SPINHO

L´  AMITIÉ   AMOUREUSE

 

Como las golondrinas bajan buscando el verano, así volamos desde el círculo Polar Ártico hacia el sur, guiados por la constelación de las Tres Marias rumbo al Trópico de Cáncer.

 

Con el único fin de cumplir los 61 años, en el Natal de las playas desiertas y barridas por los vientos racheados del norte y, la pertinaz llovizna gris del balneario de SPINHO.

 

El Atlántico, golpea la costanera con olas furiosas de lavaza blanca en este diciembre con número de cábala del damero maldito y, por lo mismo, devaluado por las miserias de quienes hacen la historia, quienes la padecen y quienes la escriben, buscando mejores consuelos para seguir bregando por la vida.

 

A los 61 años, cultivamos una : L´ amitié amoureuse  -amistad amorosa-,  sentimiento que según los franceses precede al amor como relación pura y desinteresada.

 

Más, la vida llevada en estas SEIS décadas, nos enseño a golpes de timón: que no existe relación sedentaria, no hay lógica en el amor, ni siquiera la nostalgia nos es perdurable.

 

Al contrario, todo se torna perecedero, breve, fugaz y traicionero.

Todo busca con desesperada alucinación su: Fuite en avant  -huida al vacio-. Hacia donde sino a la muerte?.

 

Hasta el cadalso de la guillotina fue bajado a rás del suelo por los antropófagos de la historia, esos liberticidas conversos que guillotinan a la democracia en nombre de la democracia.

 

Entonces, la vida se nos parece absurda y, llegado es el momento de la autocrítica, que los tiempos ya no estan para sutilezas escolásticas.

 

Que finalmente, no se és de donde se nace; sino, de donde se pase.

Que nuestra patria es aquella donde comen nuestros hijos.

Nunca más la aldea del aprisco, donde triscan los timoratos provincianos rumiando sus miedos atávicos.

 

Que si es tan cierto que en la vejez más nos vamos pareciendo al padre, entonces, sí se explica el gusto por la vida cosmopolita: La buena meza, los vinos de gran reserva, los amores furtivos, los libros leidos en acogedoras playas perdidas, el buen teatro, la estupenda zarzuela, la pluma barroca, el cálido jam-jazz londinense, el aperitivo de las cuatro de la tarde –vermouth con dos olivas- y, las interminables tertulias en las terrazas de la costanera, hasta las tantas de las madrugadas.

 

Y sobre todo, el presumir de la historia propia –NUESTRA HISTORIA-, esa que forjamos sin quererla en décadas de existencia azorosa.

 

De modo que, no tengamos porqué prestarnos héroes ni heroicidades ajenas

 

Finalmente, si las ilusiones son lo último que se pierden, pretendamos ilusionarnos hasta el final del camino.

Que un ”bon vivant” sin ilusiones es como: Un marinero sin barco, un turista sin dinero, vamos!, un Quijote sin Dulcinea.

 

Al cumplir los 61 años, sole le pedimos a la vida, un tiempo suplementario, para ver caer de sus poltronas a los últimos dictadorcillos tercermundistas.

 

Luego, que todo se habrá a la indolente indiferencia del mundo y, exorcisados nuestros demonios, por fin podamos varar en alguna playa desierta y acogedora rumbo al sueño aterno.

Como el extrajero de Camus.

 

Que escrito esta: No hay que nacer en Navidad. Ese día esta reservado solo para él Mesías !.

 

Balneario de Spinho.

RICARDO  RAUL  CAUTHIN  ARAMAYO-FLOREZ

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