hierro, calcio y vitaminas porque tenían una anemia galopante, ellas mejoraron rapidisimo, y él agradecido nos traía carne de capibara o tortuga para la sopa.

Fabricamos un horno para hacer el pan, y cuando había carne la cocinabamos en el acto para conservarla del calor. Una vez él cazó una anta (vaquilla de monte) nos dimos una panzada de carne durante una semana.

Los reclutas al enterarse, vinieron a ofrecerse, sin conocimiento de sus superiores, a lavar las ollas por un plato de comida. No les negamos; después de cada almuerzo o cena, dejábamos los cacharros de la cocina y raciones de comida en una fuente de agua cercana, ellos iban, se zampaban la comida, arrebañaban los restos de las ollas y dejaban todo limpio.

A esa tropa de soldados hambrientos y derrotados, más castigados que los confinados políticos por los rigores de la selva, les tomaron de rehenes los amotinados del Alto Madidi.

El Bigote .- Este era un personaje un tanto istriónico, el único con quien se podía conversar del grupo de los alzados, aunque nunca participó de las tertulias que haciamos. Pensaba que al caer la dictadura, el jefe su partido sería primer ministro, y el ejecutivo de la COB presidente, hasta ahí llegaba todo su planteamiento teórico.

Tambien se decia que en las tomas de lotes privados en el anterior gobierno él había ayudado a los ilegales loteadores y habían algunos de ellos entre los amotinados y, por esa razón le obedecían en ese momento.

Yo le vi solo una vez en una conferencia de prensa (como dije lineas arriba), en el confinamiento, él se me acercó esporadicamente a intercambiar algunas palabras y recibir algún favor.

El hecho fue que en todo el tiempo de mi confinamiemto, mi familia se movilizó para ayudarme, de modo que en cada vuelo del avión de vituallas, me llegaba una caja de encomienda. En poco tiempo tuve: ropa de selva, mosquitero, medicinas, repelentes,

edulcorantes para el agua, sopas maggi para la comida, conservas como corned beef, sardinas, hasta recortes de la prensa. Esta mi reserva la compartía discretamente con quienes consideraba de mi confianza.

-La primera obligación del comunista es comprender la realidad- decía Lenin.

Esa realidad en la selva fue triste, y por lo mismo reprimía la capacidad de análisis, maquillaba las contradicciones con bastante hipocresía para resistir lo irresistible, para mentir y mentirse, para ver condiciones revolucionarias donde no las había. Era el pesimismo vestido de cansancio, miedo y derrotismo. Era lo que vi en las pocas veces que charlé con el Bigote, le pasé algún tarro de frutas al jugo y algo más, hasta cuando me pidió el maldito favor, el favor fatal de la manivela.

De lo que no me dí cuenta fue de que los amotinados estaban vigilando mis vituallas y planificando requisarlas, en todo caso, nunca iba a compartir nada con ellos.

Luego del levantamiento, el Bigote sugirió invitarle al prof. Higueras a fugar con ellos, fue una sorpresa que le ofrezcan fugar a un connotado y serio dirigente sindical.

El prof. Higueras, les agradeció y fue rotundo al negarse : -La dictadura me metió preso -dijo- la dictadura me tiene que devolver mi libertad-.

Una vez decolado el avión con los fugados, los milicos retomaron el control del campamento, al día siguiente otros milicos bombardearon toda la zona y luego la tomaron al asalto. Cambiaron a los carceleros por agentes de civil y el control se hizo super riguroso, había que pedir permiso hasta para ir al monte a cagar.

Andando el tiempo me pregunté si fue necesario que quince irresponsables pongan en riesgo las vidas de más o menos cuarenta presos políticos con su aventura descabellada ?.

Me los imaginé en el avión enfilando rumbo al Perú; eufóricos de felicidad, riendosé de los que nos quedamos más fregados que antes : ja ja ja que bien que le jodiste al estudiante esé, presumido, engreido, ja ja no nos daba nada de sus conservas-.

Pensaban que ya eran héroes, les recibirían como héroes, se alojarian en un hotel magnifico, les harían festejos y en la noche se irían a un “ nayclú “.

La realidad; Estuvieron detenidos en un cuartel, fueron interrogados porque iban armados y esperaron encerrados la buena voluntad de alguién que les ayude.

Porque una vez llegados al Perú y residenciados en Chile, se perdieron en el silencio y el olvido, no fueron héroes, jamás hicieron declaración alguna y la prensa se dió cuenta que eran irrelevantes.

LOS HIJOS DEL ARGONAUTA JASON CAEN SIEMPRE DE PIE

Santiago de Chile febrero del 73, vísperas de los carnavales. Arrivé a un barrio de Pio Nono cerca a plaza Italia. Llevaba equipaje liviano; pero sobre todo llevaba mis credenciales de mi paso por dos campos de concentración, uno en la selva y otro en una isla, mi internamiento en un penal de alta seguridad y una prisión clandestina en  Viacha.

La dictadura me había echado al exilio. Fuí el único expulsado de un grupo de “ peces gordos “ que salieron en libertad. Por qué solo a mí el exilio ? : la dictadura me tuvo miedo !, no había otra explicación.

No fugé en las dos ocasiones que se dieron (Madidi / Coati), pasé por dos interrogatorios, terco en mi coartada de ser unicamente un dirigente de los estudiantes y nada más !. Por lo mismo no tenía que agradecer nada a nadie.

Dí una conferencia de prensa en las oficinas de la Federación Universitaria de Arequipa FUA y enfilé hacia Chile.

Tenía la juventud consumida, la salud precaria y los sentimientos contrariados. El tiempo pasado en las cárceles me daba un aura de sobreviviente con suerte. No era un héroe, de ninguna manera; pero ya tenía historia. A mis 20 años ya era un histórico de la resistencia. Como los hijos de Jason caí de pie.

Al tiempo me enteré de la suerte de los fugados del Madidi, vivían en Chile y eran lo que siempre fueron: irrelevantes. El Bigote y los que pudo reclutar, vivían de la dádiva de su jefe, otros se buscaban la vida de toderos, los aborígenes amazónicos eran peones en la construcción, otro era obrero en una mina, el matón Peres vivía de la ayuda de unas monjas.

Los hijos de Jason siempre caen de pie.

Apenas mi familia se enteró, me llegaron las remesas de dólares con puntualidad, me inscribí en la universidad, me alojé en una residencial estudiantil de lujo. recuperé mi tiempo perdido, ya era otra vez el estudiante “ bacan “ de los tiempos pasados, en la residencial me llamaban : El Isidoro, estudiaba y festejaba en la movida santiaguina. Me integré en el movimiento juvenil defensor del “proceso” y, asumí mis funciones de dirigente estudiantil.

Me encontré con el incombustible prof: Higueras, otro histórico de la dictadura, me invitó a un par de reuniones de la COB en el exilio, estaban los que habían pasado por las cárceles y los que se habían acogido al exilio, todos representando a sus organizaciones.

En algún momento comenté con el prof. Higueras sobre los fugados del Madidi:

-Aquí no vienen -me comentó-. Estas reuniones son de políticos.

Esos estaban como siempre en el anonimato al margen de los grandes aconteceres.

Cuando se organizó un acto patriótico en los salones de la UNCTAD ( 6 de agosto ), hubieron invitados  selectos de las embajadas, personeros de la Unidad Popular, organizaciones de chilenos, latinoamericanos y refugiados de todas partes.

En aquel acontecimiento hubieron tres oradores de la tarde :

El prof Higueras por la COB en el exilio, un dirigente campesino y el joven dirigente estudiantil de la FES-CESB. Tres históricos de la resistencia.

Los fugados del Madidi, no habían ni entre los teloneros.

LA HORA DEL DELATOR

Ha veces la inmortalidad de la historia nos hace cometer errores mortales por ingenuos o simplemente por darnos tiempo para aprender.

Noviembre del 71, semana de todos los santos. En el despelote del campo de concentración del Madidi, el Bigote me solicita una entrevista urgente en un lugar apartado; y me pide un favor increible: UN FAVOR PERSONAL

Me pide que le guarde, o se lo oculte la : manivela de la escopeta del sargento.

Me llevé una de las sorpresas más grandes del camino que empezaba a recorrer, a partír de ese momento me sería muy dificil curarme de espantos.

Por que me pedía ese favor si yo no tenía nada que ver con su aventura ?.

Le ví tan asustado, casi llorando y sin preveer las consecuencias le acepté.

Cogí el fierro y lo deposité en un agujero de un orcón de la cabaña donde vivíamos.

La tarde era caliente, pasaron las lluvias monzónicas y nuevamente atacaba el bochorno húmedo de la selva amazónica.

En el cañadón que hacía de pista de aterrrizaje, vibraban las turbinas del fouker presto a decolar.

Yo estaba en el campamento abriendo mi nueva encomienda que me acababan de entregar. cuando oí que gritaban mi nombre para presentarme en la pista.

Corrí y ví la fragil escalerilla colgando del avión, me volvieron a llamar, me acerqué intrigado a ver que pasaba. Ví a los amotinados asustados y memos.

De pronto, de en medio del grupo salió uno y se encaró conmigo con estas palabras :

-Estudiante ! la manivela de la escopeta del sargento que te hemos dado se la devuelves cuando vuele el avión-.

Increible ! ese sujeto me estaba poniendo en evidencia, me estaba descubriendo delante de todos los milicos que estaban en la pista.

Me estaba delatando del favor personal que le hice al Bigote.

Todos quedamos sorprendidos, los carceleros, yo, hasta el mismo cabo Sabino.

Así, en un rincón del mundo olvidado de Dios, en una manigua carcelaria de la selva amazónica, en la mazmorra más terrible de la dictadura, también se cumplía la profecía bíblica de Judas el Traidor.

Esta vez encarnada en un sujeto torvo. Con quién no tuve trato alguno, al que ignoraba hasta despreciaba. Y él no me entregó nada.

Èl que lo hizo fue el Bigote.

Sus contertulios asintieron lelos, sordomudos a la delación, a veces la naturaleza humana es con frecuencia huérfana de virtudes y llena de maldades, de cretinismo.

Una vez los milicos con todo su poder en el campamento y devuelta la maldita manivela, fui incomunicado en el puesto militar para un interrogatorio y la sospecha de haber sido cómplice de los que acababan de partir.

O simplemente porque los carceleros querían aplacar su furia.

Podía haberme pasado muchas cosas; desde una paliza atroz a una ejecución sumaria.

La pregunta que me harían : “ Porqué no devolviste la manivela al sargento ? “.

Lo verificable es que una vez calmados los ánimos de los presos políticos, se formó una comisión de los más notables. Fue lo que quizás me salvó la vida.

Fueron el prof. Higueras, el Dr. Pareja y el ciudadano español don Jacinto Bermudez  Torrecilla. estos distinguidos señores parlamentaron con los tenientes y les convencieron que yo no tenía nada que ver con los fugados y, que mi desliz de juventud, fue en realidad un favor personal a uno de ellos.

Después me enteré que dijeron algo como : “ Tenientes, felizmente este triste episodio se cerró sin víctimas que lamentar. No se manchen las manos con sangre inocente, están empezando sus carreras. Suelten al estudiante, él no tiene nada que ver “.

MÁS ALLÁ

Una vez superado el tiempo, la historia y el silencio, vemos la perspectiva más allá.

Más allá de las verguenzas deformadas, de la mentada ideología del proletariado, del poder obrero, del centralismo democrático, del obrerismo cerril, del culto a la personalidad, del seguidismo orgánico y otras pamplinas.

Más allá de las batallitas decisivas, de la alianza de clases, de los procesos democráticos, de las coyunturas ocasionales y tanta mierda acumulada.

Más allá nos encontramos con la AUTOCRÍTICA moralmente necesaria, aunque fisicamente incongruente. Sin embargo, debo ajustar el accionar de mi pluma al descargo de mi conciencia y el testimonio para la historia.

Más allá del desván de los recuerdos de la memoria y los amores contrariados y los ajustes de cuentas y las infamias estalinistas.

Hay una historia que es al mismo tiempo memoria y nos habla de libertad y consecuencia con los ideales que dimanan de esa misma libertad, nada más.

Hay dos tipos de militantes : Los que militan para saciar su hambre y son más listos que el hambre.

Y los que militan por el mero hecho de hacerlo, por placer, y su único compromiso es con la libertad; son los libertarios.

Una vez pasado el tiempo y corrida mucha agua bajo los puentes, le pregunté a Bigote el porqué de su infamia en la selva, lo hice sin ningún ánimo de ajuste de cuentas, solo por curiosidad :

-En ese momento -me dijo- no confiaba en nadie, solo confié en ti-.

Bigote estaba en desgracia, se había vuelto un libre pensador y se alejó de su antes jefe.

También tuve el mismo morbo curioso tan pequeño burgués en mi, y pregunté al delator sobre el motivo de su delación en el campo de concentración de la selva :

-Te delaté porque no me dabas de comer de tus encomiendas-. Vomitó. ? ? ?.

Non Comments !.

HISTÓRICOS

Que siempre has hecho . . . chico !.

Volví a la prisión Central después de casi dos años.  A pesar de mi edad ya era un veterano, un fogueado. Había pasado por dos campos de concentración, una carceleta clandestina y un penal de alta seguridad. Tenía trayectoria e historia

La dictadura había hecho pública una lista de anmistiados con la libertad en la que yo no figuraba, de todas maneras los de la Central estaban seguros que iría a parar a Chile.

Entonces y para sorpresa mía, me buscaron los responsables de algunos regionales que habían caido presos en los meses anteriores y, con todo respeto me dieron su “ informe orgánico “.

Yo les dije que no era el indicado para oirles, “ ellos” insistieron de todas maneras; porque mi estancia en la cárcel me autorizaba y además porque elevaria ese informe a otras  instancias en el exilio.

También me buscaron militantes de otros partidos con el mismo objetivo.

A todos oi con el máximo respeto.

LOS EXILIOS

LA PAZ

Una mañana de frio andino fui conducido a las dependencias del Ministerio del Interior, ahí estaban todos los beneficiados con la anmistia , con la libertad.

Estaban contentos, hacían planes para su futuro de hombres libres; verían a sus hijos, comerían su plato favorito y dormirían con sus mujeres.

El más contento era el dirigente de la todopoderosa Federación de Mineros Sinforoso Cabrera, al verme sentado en un rincón sin participar del jolgorio, me preguntó :

-Y tu compañero, no estás contento ?.

-No compañero- le respondí-. Yo no salgo en libertad, salgo al exilio, a Yunguyo.

Èl se quedó perplejo, me auscultó con la mirada y dijo :

-Pero que siempre has hecho . . .  chico !.

SANTIAGO DE CHILE

En noviembre del 73, avisan por los altavoces que un grupo de prisioneros de guerra del estádium de fútbol de Santiago de Chile saldrán al exilio europeo.

Los que salíamos nos reunimos con el hombre que dirigía el Comando Clandestino de Seguridad en el estadium, un hombre valiente, seguro de sí mismo, con el carisma necesario y los escrúpulos  justos para esos momentos de emergencia. Quien iba a ser; sino el prof. Higueras. Al darnos el abrazo de despedida le dije :

-Hasta cuando será profesor ?.

-No te preocupes estudiante (dijo mi nombre). No te preocupes, a partir de ahora ya somos dos históricos !.

Así una vez más cruzando el tiempo, la historia, las distancias y el mar, a miles de kilómetros, nos recordaremos desde que habíamos estado militando en las luchas sindicales en las ciudades, compartido un campo de concentración en los Andes y  otro a orillas del Mapocho. Siempre un estudiante con su profesor.

Yo empecé mi exilio político de varias décadas, al prof. Higueras ya no le vería nunca   más.

“Yo soy el único responsable de todo, lo bueno y lo malo, que se haya hecho en Francia”. Jesús Monzón Reparaz.

Un hombre de la resistencia, la que tomaría París. La que cruzaría los Pirineos. Un hombre fácil de amar difícil de olvidar. Toulouse 1934.

Spinho  Abril – 2016

RICARDO RAUL CAUTHIN ARAMAYO-FLOREZ

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