November

A P A T R I D I A        E V O C A T I V A

 

LA BITÁCORA DEL EXILIO Y SUS MISERIAS

 

“ Soy demasiado viejo para sentirme intimidado “.

Frank  Gehry.  Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014.

 

Proemio .- Distinguidos lectores del blog, inauguramos una nueva página : APATRIDIA  EVOCATIVA. Son pequeñas anécdotas del exilio y sus miserias. Os invito a juzgar.   Gracias !.

 

A  MANERA  DE  JUSTIFICACIÓN

 

Cuando se há sido preso político un largo tiempo (años), se há pasado por campos de concentración (Alto Madidi-selva, Coati-isla, estadium de fútbol-Santiago de Chile), un penal de alta seguridad (Chonchocoro-altiplano andino). Duros interrogatorios (que no torturas), incomunicación y, el efecto colateral de ver sufrir a los seres queridos, no haber estado en el fallecimiento de la abuela ni el padre por el exilio.

 

El exconvicto NO busca en tierras de acogida pan, comida, techo, trabajo. Eso, busca el EMIGRANTE pobre al ser rechazado por la miseria en su país de origen.

 

El exconvicto busca : Libertad, derechos humanos, rehabilitación psicológica, democracia, libre pensamiento, etc. y, generalmente no la encuentra, no al menos segun sus espectativas y sus necesidades.

 

Este cronista de la memoria, no la encontró en el exilio, de ninguna manera.

 

Cuando se és castigado en la árida tierra del exilio, esa la del exilio político, se incursiona en un territorio temible, donde se és fatalmente vulnerable, fragil, desprotegido.

Porque es una incursión sin concesiones a sus derechos mínimos. Y, donde se paga un peaje que exige el estado receptor que resulta siendo indignante.

 

Cuando se mora en tierras de nadie, en territorio “neutro”, en la Apatridia del olvido; se llega a la conclusión de que la soledad está más allá de la noche del exilio, más allá de las multitudes aglomeradas, más allá del silencio de los camposantos, más allá de las cunetas y las tumbas de los fusilados, más allá del llanto de las madres de los desparecidos y los toturados.

 

La soledad, esta en concubinato sucio con el matonaje del prepotente, en el brulote del provocador, en la hostilidad del medio, en el trato acomplejado de la burocracia.

 

En definitiva, la soledad del exilado político, esta en la frontera con la intolerancia y la muerte !.

 

La sociedad receptora, quiere que se le agradezca cada mañana por habernos dado asilo político y, acaba convirtiendose en el castigo que nos dió Pinochet.

Pero, no se puede vivir agradeciendole durante cuatro décadas, eso NO !.

 

A un pastor protestante que mató a su mujer y dejó malherido al marido de su amante, le condenaron a 15 años de carcel, con buen comportamiento y arreglos penitenciarios, cumplirá una tercera parte y luego saldrá en libertad. ( es lo común en esta sociedad).

 

Este Cronista : no mató, no robó, no violó y, está pagando una condena de 41 años y los que vendrán en la tierra del exilio de los fiordos escandinavos.

 

LAS  HIPÉRBOLES  DE  LA  BITÁCORA  DEL  EXILIO

 

La Metáfora .- El Nobel de las letras Garcia Marquez, vivió parte de su vida de escritor en París, La Ciudad Luz.

En todo lo escrito sobre él, que es bastante; así como lo contado por él mismo, tuvo momentos de felicidad como nó; pero tambien de inmensa frustración.

Era la época de la guerra de Argelia, y a veces fué confundido con un emigrado árabe por su fisonomía, fué detenido, cacheado y encerrado en la chirona.

 

Cuando le preguntaron por qué no le gustaba hablar en francés ?, dijo :

– No me gusta por que en París pasé los inviernos más duros de mi vida.

Seguro que no se refería a la estación fria del año; sino. al trato peyorativo del sistema francés.

 

STOCKHOLM  1973

 

Cuando arribamos a Estocolmo en el frio invierno de 1973, fuimos alojados en un hotel sin nombre; por que era una “hospedaria” sumamente discreta, casi clandestina.

No bien llegados, nos aseamos, y los que teniamos dinero (dolares), unos cuantos por supuesto, solicitamos salir a un restorant a comer algo caliente y, si se podía abundante, llegábamos de un campo de detención y con las hambres atrasadas.

 

Grande fué la sorpresa al ser informados que no podiamos salir del hotel, estábamos algo así como detenidos, o mejor en cuarentena, hasta el día siguiente, cuando partiríamos en buses hacia un campamento de refugiados en el sur de Suecia.

 

Es más, el ascensor del piso donde dormiríamos estaba clausurado y sellado.

Dijimos entonces que queríamos comer y, nos trajeron “pan cracker” esas galletas duras de harina integral, queso, margarina y café.

Eso que llaman : smergos med ost. Nosotros pensamos : Pero que no teníamos que estar libres ?.

Ni modo, así empezaba nuestro exilio en tierras escandinavas. Decepcionante !.

 

A L V E S T A

 

Al día siguiente fuimos conducidos en buses al Campamento de Alvesta, en el sur de Suecia, en la provincia de Skone, el lugar se llamaba : AMS-byn.

Siempre comiendo los : smergos med ost (emparedados frios). Me quedó la impresión de que esa era la dieta sueca, así como sus arenques fuertes, sur streminig, pescado (sill) macerado en agua y sal, no muy apetecibles incluso para algunos suecos, se sirve acompañado de aguardiente casero de patata.

 

En Alvesta nos albergaron en barracones de material sintético construidos, segun nos enteramos, para los emigrantes de los paises pobres del sur de Europa.

La mano de obra barata que necesitaba la pujante industria sueca en los 50-60-70, cuando construía su estado de bienestar.

Cada pabellón tenía diez piezas, cada pieza dos camas y un ropero comùn, al fondo a la derecha los servicios sanitarios para todos.

 

El comedor tambien era comùn tanto para los refugiados como el personal administrativo, cada quienes tenìan sus mesas, sin mezclarse. (eso sì).

Yo compartía meza y mantel todos los dias con el Dr. Raul Ruiz, un intelectual estudioso del marxismo, a quién conocí en los vestibulares de sociologia en la Universidad de Chile. Hecho este que disgustaba a los “kronkenwolt” (lumpen) por que concideraban a este Sr. un intelectual burgués.

 

Habìan otros “huèspedes” llegados anteriormente de un lugar olvidado de Dios en el sud del mundo -allà en la concha e`la lola- como se les decìa.

Al gobierno de su ignoto paìs le diò por nacionalizar los comercios de sus oponentes, estos a su vez, huyeron del usurpador llegando a Alvesta munidos de sus riquezas, sus ideas reaccionarias de derechas y el cariño entrañable de los suecos.

 

Al intercambiar pareceres chapuceando nuestro inglès de aeropuerto (los que podiamos) hubo roces dialècticos fuertes que presagiaban llegar a las manos, los comerciantes eran de armas llevar.

Inmediatamente les ubicaron discretamente en otro lugar fuera de Alvesta.

No preveyeron que mezclando la chicha con la limonada, podìa llegar la sangre al rio.

A nosotros nos quedò la certeza de que la generosa Suecia, daba cobijo a : moros y cristianos, de acuerdo a su conveniencia de pais “neutro” y, ademàs cocechando buenos dividendos, naturalmente nada era gratis, primero estaban los intereses.

 

LA  BALADA  DE  BOB  DYLAN

The other side o the river.

 

Al mes y medio de vivir en el campamento aprendiendo los rudimentos del idioma tan distinto y complicado, ademàs de pobre y pequeño, recibimos una invitaciòn de unos estudiantes a un “party” de amistad en una escuela cercana.

 

Fuè un dìa miercoles conocido como : pequeño sàbado (lilla lerdag), nos llevaron en bus a travez de las tundras frias i oscuras del invierno escandinavo.

Una vez llegados al lugar, salieron los jòvenes estudiantes a recibirnos con muestras de amistad, solidaridad y por que no cierta admiraciòn. Nos daban la mano y decian :

Bienvenidos compañeros.

El pueblo unido jamàs serà vencido.

 

Hasta ahora que cribo los recuerdos, me queda la certidumbre de que eran jòvenes estudiantes progresistas de izquierdas, motivados por  la opiniòn internacional,  que mostraba selvas exòticas en el Amazonas, donde se batìan mìticos guerrilleros barbados, esbeltos hasta la transparencia, con aureolas de màrtires santificados por sus ideas libertarias. Como los cruzados de la antiguedad.

Frente a descomunales gorilas de charreteras, uniformes condecorados y botas nazis, como las oscuras sombras que mostraba la historia en la pasada guerra mundial.

 

Entramos al local donde estaba dispuesto un contundente bufè con entremeses variados, algo asì como canapès muy frios y cerveza sin alcohol super caliente.

Algunos, los menos tìmidos, nos sentamos frente a nuestros anfitriones, los otros del montòn, optaron por quedarse de pie con caras de susto.

El ambiente era un tanto tenso, hasta que sonò la mùsica, los chicos y chicas suecas empezaron a bailar entre ellos.

Los ritmos movidos del disco aligeraron los ànimos, la convivencia perdiò densidad, se hizo mas suave, màs chèvere, màs amena.

Nosotros, nos miràbamos y nadie se decidìa a bailar.

 

Entonces, uno a quièn le decian : capcostas, empezò a alentarme con insistencia provocadora, a moverme el amor propio :

 

-Vamos anìmate – me decìa -. Sàl a bailar, despuès nosotros te seguimos.

-Demostrà que tambien eres estudiante !.

 

Yo levantè la mirada, y ahì estaba ella tambien mirando, sentada enfrente como esperando una invitaciòn para salir a bailar.

Era blanquisima como una pasta de porcelana, el cabello le caìa en bucles rubios por sobre sus hombros y, tenìa la mirada azul cielo, tan intensa y fija que parecìa congelada.

 

Podìa llamarse : Birguita, Gunila o May-Britt, que màs daba.

 

Me levantè como hipnotizado por esa mirada de ojos de cristal azulado, me acerquè y dije algo parecido a :

-You want dance whit me ?. No muy seguro de lo que hacìa.

-Of course if . . . . . . gladly !.  Respondiò ella y se puso de pie.

Jolines ! yo quedè estupefacto, la sueca era inmensa. Era tan alta que yo estiràndome hasta donde ya no podia, apenas le llegaba a la altura de las tetas. Ni modo, el baile estaba pedido y concedido. No me escaqueò mi estatura tercermundista ( je  je  je ).

 

La suerte me acompañaba, sonò : Flay batterfly. Eso se bailaba separado, de modo que la lleve a un lugar aislado y bailamos sin apenas bablar hasta que terminó la pieza.

Luego nos preguntamos “vainas” sin mayor trascendencia. Entonces, y solo entonces, irrumpiò la voz bronca de Bob Dylan con : Al otro lado del rio.

Yo dije : One more ?.  Ella respondiò con un quejido de gata relamida : Gladly !.

 

Puso sus nìveos antebrazos sobre mis hombros, apretandome hacia el regazo de su generosa humanidad. Yo la abracè por la cintura y apoyé mi frente en sus turgentes senos presionando mi abdomen al suyo y, nos dejamos llevar por el embrujo de Bob Dylan con : Al otro lado del rio.

 

No recuerdo de que hablamos, solo que en la penumbra nos besamos, ella dijo que el viernes irìa al campamento a pasar el fin de semana conmigo, Ok ?. . . .   Ok !. Asì de expeditivo fue mi primer romance en Suecia, en mi fuero interno yo pensè : “lover super quickly !”.

Terminada la convivencia nos despedimos con achuchones y besos a la vista de todos.

 

Los otros miraban sorprendidos, en sus adentros, me odiaban !. Yo lo intuì.

 

El jueves me llegò un mensaje a travéz de las traductoras para que la espere en la estaciòn a las dos de la tarde del día siguiente.

Ella llegò puntual a la cita. Pasamos un fin de  semana estupendo, juntos y amàndonos. Le contè mi historia, se emocionò hasta las làgrimas y me obsequiò su collar de plata con un Buda de jade verde para la buena suerte. Tambien tomò muchas fotografias.

Alguna la tengo guardada ahì en el cajòn de los buenos recuerdos.

 

Nos hicimos “novios”, me facilitò mi traslado a Gotemburgo y la informaciòn para ingresar en la universidad, donde ella tambien estudiaba. Enamoramos un tiempo y nos separamos como amigos. Creo que fuè la ùnica persona que me estimò cinseramente en este gèlido paìs, aceptandome como soy, nunca encontrarìa a alguien parecida a ella.

 

Birguita, Gunilla, Maj-Britt, que más dà !.

 

Los otros, los “kronkenwolt”, los que ivan a seguirme en el baile como dijo el capcostas, se morian de envidia. Fuì el primer latino en ligarse a una sueca. Algunos se consolaron “pololeando” con algunas traductoras, que eran veteranitas y pasadas de moda.

 

Yo ! . . . . Fuì feliz en el invierno escandinavo de 1973 gracias a la balada de Bob Dylan :

The other sida of the river.

 

P U T T G A R D E N    1974

La frontera con Alemania  (los obreristas)

 

Fuè en el verano del 74. Empezaba mi periplo por la Europa catòlica en busca de aventura, de bohemia, de movida beatnik y, tambien de reafirmar mi condiciòn de estudiante crònico, de becario a tiempo completo.

En tertulias culturales, simposios sociales, comedores universitarios y, convivencias libertarias.

Que eso era lo mio, hasta hoy, cuatro dècadas despuès.

 

De modo que, munido de un pasaje econòmico de estudiante en tren (tog luffa) para toda Europa, por intermedio del Student Koren de Goteborg Universitet, me embarquè un tibio atardecer primaveral de junio en la estaciòn central de Gotemburgo (Nils Erikson Terminal) rumbo a Parìs. Uh  la la la. La V  Republic !.

 

Fuí el ùnico ocupante del coupè y, mirando a travéz de la ventana los campos suecos grises que se despertaban del letargo del invierno, preparàndose para la implosión de las flores grávidas de polen reproductor del verano, me adormecí soñando con descubrir esa vieja Europa tantas veces vista y deceada a travéz de su historia y, las anècdotas que me contó el Lic. Arauco Prado en el valle. El entrañable “gordo”, compañero de la insurgencia estudiantil en 1971.

 

Más al llegar a Malmoe (Malme) al filo del anochecer, mi viaje de placer, se tornaría en un via crucis insufrible hasta el puesto fronterizo entre Dinamarca y Alemania : Puttgarden.

 

No bien paró el tren, irrumpieron en el vagón tres sujetos torvos, sudorosos, sucios y malhablados, con trazas de catetos andinos.

Esos que en el Perú les dicen serranos y en Chile titicacos.

Estos individuos, al siseo de su parloteo cacofónico y esa horrible dicción andina decian :

-Aquí hermanito . . . puís !.

-Aquí nos sentamos carrajo . . . puís !.

Se adueñaron del resto del coupé, acomodaron sus aperos andinos y sus mantas de tejidos autóctonos de colores áridos como ellos mismos.

 

Luego de acomodarse y habiendo reparado que había otro pasajero que les miraba atónito. Empezaron con su trivial cháchara populachera que no terminaría hasta Puttgarden, cuando fueron sacados energicamente del tren por los gendarmes de frontera alemanes.

 

La cosa fué así :

Una vez instalados los sujetos de marras, pusieron toda su atención en la desolada soledad de mi asiento al lado de la ventana. Yo me hice el dormido, fué en vano.

Los interfectos tenían logorrea galopante además de alientos de resaca de alcohol.

Vino la lluvia de preguntas a la pálida luz de la lámpara del coupé :

 

-Hablas español ché ?.  De donde vienes ché ?.  Adonde vas ché ? .

Les respondí en corto, con la esperanza de terminar la parla.

-Vengo de allí y voy a París.

-Há macanudo ché, nosotros tambien vamos a París – dijeron.

-Eres mochilero no ?, dedujeron al ver mis “arreos” acomodados en la percha.

-Soy estudiante-, aclaré.

-Há estos estudiantes, se pasan la vida estudiando nó ?- se mofó el guarro.

-Y ustedes que són ?, repliqué molesto.

-Nosotros somos obreros- repusieron orondos, sacando adelante sus barrigas de obesos.

-Ya veo,  y a que se dedican los obreros ?, dije.

Formulé una pregunta que no se la esperaban, se miraron desangelados, y el más pícaro soltó la parrafada.

-Los obreros nos dedicamos a tomar el poder por las armas ja ja ja-, soltaron la carcajada.

-Me lo imagino-, sonreí despectivo.

 

Me los imaginé tomando el poder con su fortaleza de hipertensos por el exceso de comidas grasas y alcoholes baratos, su ninguna ascepcia y los màs destacable su alfabeto a medias.

Al verlos festejar su misión sobre la tierra pensé : “ Dios libre a cualquier  país con estos al poder “.

Lo que parecía un chiste de mal gusto o un brulote valentón de los obreristas en ese tren a París, imposible de suceder, sucedió.

Llegarían tiempos cuando se crearían estados donde : a más incapaz, más presidenciable, a más mediocre, más ministrable, a más sádico, más administrador de justicia.

 

De pronto como un arte de chamanismo andino, sacaron de sus aguayos una botella de aguardiente, uno de esos vodkas matarratas adquiridos en el estraperlo de los barcos mercantes.

Lo abrieron presurosos y bebieron con glotonería, se notaba que llevaban la resaca de la víspera.

-Quieres un traguito compañero ? -invitaron – es bueno para el frio ja ja ja .

-No gracias ! -rechacé -, no bebo y tampoco soy su compañero.

-Igual vos nomás te jodes ja ja ja – respondieron y atacaron otra vez al vodka a pico de botella.

Después del festejo de su ocurrencia, siguieron con su interrogatorio ya bastante más animados por sus brindis de vodka :

-Y de que partido eres ché ?-

-No tengo partido -dije- soy ácrata.

-Y eso que és ? – se sorprendieron y ante mi mirada neutra, sacaron su librito rojo, su guia ideológico y buscaron la respuesta. Como no la encontraron, volvieron a preguntar :

-Pero cual siempre es tu partido ché ?.

-Ninguno -respondí-. No tengo partido, soy de la Columna Durruti.

 

Nuevamente ojearon su guia doctrinal y, al no hallar una explicación en su “pequeña esfinge” escrita en hojas de arroz en una aldea china de Hunán, por un maestro campesino medio iluminado y medio lunático, volvieron a preguntar :

-No dice nada ché -dijeron-, pero de que partido eres puís ?.

-Soy anarquista !. Concluí molesto.

-Há ! eres un hippie anarquista nó ?-. Provocaron.

Si ! y ustedes son los obreristas que tomarán el poder por las armas -, sonreí con sarcasmo.

 

Volvieron a beber con desesperación glotona, apresurados, como si el vodka se les fuera a escapar.

-Salud hermanito puís-, musitaron.

Hermano de estos (pensé). Ni de lejos, ni en broma.

Empezaron a fanfarronear entre ellos : Yo estuve en Pekín. Yo en Albania. Yo en la Unión Soviética. Si ! ya nos batimos en Europa ja ja ja.

Ilusos ! (pensé), Pekín esta al otro lado del mundo y los otros paises son la periferie de occidente, estos andubieron por los extramuros del mundo civilizado.

 

Libaron otra vez, ese momento ya estaban bastante bebidos y el vodka casi agotado.

-Tenemos que visitar al compañero fulano -decian- y al camarada zutano, y la embajada de los cumpas y tenemos que chupar vino francés ja ja ja.

Yo empecé a preocuparme. En la proxíma parada me cambio de coupé o me bajo del tren, mierda de mala suerte (meditaba).

 

Luego sacaron sus pasaportes nacionales, floridos, con sus escudos de cóndores y banderas de colores exóticos y los menearon en el aire orgullosos.

-Tenemos que andar bien documentados- decían.

-Vos, que pasaporte tienes ?-, empezaron con la cháchara.

-Yo tengo un pasaporte de la Convención de Ginebra – respondí con la certeza de que no me ivan a entender.

-A ver, a ver – querían que les muestre. Pero, como una bendición del destino empezamos a entrar en la estación de Puttgarden, y yo ignorándoles dirigí mi mirada a los andenes solitarios a esa hora de la madrugada alemana.

Apuraron los últimos tragos del vodka y tambien miraron la estación fronteriza a travéz de mi ventana.

 

Al ver el tinglado de acero plomizo de la estación, los andenes lúgubres, las locomotoras tiznadas, la tímida luz amarilla de las farolas, la neblina opaca del amanecer, y los capotes tiesos y grises de los gendarmes de frontera con el taconeo recio de paso de ganzo, que vibraban como retoques de matraca en las baldosas cubiertas de escarcha madrugadora.

 

Tuve la funesta impresión de estar viendo las imágenes tétricas tantas veces vistas en los filmes de la segunda guerra mundial.

Era un espectáculo sacado de pronto de las congeladoras de la memoria selectiva de tiempos que creía pretéritos.

Dicen que las aguas que alisan las playas de un rio, nunca más volveran a alisarlas por toda la aternidad.

En esa frontera alemana y, en ese instante del amanecer de junio, pude comprobar que puede suceder que las aguas sigan alisando las mismas playas, lijándolas con desoladora tosudez a pesar del tiempo transcurrido.

Era el pasado que se mostraba en toda su crudeza, para comprobar que pocas cosas cambiaron de rumbo a pesar de todo lo ocurrido desde el final de la guerra.

 

En el anden del amanecer de Puttgarden casi no había pasajeros, solo un grupo de cuatro adultos con otros tantos niños. Estos, ocuparon presurosos el coupé colindante al mio, se notaba que podían ser dos familia y hablaban con acento lusitano.

El convoy quedó detenido por que los gendarmes hacian el control de pasajeros.

Llegaron al coupé de los recien embarcados y se podía oir la conversación en terminos broncos y rudos como suena el idioma alemán.

 

Me entró un miedo y un cierto presentimiento de que ocurriría algun percance, alargué el cuello para ver a travéz de la ventanilla que comunicaba ambos coupés, ví a los gendarmes checando la documentación con modos enérgicos.

 

-Pasaportes ! -dije-, con una voz de acto reflejo.

 

Busqué el mio en el bolsillo de mi parka Lewis y me puse presto. Era mi primer viaje en tierras extrañas y con un documento que no sabia que me deparaba.

Como exilado de dos dictaduras en el Cono Sur Americano, solo había viajado munido de Salconconductos expedidos de emergencia por las circunstacias de expulsión.

 

Al ver mi pasaporte de color celeste, color de la ONU, con el membrete pulcro en letras negras, nuevamente los obreristas volvieron a soltar el brulote :

-Tu pasaporte es raro ché !.

-Seguro que vás a tener problemas.

 

-COÑO ! -exploté-. Dejenme en paz so guarros, ocupensé de lo vuestro.

 

Llegaron los tres gendarmes y la impresión que causaron fué acojonante.

Tenían la prestancia de los jerarcas del Reich, sus rasgos angulosos de arios alsacianos, sus quijadas cuadradas bien afeitadas a esa hora de la madrugada, y sus uniformes impecables e intimidatorios.

 

-Passport ! -ordenaron.

Y empezó el trámite surrealista, cuyos detalles fueron así :

El primero en mostrar su pasaporte fué el que estaba junto a la puerta del coupé.

El gendarme lo cogió, lo hojeó y habló algo con los otros gendarmes parados en el pasillo.

Entonces, cerrando el documento se lo guardó en el bolsillo de su guerrera.

Con voz autoritaria y las manos le preguntó por su equipaje. Siempre con ayuda de la mímica y órdenes de achtung ! . . .  achtung !,  le sacó del coupé con un  Raus ! incuestionable y, le puso plantoneado en el pasillo en la custodia de los otros gendarmes.

 

Cuando ví eso, sinseramente me dieron ganas de ir al baño, que es lo que me sucede cuando me pongo hiper nervioso.

Con los otros dos pasó lo mismo, sus pasaportes al bolsillo del gendarme y ellos al pasillo,  raus . . .  raus !.

 

Alcancé a ver de reojo a los pasajeros del otro coupé, que tambien miraban curiosos y sorprendidos la “razzia” de al lado.

 

Me llegó el turno y entregué mi pasaporte, creo que temblando y esperando tambien salir al pasillo con mi mochila al hombro.

El gendarme lo hojeó, me miró y dijo algo como : Spanier ?.

Yo respodí : Chile !. Preparándome para ponerme de pie y salir evitando los gritos de achtung o raus.

Grande fué mi sorpresa cuando el gendarme me devolvió mi pasaporte, dijo algo en aleman que no entendí y, se llevó los dedos de su mano derecha al filo de su vicera saliendo del coupé.

Yo alcancé a musitar un débil : Tanke !.

 

Sacaron a los otros fuera del convoy a las órdenes de raus, raus y se perdieron en los recovecos lúgubres de la estación de Puttgarden. Posiblemente ya recuperados de su alegre borrachera de vodka de contrabando.

Así, los obreristas que se “batieron” Europa, solo cruzaron Dinamarca sin pena ni gloria.

 

Quedé sentado y estático sin comprender del todo el trámite fronterizo que acababa de suceder, hasta que el tren arrancó rumbo a Francia.

Ya una vez todo vuelto a la normalidad del viaje, los pasajeros de al lado me invitaron a su coupé posiblemente por que me veía solo y triste.

Les mostré mi pasaporte y escuché este relato que lo guardo como una de las anécdotas más positivas en mi vida de perseguido político. De insurgente sin fronteras.

Ellos eran emigrantes portugueses, trabajaban en Alemania e ivan de vacación a su país.

 

-El pasaporte que tienes -me dijeron en la llaneza de su idioma-. És el que tienen los que fueron perseguidos y vencieron en la segunda guerra mundial. Tiene un status casi diplomático. Y los alemanes estan obligados a respetar este documento, por que ellos perdieron la guerra.

 

Modestia aparte. Me sentí por primera vez en mucho tiempo desde mi expulsión de tierras americanas : UN  VENCEDOR !.

 

Me hice amigo de los portugueses, conversamos, compartí con ellos su merienda y su vino y nos despedimos en la Gare du Nord de París, deseandonos larga vida y suerte.

 

Tiempo después, en una de esas noches de bohemia en la peña La Candelaria en Mont Martre, donde iva con alguna frecuencia a degustar una sangría de champagne y oir al duo Los Carlos que cantaban a capela canciones de Violeta Parra, Chabuca Granda, Gladys Moreno, Chabela Vargas, Joan Baez y otras cantantes.

 

Me enteré por alguien que los obreristas fueron detenidos y conducidos de vuelta a Copenhague, allí les dijeron que tenían que tener VISA de tránsito para cruzar por Alemania. Sus pasaportes de cuarto mundo no eran garantizables ?, segurisimo que no !.

Muy a pesar mio, me alegré de sobremanera. Hoy, cuatro décadas después, me sigo alegrando de sobremanera.

 

Chatenay  Malabrie   –   París     1974

 

L ´ mémoire, c´est comme un jour.

Ça s´en va,  ça s´en va,  l´mémoire.

 

Lectores del blog, seguiremos narrando historias del exilio en APATRIDIA EVOCATIVA

 

SALUT, i  força  al  canut  !.

Porto – Goia   Noviembre 2014

 

RICARDO  RAUL  CAUTHIN  ARAMAYO-FLOREZ

 

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