F E B R U A R Y

A P A T R I D I A      E V O C A T I V A

EL     DIÁLOGO    PENDIENTE . . . . . con mi padre.

“ Yo mismo soy el instrumento de fuerzas poderosas que nacen y mueren en mí “.
Amadeo Modigliani. Judio sefardita 1884

Llegado es el momento de saldar mis deudas, enterrar a mis muertos y sentarme en la soledad al ralenti esperando el desenlace de la vida.
El 25 de diciembre de 2014, en el instante de la eucaristia en la Misa del Gallo de la parroquia de San Ildefonso en la ciudad de Porto-Goia.

Cumplí 62 años.

De los cuales 42 los estoy viviendo en la apatridia del exilio, en el enigma en que se volvió mi vida, a salto de mata, merodeando por las fronteras de Europa, como el hombre de Graham Greene, viajando siempre con el billete del retorno al país en el que estoy obligado a purgar el drama de mi exilio político. O como en la travesía del desierto de las huestes de Moisés.
Buscando playas solitarias para el encuentro definitivo con Caronte.

Porque después de 42 años de vivir como huésped en territorios prestados llegué al covencimiento de que, desgraciadamente no se puede elegir el lugar donde nacer.
Y, si en un hipotético caso mi padre me hubiera preguntado : donde quería nacer ?.
Segurisimo estoy, no le hubiera pedido nacer en París o Nueva York, menos en Belén al nacer un 25 de diciembre.

Muy pragmaticamente le hubiera dicho : Papá hubiera querido nacer en Haití !. Si Haití, lejos de esos nevados de cóndores.
Convencido al fín de que después de dos exilios forzados por los dictadores, nací en un país equivocado.

Que de mis siete vidas; Seis y media las gasté en las jornadas de la libertad. Vale decir que salí con vida de : Tres Campos de Concentración. Un Penál de Alta Seguridad. La delación de un provocador en el Alto Amazonas (Madidi). Las redadas de las bandas facistas de los narcomilitares. Y, la encerrona (ver charada) de los macromegálicos y su célula de beodos cumpliendo órdenes de los putchistas holandeses.

Son mis vidas gastadas como los chances del destino, o tal vez la demasiada suerte en el juego del tarot de mi anarquismo estudiantil libertario.

Entonces, la mitad de vida que me queda la utilizaré para exorcisar los fantasmas de mi pasado.

Así qué, llegado es el momento de dialogar con mi padre, con el ÁNIMA de mi padre.

Sin pretender desvariar como hizo Hamlet en la soledad gótica de su castillo danés de Jutlandia.

Debo cumplir el trámite póstumo que no pudo ser estando ÈL en vida.
Murió, me lo contaron, después de una larga convalescencia, delirando, ya más al otro de la vida de los muertos que de esta.
Pidiendo en su agonía, con insistencia de viáticos de última hora para el viaje a su purgatorio : la presencia de su primogénito y sus dos nietos para darles su última bendición.

Pedido imposible de cumplir. Los tres nos encontrábamos al otro lado del mar morando en la diáspora del exilio.
Tambien clamaba, me dijeron -el iluso de mi padre- continuar con el juicio al dictador, ese que me alejó de su lado y, le hizo sufrir al saberme castigado en las cárceles del régimen.
Hechos estos que bien aprovecharon mis medios hermanos y mi madrastra para culparme de su último calvario, hacerle firmar papeles, desheredarme de lo que por ley me correspondia y, borrarme del arbol genealógico de la familia.

Pués bien, padre mio. Aquí estoy con mis 62 años, ya tengo historia para contarla, aunque en esta lujuria paranoica en que se convirtió este siglo de los fanatismos, dudo que alguien quiera oirla, salvo tú y tus biznietos.

Cada noche en mi duermevela, hago el inventario de mi pasado mirando como envejecen mis manos. Y, cuanto me pesa no haber hablado más contigo, no haberte oido, no haber escuchado tus consejos, no haberte hecho caso.

La última vez que nos vimos, antes del golpe militar, fué en Santa Cruz de la Sierra. Yo fuí por un par de dias con un trámite de la Confederación de Estudiantes y, dimos una conferencia de prensa en el Centro de Derecho de la Universidad Gabriel René Moreno.

Se me ocurrió llamar por teléfono a tu hotel, y tú estabas ahí, haciendo tus negocios como siempre, trabajando sin pausa para mantener a tu generosa prole.
Quedamos en vernos para cenar en el bar-restorant El Caballito, tu lugar preferido.

Nos encontramos puntualmente, me miraste severamente y no aprobaste mi nueva indumentaria, yo llevaba entre otras prendas : la boina negra que fué tuya y la usabas para viajar llevando los productos de tu fábrica.

-Me é enterado por la prensa -me dijiste- que estabas por aquí.
Luego añadiste con una preocupación en tu mirada y con esa certeza silvestre que te enseñó la vida.
-Debes tener cuidado, la situación política esta muy mal y puede ser peor. No andes con esa boina -me reconveniste-.

Yo estaba eufórico, me creía importante y pensaba que estaba haciendo cosas importantes en un momento no menos importante en ese país. Que ingenuidad la mia.

Tú en cambio, tenías el presentimiento de algo fatal.
La vida te había avispado desde cuando quedaste huérfano como niño de la guerra.
Tú padre -el abuelo Esmeraldo- a pesar de haber sido de ascendencia chilena, había entrado a combatir en la guerra del Chaco embuido de auténtico patriotismo, aportando sus dos camiones, que los reciclaron en cisternas para transportar agua a las tropas que peleaban en primera linea en esos desiertos de carahuatales del infierno verde.

El abuelo salió de la guerra enfermo -en estado terminal- me dijiste en algún momento.
Con un solo camión descoyuntado, ambos apenas se mantenían rengueando en la senda del retorno a casa.
Al poco tiempo murió el abuelo, dejando todo el patrimonio en manos del tio Gualberto.
El abuelo Esmeraldo, entregó sus bienes y su vida en la defensa del Chaco, en la defensa del petroleo y como le pagaron, quitándole su Estancia -La Querenciana- y las plantaciones de gramineas de quenopodiáceas, las que las ganó con su trabajo honrado.

Así es papá, en este momento de encinseramiento con tu ánima, debo recordar todo lo que me narraste en los breves momentos de charla que tuvimos en casa y que no fueron muchos.
El tio Gualberto hizo todo lo posible por preservar la herencia familiar que nos habían legado los pioneros de la familia : Los Temucanos. Esos dos hermanos que llegaron del sur de Chile a labrar fortuna.

Más tio Gualberto, no pudo preservar la Estancia; porque en la hora nona de la historia y con la hojarasca de la revolución del 52, la masa arrebatada y hebria, había asaltado La Querenciana, capitaneados por el Huaytia se habían repartido todas las tierras productoras de gramineas, convirtiendolas en microfundios y con el tiempo en eriales desérticos.
-Lo único que pudo salvar el tio- me decias : fue la casona de la plaza, la escuelita rural y la iglesia de la Estancia.

La Estancia : LA QUERENCIANA ya era historia de epopeyas para contarlas a las generaciones de descendientes que se dispersarían por Europa y Estados Unidos.

Esa misma iglesia en litigio por las comunidades indígenas enfrentadas por la festividad de la Virgen y, la que tú fuiste a dilucidar, dando una solución salomónica como un último homenaje a aquellos dos hermanos temucanos que llegaron a principios del siglo pasado desde las tierras de Lautaro a labrar la fortuna.

Frente al hostigamiento del régimen del MNR a tu familia, tú y el tio Gualberto, invirtieron sus capitales sobrantes en la empresa privada, reconvirtiendosé en prósperos industriales.
Llevo en el recuerdo de mi lejana infancia, como te empeñaste en fabricar desde jabones, espejos, maletas, catres hasta bicicletas.
Todo lo que ese país subdesarrollado y atrasado compraba del extranjero.

Siempre estuviste compitiendo con el corrupto e ilegal contrabando permitido por todos los gobiernos de turno.

Tú voluntad, tu decensia de nunca pedirle trabajo al gobierno. Ser autónomo independiente en tu empresa.
Siempre con tu lema : “comprémosle al país, consumamos el producto nacional”.

Al narrar estas historias tuyas a tu nieto, mi hijo Jr. él me comentaba con la pureza de su infancia y el gran cariño que sitió por tí :
“El abuelito fué un patriota de verdad. Él quería a su país”.

Así padre, en aquella velada “juliana” en el Caballito, a solo semanas del golpe de estado que duraría la friolera de siete años y, me devoraría en los meandros de su violencia separandome de la familia por décadas de odios y amores contrariados.
Recordamos más del pasado, cuando a los cafés regados con cognac me contaste :

-Los arrenderos de lo que fué La Querenciana siguen trayéndonos quintales de gramineas como ofrenda de pago por la Estancia-. Había una añoranza lejana en tus palabras.

-Seguimos comiendo -me dijiste- la comida que nos dejaron tus abuelos.

Jodér ! esa revelación tuya me emocionó hasta las lágrimas, tú tambien te contagiaste de mi sentimentalismo, tus ojos se humedecieron y nos fundimos en un abrazo que posiblemente alegraría a los dos temucanos llegados de Lautaro a poner la piedra fundacional de la Estancia : La Querenciana.

Luego me contaste sobre tus planes de viajar a las acerias de Campo Grande en el Brasil, debías comprar planchas de acero, tú fábrica de metal mecánica pasaba por un buen momento y preveías una mejor coyuntura en tus negocios.

Padre !, en todos estos últimos años de mi ajuste de cuentas privado, voy cimentando la certidumbre de que fuiste un verdadero “lince” para los negocios, y más me duele no haberte hecho caso. No haber acabado el curso de inglés en el instituto, y después de egresar en humanidades, no haber seguido la carrera de administración de empresas en los Estados Unidos, para hacerme cargo de la empresa familiar como era tú deceo.
Hice todo lo contrario, me metí en la política estudiantil, y en esa vorágine comprometí a la familia y tus bienes.

Porque después del golpe de estado, fué el desmadre del salvece quién pueda. Y yo llegué esa mañana de agosto a la casa a cambiarme de ropa y comer.
Tú no estabas y fué lo mejor, conociéndote como te conozco, te hubieras encorajinado con mi detención y hasta hubieras puesto en peligro tu vida misma.

El hecho es que la casa estaba bajo vigilancia de los agentes de la Prefectura.
Uno de ellos golpeó la puerta preguntando por mí y, de inmediato la casa se llenó de agentes mostrando un papel de la Prefectura, se metieron adentro amenazando hasta mi dormitorio, la mala suerte hizo que vieran bajo mi almohada el viejo revolver que me dió el gringo Zambrana en Laicacota.

Fué el motivo para que registraran toda la propiedad en busca de armas y, lo peor fué que destrozaron los implementos de la fábrica que estaba detrás de nuestra vivienda.
Su intención además de detenerme, era hacer el mayor daño posible inhabilitando las herramientas de producción de tu empresa.
Lo consiguieron, así como el susto y la furia de tu mujer, mi madrastra.

Fuí sacado de la casa al medio día, en la plazuela había feria y toda la gente comentó, algunos buenos vecinos acusaron a los agentes con voces de : cobardes, asesinos, suelten a ese joven.

La noticia de mi detención corrió como un reguero de polvora en los informativos del medio día. Todos los liceos del turno de la tarde salieron a las calles pidiendo mi libertad, incluso intentaron asaltar la Prefectura. La conmoción estudiantil fué general porque censillamente en mi corta pero intensa gestión a la cabeza de la Federación de Estudiantes, había dado la talla con absoluta eficacia y honradez. Siempre tuve en mi mente tu consejo : Si te hás metido en esa Federación, que te acusen de todo, menos de que te hás metido un dinero en tu bolsillo-. Así actué y fué un hecho inédito hasta entonces. (ver hemerotecas de la época).

El Prefecto un General facista conocido como el mulo Mendieta y que me la tenía jurada, me envió a La Paz en un vuelo expreso del LAB.
Tú te enteraste por una llamada de emergencia de tu mujer, mi madrastra, que despotricaba contra los tiras y contra mí por todo lo acurrido (madrastra al fin).

Estoy seguro que te apenaste; porque tenías la intuición de que mi detención era solo cuestión de tiempo a partir del golpe de estado.
En los noticieros de la noche, el Prefecto Mendieta, mostró por la televisión todo un arsenal desde dos carabinas, el viejo revolver, tacos de dinamita, material impreso, palos, hasta tirachinas (hondas). Diciendo que era lo requisado en el domicilio del “peligroso dirigente de la FES”.

Andando el tiempo, me contaste, que viendo todo ese “arsenal” por la televisión en Santa Cruz te preguntaste :

-Como carajos tenía este todas esas cosas bajo mi propio techo y sin que yo me entere ?.
Felizmente ! este extremo te fué desmentido por tú mujer, quién te aseguró que lo único que encontranron fué el viejo revolver, nada más.
No solo sentiste alivio; sino, tuviste la plena seguridad de que tu hijo promogénito no te mintió, no falto el respeto a tu hogar, no hizo nada reñido contra la respetabilidad de la familia.
Estuviste seguro que tu hijo fué un estudiante lúcido e idealista, un tanto anárquico y rebelde como solías decir.
Y más bien fué la obra genuina de tu casa, un hogar liberal e ilustrado.
Fué el producto de la época, la contracultura de los 60-70, el surgir del hippismo contestatario y ácrata.

Así és, fuí unos de esos jóvenes que buscaban ante todo la autenticidad, hartos de vivir en sociedades controladas por dictadores en un lado y en el opuesto, partidillos que se decían revolucionarios, y solo eran seguidistas de su primer secretario y el culto al estalinismo.

Nosotros en cambio, hijos de clase media acomodada, deseábamos alejarnos del consumo básico que teniamos asegurado en casa. Inspirados como estábamos en Bakunín, Kropotkín, la Columna Durruti, los “Robin Hood” catalanes : el Facerias y el Sabatér; pero sobre toda concideración : Las Barricadas del Mayo Parisino.

Eran lo auténtico de la época, era decir : All you need love. Era gritar en los boulevares : -Yo tambien soy alemán-, en apoyo al líder estudiantil Daniel Convendith.
Si fuimos cuatro gatos ácratas, esa cualidad garantizaba la calidad de nuestra aventura libertaria.

Adquirí notoriedad y actualidad en la vida pública estudiantil, casi como habías sido tú en tus años mozos, cuando te enfrentaste con los abusos del MNR junto a otros distinguidos ciudadanos de tu generación.

Sabías que llevaba en la sangre herencias de políticos consumados como aquel abuelo materno Embajador ante el Reino Unido después de la guerra del Pacífico, u otro tio abuelo fundador del partido Liberal, o el diputado en el Parlamento republicano en la posguerra del Chaco.

En definitiva padre se expresaba el mito familiar, y tú lo sabías. Era algo que se debía conservar como la tradición heredada de los antepasados.

Tambien recuerdo papá, que en la amena sobremesa en el Caballito y después de despacharnos unos contundentes pacumutos con yuca frita, y mientras tú te regalabas con tu “whisquito” preferido con hielo.

Yo te noté una profunfa preocupación por la convulsión en la que se vivian esos dias, eran épocas de movilización juvenil en casi todo el mundo occidental.
Pero, lo que más te preocupaba eran esas “compañias” con las que andaba en mis afanes estudiantiles.

-Esos con los que andas metido -me previniste-. No me causan una buena impresión.

Y concluiste con una premonición que el tiempo te daría la razón :
-Ojalá no te causen problemas y te dejen en la estacada fregado.
-Tus otros amigos -añadiste- eran gente decente, de buenas familias, yo conocí a sus padres, hicieron muy bien en irse al extranjero- concluiste.
Yo lo sabía, te referias a los del ateneo estudiantil ácrata BANCADA.

Cuanta razón tuviste padre mio, andando el tiempo me dí cuenta que cometí el peor desacierto en mi trayectoria estudiantil libertaria, un craso error.
Esos resultaron siendo un grupo en función de su jefe, uno que en Chile le decían Patoro.

Tuve una ágria discusión con este sujeto en Santiago de Chile cuando me entregó una carta de mi madre abierta. Violó mi correspondencia y me entregó los dolares que traia la carta cambiados en escudos chilenos.
A partir de ahí rompí toda relación con ese interfecto. Y, haciendo huso de ese mi dinero, me instalé en una residencial estudiantil “bacán “ del centro de Santiago.

Por desgracia no fué el único, uno de sus amigos, recogió un otro giro de un par de miles de dolares que me envió tia Ninfa, tu hermana, después del golpe de Pinochet para comprarme un pasaje de salida de Chile a cualquier lugar lejos de la represión.
Este tipo, recogió ese dinero de la Cruz Roja diciendo que era mi amigo y me lo haría llegar. Yo ya estaba detenido en el estadium de fútbol de Santiago.
Nunca más vi la remesa que Uds. me enviaron para salvar mi vida.
Tiempo después me encontré con este y me hizo el cuento del tio.

-Tus dolares los husamos para entrar a la lucha -dijo-. El partido te va a devolver.
Hoy, 42 años después sigo esperando que su partido me devuelva.
Ese mismo partido que nunca pidió explicaciones al provocador que me delató en la selva.

Padre, ahora que definitivamente estoy parlamentando con tú ánima, como en la vieja saga de Saxo Grammáticus en sus relatos de la Gesta Donarum :
Hamlet, tránsido de dolor por la desaparición de su padre, se pierde en sus coloquios bajo los capiteles dóricos de Slotskirken.

Es que me viene a la mente la vez que nos vimos, cuando yo era un joven pos adolescente sano, con esperanzas, sueños y creía en el amor, en esa víspera de la primavera cochala de 1965.
Porque él que encontraste después del primer exilio el 78 era otro, era un adulto prematuro, un hombre castigado por los rigores de las dictaduras y, ya pervertido por las hieles y las mieles del exilio europeo, en cierto modo, un hombre mundano y pecador.

Ya nunca más tendriamos la conversación entre un padre responsable y aquel muchacho imberbe a quien tú propusiste con toda generosidad .
-Yá déjate de pamplinas -me dijiste-, ponte a estudiar en serio. Tú estudias y yo trabajo, que te parece ?.
Yo tenia que tomar la decisión de mi vida : estudiar o trabajar contigo en tú fábrica.
Al verme dudar, afianzaste tu proposición argumentando.
-Si mi padre hubiera vivido y propuesto como yo te estoy diciendo. Yo hubiera estudiado toda mi vida !.

Acepté tu palabra y me puse a estudiar con aplicación, fuí el abanderado por mis mejores notas. Y me diste una juventud regalada, me compraste una motocicleta, nos regalaste un jeep cuando mis hermanos se hicieron adolescentes, buena ropa y la generosa mesada en el bolsillo -para que no anden mangueando- decias.
No puedo quejarme, fueron lujos que hoy pueden parecer trivialidades. pero en la década de los sesenta no cualquiera los tenía. Y, yo los tuve. Gracias papá !.

Todo podía haber ido bien si no se cruzaba el diablo en mi camino, esta vez en forma de una montonera.

Uno de ellos intentó volar con dinamita el Instituto de Inglés con todo el personal dentro, otro asaltó a medio día un parvulario de infantes, amen de tomas ilegales y guarrerías.

Yo, lo que hice más bien, fue implementar una oficina-sede de la Federación estudiantil moderna, como nunca hubo en ese país de pesadumbre.

Tambien viví momentos de henorme alegria, te los tengo que contar padre :
Organicé convivencias, festivales y ceremonias juveniles. A las simpáticas delegadas las invitaba a tomar “once” en el salón de té El Horno, con los delegados selectos haciamos la tertulia en el café Crillón y con los de más confianza nos bebiamos unos “shops” de cerveza en el bar Europa, el Apolo o el Prado.
La juventud estudiosa participó como nunca en todas las actividades culturales y cívicas de la ciudad y las provincias, aun se puede leer en los periódicos de la época.

En una labor mancomunada con el Director Distrital, logré traer desde la sede de gobierno varios laboratorios didácticos de la empresa española Camer Enosa y entregarlos a los distintos colegios.
Tiempo después me enteré que esos laboratorios fueron destruidos a pedradas por elementos violentos, que pena por la molestia, el tiempo que me tomé y por la ciencia.

Tambien en mi gestión se produjeron algaradas callejeras porque sí y porque nó, estudiantes al fín, y me tuve que poner al frente como era mi deber.

Recuerdo que una tarde de tantas, las alumnas de un liceo bloquearon la avenida hacia Quillacollo, los choferes empezaron a agredir a puño limpio a las chavalas. Me avisaron y fuí en el acto al lugar de los hechos, como ningun taxista se atrevía a llevarme, se ofrecieron los chavales de Bancada en sus motocicletas. Me encaré con los camioneros torvos y matones, ya una vez solo frente a ellos cinseramente me acojoné, solo se me ocurrió decirles :
-No peguéis a las chicas, yo soy el dirigente de la FES, pegadmé a mí-.
Por suerte no estuve solo, me acompañaban los miembros de Bancada bastante dispuestos a la pelea, finalmente se calmaron los ánimos y dialogamos.

En mi gestión hubo de todo : lo bueno, lo malo y lo feo.
Pero tú padre nunca me cuestionaste que dedicara casi todo mi tiempo a esa actividad, en cierto modo me apoyaste, incluso contra los reclamos de tu mujer que siempre andaba fregando, hasta que se dió el golpe.
Después del golpe de estado, cargué con todas las culpas, me acusó el régimen de todo lo hecho y lo por hacer.

En los interrogatorios no dejaron de preguntarme por todos aquellos que pasaron por nuestra sede y, sobre todo me preguntaban por los sospechosos del atentado al Instituto de Inglés y al parvulario de la calle Baptista.

Cuando retorné del primer exilio, estos cantamañanas me buscaron y me pidieron cuentas en la sede de los fabriles espoleados por David Aguilera, uno de la CES que huyó al primer tiro, me acusaron de haber escrito una carta desde la carcel.
Evidente, acusé al régimen desde la carcel mediante una carta pública, lo que nadie se atrevió a hacer. Pedí que la publiquen, que lo ivan a hacer.

Ninguno me preguntó por mi salud y que me habían hecho en todo el tiempo pasado en las cárceles facistas. Cuanto me arrepentí de haberme reunido con esos . . . . !.

Luego me encontré con Carlos Saldías, el primer vocero de BANCADA, que alegría !, juntos firmamos el primer pronunciamiento público del ateneo ácrata en la primavera de 1970, (los fundadores del frente ya se habían ido al extranjero) Saldías se había vuelto un tanto místico y dirigia un centro cutural juvenil, me invitó a dar una charla sobre mi experiencia carcelaria, al final y muy emocionado, pidió un aplauso y una oración por mí y dijo que yo era : Un martir de la democracia en ese país.
Fué el único que se acordó de todos aquellos quienes fuimos jóvenes idealistas libertarios al extremo, en un país un paisaje y un paisanaje equivocados.

Luego nuestra relación papá, fué distinta, yo hice familia en Europa y traté de trasplantarme en una sociedad distinta a la que habia dejado, ademas de muy atrasada, pero siempre conté con tu apoyo, incluso cuando aquella intentó chantajearme con las postales que le envié de mi periplo europeo, te rascaste el bolsillo y le pusiste en evidencia, recuerdo tus palabras :

-Hijo, dedicate a tus cosas con responsabilidad junto a tu mujer y mis nietos, de esto no te preocupes, yo voy a dar la cara-.
Yo estaba en la lista de candidatos para el parlamento con buen margen de seguridad.

Tambien hicimos algunos negocios con los productos de tú fábrica de metal mecánica, tú estabas “chocho” con tus dos nietos, hasta tu mujer quedó encantada con los niños.
Sentiste que ellos eran la prolongación de la estirpe de aquellos temucanos de las tierras de Lautaro. Eran la legendaria abuela conocida como La Meiga. El abuelo Esmeraldo, el tio abuelo Gualberto, todos ya finados y cronicados en los recuerdos de familia.

Más, escrito estaba que yo y mis hijos, ya de ninguna manera podriamos quedarnos en ese país. Mis hijos habían nacido y criado en Europa, estaban acostumbrados a esa sociedad. Yo era un “transterrado”, un inadaptado a esa triste realidad fallida, donde ya nada tenía que hacer.

Mi última experiencia con los desocupados de la calle López confirmó esta certeza.
Por esas casualidades envenenadas de la vida me topé con estos ahí en la esquina parados, esperando que alguien pase y les invite una cerveza.

Les conversé, les organisé, les enseñé los rudimentos de la política y les introduje en la patota que los “holandeses” llamaban regional.
Igual invité diez, veinte cervezas y, las que hicieron falta, se pedía y se bebía.

En la práctica, les mostré como se hegemonizaba una política de frentes siendo minoria cualificada en la : Alianza de Juventudes (FRI-PDC-MNR).

Reorganisé a viejos cuadros olvidados y, husando el centralismo democrático tán mentado por los “holandeses” les vencí en toda la regla.
Gané el regional con una contundente victoria que dejó sorprendidos a los mismos
putchistas y sus amigotes los empleaditos de la Universidad.
Hecho este que le produjo un ataque de bilis a su amado 1er. strio.

Una vez lograda mi victoria no me aproveché de ella, estaba cumplida mi tarea de verlos derrotados con métodos limpios y democráticos, así que dí la media vuelta y me fuí.

Los de la calle López algo aprendieron, consiguieron puestos de trabajo que es lo que querian, llegaron a ser dirigentes medios en sus sindicatos, quizás se realizaron, más tampoco podían. Los hombres de sociedades simples tienen las alas cortas, sus metas no son de perspectivas universales.
En todo caso, nunca, nunca agradecieron a quién les sacó de la esquina López y les enseñó las artes de la política y el manejo de las prioridades en determinada coyuntura.
Algunos hasta se volvieron provocadores aliandose con mis antiguos enemigos los obreristas.

En fin padre mio, esa es la síntesis de mi periplo por un país donde siempre fuí un corredor de fondo. Donde me inspiré en lecturas estivales sobre Voltiere, Roouseau, Helvétios y Boulanger, lecturas que me convirtieron en un libre pensador ácrata.

Esto te cuento en el diálogo pendiente que tenía contigo. Tenía que decirte que las dictaduras -TRES- me pusieron en la disyuntiva : o la carcel o el exilio.
Salí al exilio. La primera vez toqué las puertas de Chile y, no paré hasta llegar a Temuco buscando las huellas de los legendarios abuelos emigrados en el siglo pasado.

Las otras dos veces, me invitó el Reino de Suecia, repito : me invitó. Y, no porque fuera un personaje de nada; sino. uno de aquellos perseguidos políticos que los suecos progresistas con toda justicia llamaban : FRIHETENS KÄMPE : Luchadores por la Libertad.

Por lo mismo no pude estar en el momento de tu fallecimiento, no pude llorarte, decirte una oración y pedirte perdón por no haberte comprendido y no haber hablado más contigo.

De tu generosa prole de siete hijos y algún otro por ahí perdido. Yo fuí el que más conoció de tu vida, de tus victorias y derrotas.
Quizás mi mayor error fué el no haber impedido que la familia se disgregue. El no tenerla unida como hicieron tú y los anteriores patriarcas.

Padre, a partir de tu fallecimiento, todos partieron con rumbos distintos.
Malvendieron todo el patrimonio familiar y se fueron lejos, lo más lejos posible de ese país.
Pensando en mis duermevelas del ajuste de cuentas de mi pasado, creo cinseramente que fué lo mejor para todos.

Padre !, de mis pasadas aventuras libertarias, mi lucha por la libertad y los ideales repúblicanos son los únicos valores rescatables, son los valores heredados de nuestra familia.
Son los únicos bienes gananciales dignos de cronicar en mi vida privada.

Lo demás, fué y es pura deyección de la historia y, por lo mismo, totalmente irrelevante.

Padre, además creo tambien, que todavía me quedan algunas cosas que decirte.
Haciendo memoria en la soledad del exilio, seguiré dialogando con tú ánima, con tú espiritu, con la energia genética que me legaste. Y, posiblemente te busque otra vez con la misma tenacidad compulsiva con la que buscaba Hamlet a su padre en los claroscuros tétricos de su castillo gótico de Jutlandia.

O tal vez como en las disquiciones teóricas del Dr. Frederich Strausse -El Afrancesado-, Conde de Altona en la Europa del siglo XVIII, e inspirador del Rey danés Cristian VII con sus tesis en su diario : Monatsschrift Zum Nutzen.
En las tertulias de los ilustrados en la finca Aschebergs de la comarca de Holsten.

Nombro a este distinguido intelectual de la ilustración en el siglo XVIII, por que hoy hay un retroceso de los valores en este siglo de las intolerancias, los fanatismos y el terrorismo.

Est – il bom tous les rois ne peuvent l´ecraser !”.
“les livres ont tout fait”. Voltiere

R. Cais Ribeiro do Porto-Goia
Invierno 2015

RICARDO RAUL CAUTHIN ARAMAYO-FLOREZ

 

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