3o   C A P Í T U L O                 -Retablo de Navidad-

 

-A que has venido?. . . . . . . .Que quieres?-.  (decía la nube platinada).

-Recien estas llegando?. . .Porque tardaste? . .  Te estaba esperando!. (decían los ochichorni cetrini).

 

A partir de ese instante congelado en su memoria del tiempo perdido, quedará patente la mirada binaria de esa mujer de explosiva belleza eslava, esta, tendrá un efecto bipolar en todos los momentos de las relaciones  atormentadas, cortas pero intensas, entre ese viejo berraco llegado del plus-ultra, con seis décadas de vida a cuestas, conocido como el Marquéz Tronado y, la chica llegada del este con solo veinticinco abriles malamente vividos, y administrados con una meticulosidad espartana , rayando en un racanismo al extremo, de acuerdo a un estricto código de prioridades que no admitían ninguna excepción de sus reglas:

 

Primero.- El ahorro sagrado para los giros mensuales a su país fantasma.

Segundo.- La solvencia de los costos de su “infra” mínima.

Tercero.- Los gastos de su vestuario, observando cierto lujo recatado y nostálgico de su pasado de abolengos rancios.

Cuarto.- Su precarisima dieta alimentaria, basada en las calorias lo más restringidas posibles.

 

Asi, el recuerdo de esa bataclana anoréctica de barquera del Danubio Transilvánico anclada al pairo del amanecer, en la calma chicha de la Pink Panter, le seguirá siempre como una precensia habitable en su memoria selectiva, como una nostalgia imprecisa y necesaria a la hora de hacer el ajuste de cuentas de las consecuencias de esa relación enfermiza, para él, cuasi incestuosa, por la diferencia de edad con la mujer del este y, su estampa desolada de nubil preadolescente, en la atmósfera cristiana de una Navidad más en el calendario gélido de su destino de escritor itinerante, exilado del amor y las ideas.

 

La Pink Panter, era algo parecido a un chiringuito anclado en las ruas de los tiempos de los Braganzas.

Se anunciaba al público como Café; pero vendian de todo, desde cortaditos económicos a bocadillos de salamis baratos, magdalenas de monja a pizzas de combate.

 

En los momentos que precedieron a la llegada del Marquezinho y sus huestes chinesas, se pobló de parroquianos septuagenarios, los pensionistas de todas las épocas y todas las guerras habidas y por haber, buscaban el cafelito mañanero para acabar de despertar de sus duermevelas ambulantes y, al mismo tiempo empezar otro día de penurias.

 

De modo que la Pink Panter, era un chiringuito donde penaban los fados a media voz, pringandola de esos fundamentos lusitanos y portuarios de ayer, de hoy y de siempre : Fado-Fútbol-Fátima.

 

La camarera, la pobre, era una mujer pasada en kilos. Subia y bajaba los peldaños del caracol bufando fuerte, suerte que era jóven y fuerte, como no tenía idea del inglés, usaba el idioma de las manos, el más universal, ademas quería entenderse personalmente con las comensales chinesas, quienes no paraban de repetir con su cacofonía temática: please Malquéz . . . please Malquéz.

Requiriendo aclaraciones sobre las propuestas del menú de pizzas; porque la carta culinaria era muy parca y reducida a una cuantas sugerencias por lo modesto del chiringuito.

 

Ese hecho, no pasó desapercibido para la mujer de tez pálida, cabello blondo y ojos brujos de verde aguamarina.

 

Quién en la primera oportunidad, se plantó delante del Marquezinho abrumado desnudandole con su mirada de algas marinas y el celaje de nube platinada.

Sus primeras palabras, siempre le parecieron retadoras, agresivas y con cierta sorna, sin llegar a explicarse el motivo de tanto descaro, o peor, desparpajo:

 

-Estas te llaman Marquéz !- dijo peinandole de hito a hito, desde sus canas primerizas a su perramus de dandy parisino y  sus calzados de pigmalión.                    -Que ? . . . . .Eres el Marquéz de Sade acaso, y estas son tus pécoras ?.

 

Jolines !, quedó pasmado, petrificado en su sitio, contemplando esa belleza pálida como de vampira, donde los ojos terriblemente henormes, desentonaban con el resto de la cabeza y el cuerpo esmirriados, no solo por lo verdes, sino por lo demasiado bellos, los ochichorni cetrini.

Ante la malicia caliente de esa mirada, sintió que perdía el aplomo, desaparecieron sus ínfulas de hombre de mundo, su presunción de Marquéz Tronado de Carrer Punset.

 

Tardó segundos eternos como universos siderales en reaccionar, amagando la indiscreta interpelacion, movió los labios cianóticos por el coraje, con la autosuficiencia recobrada del jugador compulsivo y matrero:

 

-Sabes que ?-, respondió sosteniendole el fuego de la mirada –. . . .No es lo que tu crees. Yo no soy un sádico y estas señoritas son turistas como servidor.                                    -Mi Marquezado es algo que solo a mi me importa.- Ya no pudo controlar su incontinencia verbal. –Y quien coños eres tu, que me increpas de esta manera ?-.

La ochichorni cetrini, comprendió en el acto que fue demasiado indiscreta y torpe en sus palabras.

-Perdón !- dijo y le agarró del codo –no fue mi intención irritarte, solo mi curiosidad al ver como estas . . . . “señoritas turistas” te tratan con tanta deferencia : su exelencia Marquéz !.

-Vale, vale ! pero dime quién eres ?-, replicó él.

-Quién diablos eres, que te atreves a importunar mi natalicio navideño ?-.

Y, aparcó su mirada agotada por la caminata, en el atuendo de su audaz interlocutora.

 

Vestía una capeliza como de tul color rosa pálido, con los hombros desnudos, los senos pequeños pero exuberantes, posiblemente con breteles, sin tirantes como las bailarinas de un teatro de variedades.

Su silueta angosta ceñía una brevisima falda o ponpón corto negro de chifón, que a su vez resaltaba su pompis breve redondo y bien formado, distinguido, los pantis tambien negros con la malla de diseño romboidal estaban como tatuados en sus muslos largos y blancos, que terminaban en unos botines de charol.

Toda ella se envolvia en un quilométrico chándal, algo así como un foulard rosa de pelo de camello y, esparcia un aroma de maderas de oriente de Mirurgia.

-Buena estampa- pensó él -, de rancios abolengos aristocráticos, tronco de bacilón .

 

Y, acabó casi implorando: -Dime quién eres ?. . . . . Quién ?.

 

-Yo soy-. Respondió lentamente sosteniendole la dureza de la mirada.

-La mujer de TRANSNISTRIEN !.

Volvió a tomar la palabra humedeciendo sus labios con estudiada lascivia retadora, erótica, caliente.

-No me mires así, perverso follador !- le amonestó, porque percibió su mirada voráz, queriendo diseccionarla a travéz de su ropa y, mirar su piel, sus vellos púbicos, su alma.

-Dije Transnistrien- repitió y, estaba como en estado de éxtasis non interruptus, o al menos bien que lo parecia.

-Y allí tambien –continuó- hay Marquezes Transilvánicos que se mueren de ínfulas, de amartelos, de orgullo, de terquedad, pero, sobre todo, se mueren de hambre !.

Hablaba con un énfasis triste, largamente contenido, tal que parecia guardado y macerado en lo profundo de su corazón.

-Si, se mueren de hambre en la soledad de sus predios rústicos, rodeados de sus perros de estupendo pedigrí, sus purasangres, destartalados como ellos mismos. Pero, sobre todo, se mueren de la rabia de haber sido y ya no ser, hasta el final de su puta eternidad !, -tomó el último aliento-. Son tus colegas Marquez Tronado !.

 

Acabó, sableandolé con la pasada gloria de su propia alfange.

 

-Que más quieres ? –desfalleció-. . . . Quieres más ?.

 

 

Detuvo su soliloquio, tomó aliento como si volviera de una cabalgata del pasado, de su nebuloso pasado. Estaba agotada y la frente se le perló de fino sudor, se llevó las manos al pecho y tomó aire.

 

-Que te sucede ? –preguntó él asustado- te sientes mal ?.

– No, no es nada –respondió- ya pasará, quiero salir, necesito tomar aire, caminar, me acompañas ?.

-Con este frio, donde quieres ir ?.

-Eso quiero –dijo ella- quiero tener un romance con el frio. Te ánimas a ser mi chaperón !.

-Ah ! –dijo él- quieres que sea “tu carabina ?”.

A la verde mirada interrogadora aclaró. –Eso tu carabina, tu chaperón. Pero a estas horas de la madrugada donde ?.

-Yo se de un lugar- dijo ella-. Yo se como patinar en el Volga congelado en las madrugadas de plenilunio.

 

Recuperó su mirada profunda, sus labios entre abiertos sugerentes, entregados a tan insólita invitación: salir al frio. Eran una representación de su serenidad recobrada, dejandole sin otra opción que aceptar el envite.

 

-Si no queda otra ? –se dijo- habrá que ver como se patina en el Volga congelado.

De modo que admitió el desafio y fue a despedirce de las chiquillas de ojitos rasgados llegadas de Tien An Men ”las chinesas”; para no verse ya nunca más.

Ellas, comprendieron en el acto, que ese viejo Marquéz se cogió un ligue en las primeras de cambio, como si fuera la llamada de la profecía.

 

O es que asi estaba escrito en los karmas de los templos de Tebas, la de las cien puertas ?.

 

Que ese ligue en su otoño extemporáneo le proporcionaría poca miel, pero de la buena, la contundente y, mucha hiel de la más ácida ?.

 

De modo que, la chinesas complacidas y con sonrisas pícaras, encubridoras, se despidieron de su cicerone navideño prometiendo ser: Friends Forever !.

 

Ah viejo zorro Marquéz, al momento del adios rememoró a su judia favorita Amy Winehuose: Best Friends, Right ?.

“I can´t wait to get away from you / Unsurprinsingly you hate me to / We only communicate when we need to fight / But we are best friends, right ? “.

 

La bella eslava cogió su capa color tabaco crudo, él se enfundó en su gabán de perdulario y salieron del chiringuito rumbo a las sombras de la madrugada del Natal portoense.

 

Al descender por el caracol de acero, la chinesas gritaron: Bye. . .Bye . . Malquéz y, enviaron besos voladores del adios al amigo que partía. Otra vez Amy Winehouse :

“I don´t like way you say my name / You´re always looking for someone to blame.

“You want me to sufter just cause you were / But we are best friends, right ? “.

 

Ah Marquezinho Tronado, presintió como nunca, que ahora si su vida tomaba una velocidad ajena a su voluntad. Una fuerza distinta, mercenaria, la de esa extranjera, como él mismo, le inducia a renunciar a ser prisionero de su ayer, a sus glorias pasadas, sus victorias pírricas, sus proyectos inacabados, su trashumancia compulsiva, su maldición a cuestas: ser un apátrida hasta el final de sus días.

 

Se tomaron del brazo, ella le rozó la mejilla con un beso y le guió ruas abajo mirando la constelación de Orión, que a esa hora de la madrugada navideña, parece que guiaba a los peregrinos nocheros hacia  las dunas de Israel.

 

Llegaron a la confluencia de unos callejones angostos y retorcidos como laberintos del Minotauro, frente a un oratorio conocido como Senhor doss Passos y, de ahi al fondo, hacia las sombras de la Rua Obscura, en busca del refugio de la mujer de Transnistrien.

 

A los dominios de Parmina Furana.

 

La tasquinha estaba arrinconada en una especie de covachuela, en los bajos de un edificio gastado por la vida y las sales marinas, algo parecido a una fabela, el ambiente era agradable, hasta amistoso, en la medida en que la chica del este era conocida de la casa.

 

Despues de los saludos, tomaron asiento en una meza apartada y discreta, ella pidió su combinado de siempre: un blanquinho graduado con un chorrete de absenta, conocido como: Penalti, dijo que era el mejor antídoto contra el frio, vaya cojtelazo ! una manera de golear al frio. Èl optó por beberse un chá de camomille.

 

Sonaba en el ambiente la “voz” de Frank Sinatra: Extrangers in the night.

 

-Tengo congeladas las rodillas –dijo.

Fue el momento que esperaba el Marquéz. Jalando las manos las puso por sobre las rosadas rodillas eslavas –a ver que sientes ! –le sugirió.

Ella suspiró aliviada al sentir sus palmas calientes sobre su piel fria.

-Que rico ! –dijo- me siento aquesadinha !. (caliente).

Èl empezó a frotarlas y subir las manos poco a poco por la antrepierna, ella no dijo nada, le dejó hacer, se dejó toquetear extasiada o cabreada por el frio.

Ambos sostenían sus miradas directas en un desafio vertical; pero, se pedían a gritos sostenerlas posicionando sus cuerpos en muelle horizontal.

Hasta que ella dijo: -Basta !, tenemos que hablar- y junto las piernas.

 

Èl, se sintíó acariciado, aceptado por la mirada verde. Pero, había un rechazo patológico, malsano, en la nube  platinada del ojo derecho y asi sería hasta el último instante de la despedida dos años después.

 

De modo que cogiendole las manos y apretándolas entre sus rótulas caquécticas y tibias, le pidió la confesión.

 

El Pacto con el Diablo.

-Ahora si viejo garañón, dime -empezó-. Tú, además de dedicarte a ser Marquéz Tronado, a que te dedicas?, digo para eso, para comer, tus farándulas y esas cosas.

Él se sintió interpelado sin su consentimiento por esa  desconocida que ya se tomaba sus licencias.

-Estee –respondió-. Ya no soy un garañón; pero hago como si lo fuera. Y ahora mismo, además de cumplir mi 59 aniversario, escribo una historia.

-Así !, que interesante, y que clase de historia . . . . . . Escritor ! –se mofó-.

-Joder ! –replicó algo cabreado- la historia de un hombre que hizo un pacto con el Diablo.

-Interesante ! –se asombró-. Un pacto con el Diablo, asi como el viejo Fausto ? cuenta, . . . . cuenta.

-Hóstias, no me lo pongas dificil –se incomodó-. No, este era un hombre joven, jovensisimo, vamos un chaval, que teniendolo todo para ganar, para ser en la vida un vencedor, busco el camino más dificil y se especializó en ser un perdedor.

 

Y se soltó con la verborrea:

-Un chico de familia acomodada, acostumbrado a la buena vida, las chicas, los amigos de toda la vida, su motocicleta, el pool privado, caprichos con puticas alegres, alcohol, algo de perico, saraos, marcha y mucha tertulia política, pero siempre legal, dentro de la legalidad burguesa.

Ante todo le encantaba la lectura desordenada de cuanto libro caia en sus manos, libros prohibidos, subversivos, malditos: Vargas-Vila, Semprúm, Bakunin, Montseny, Sartre, Camus, Arrabal, Sabater etc.

Y por lo mismo era un rebelde, como los de su época, y como tal se enfrentó con los formalismos de su padre, un empresario medio, un tanto chapado a la antigua, que trató de organizarle su futuro de acuerdo a su capricho.

 

Entonces, este chaval cuestionó la práctica del confort, la seguridad familiar, la opulencia, la buena meza y, se metió a militar en una pequeña celula anarquista, medio francmasónica, chiquita, solo eso: cuatro gatos ácratas.

Formaron un frente estudiantil libertario y a dar caña a quien pase por la calle.

El primer documento que lanzarón, sonó como una bomba de profundidad. Se los redactó un amigo abogado, un francotirador anarcoide, que puso a todos en su sitio. El chaval de mi historia, lo firmó con el temor de que su padre al enterarse le pidiera explicaciones. Estaba actuando en las entípodas a los deseos del viejo.

 

-Ah! ya veo –le cortó acercandole los labios a los suyos-, era, eran digo mejor unos: pijos ácratas cierto ?, unos culos de mal asiento si !, hijitos de papá seguro !.

 

-Posiblemente –replicó- eran eso, que por entonces se decía: Beatniks o algo por el estilo. Esos que se evadían de la sociedad conformista y querian cambiar el mundo, se inspiraban en los movimientos hippies de San Fracisco, los Blac Power de los guetos de Nueva York y sobre todo, el Mayo Francés y la meditación tántrica.

Gustaban de la libertad como lo habían hecho el Facerias y el Sabater en la Barcelona de post-guerra.

 

Escuchaban a Bob Dylan. Keith Richards. Los Beatles. Jack Brel, el catalán Raimón, canciones de la guerra civil española, eso y algo más.

Todo lo hacian ascéptico, sin contaminaciones populacheras, me entiendes ?, izquierdismo idealista puro e ilustrado.

Eran esos burguesitos rebeldes, desesperados, radicales, que hacían política no para recibir, sino, para dar. Su insurgencia, ese capricho de juventud, lo pagaban con el dinero de sus padres. Por que había que ser protestatario, alzado, estaba de moda.

 

Y se ganaron el odio de los otros: los militantes cenizos, los disciplinados, los obreristas, los que cumplian las consignas para ganar becas, esos los de aluvión.

Estos catamañanas hicieron todo lo posible por acallarlos, y con ese fin se unieron con moros y cristianos. No lo lograron, salvo un conato para silenciar la voz del personaje de mi historia, fue algo que le ganó vigencia entre los estudiantes.

 

Hizo una pausa y lanzó una mirada interrogadora a la chica del este.

-Continua,. . . . continua por favor –dijo ella intrigada- es una historia que me interesa.

 

-En el interín, algunos de los fundadores del ateneo ácrata se fueron al exterior a continuar sus estudios. Ese, ya era un país de mierda para vivir en él y, además sus padres podían costearles un mejor porvenir en otras sociedades más civilizadas.

Mi personaje, se quedo haciendo los últimos trámites para irse tras los amigos, como acabar sus cursos de inglés y lograr su título de bachiller.

 

Entonces, como una premonición del destino fue elegido líder de los estudiantes, se cubrió de gloria, prestigio y reconocimiento tardío de última hora.

Aun asi y con las valijas hechas su determinación de irse parecía irrevocable, acabada su corta gestión partiría hasta nunca jamás.

Se iría como vencedor y desagraviador de los otros libertarios y, además con un prestigio bien ganado.

 

Fue en ese momento, en el instante gris de su destino –su mala hora-. Cuando se le presentan tres sujetos torvos, sáfios, provenientes de barrios marginales, de extramuros, conocidos como: elementos de torrentera.

Estos, ni siquiera se conocian por sus nombres, usaban sus alias y, muy sueltos de cuerpo le proponen formar un frente para las elecciones que se avecinaban.

 

Él los rechazó con determinación, no podía ser, esos eran parte de aquellos otros que les combatieron con tan malas artes en la etapa anterior.

Más parece que el destino de mi personaje tenía las cartas jugadas que le llevarían al mismo infierno.

Se aproximaban las elecciones para renovar la Federación de Estudiantes y, la prensa y las quinielas le señalaban a él como el candidato ganador y el más calificado para el puesto.

Nuevamente se le presentan los marginales y le proponen formar un frente de cara a las eleciones de la Federación y, auparle como dirigente máximo.

 

El personaje de mi historia, humano al fin, cedió a la propuesta y aceptó la postulación.

 

Que le pasó ?. Pudo más su egocentrismo ?. Su deceo de mostrar sus capacidades ?. Su carizma de líder ?. O fue su intención de humillar a esos mediocres que ahora se le ponían a sus ordenes ?.

 

Nunca se lo supo explicar. El hecho es que haciendo ese pacto se cubriría de gloria; pero a posteriori sería: un pacto con el Diablo.

 

Los marginales, demostraron una actitud bastante parecida al terrorismo. Uno de ellos intentó volar un instituto de idiomas con dinamita. Otro asaltó un parvulario a plena luz del día.

Y lo patético, cuando llegó la dictadura, estos valientes rufianes huyeron como ratas a sus madrigueras, ninguno dió la cara, se metieron debajo las piedras. Finalizaron su triste historia como acólitos del populismo jurásico.

 

 Fin de la historia –dijo-. Y buscó la aprobación de los ochichorni cetrini.

 

-Interesante y triste historia –aprobó ella- no tiene algo que ver contigo ?.

-Bueno –suspiro él- en toda historia sobre el pasado, siempre se van dejando tiras de piel de uno mismo, es inevitable. A veces hay que humedecer la pluma no en el tintero, sino pinchandose las venas –alardeó.

 

-Y que más queda del personaje de tu historia ?.

 

-Es la historia de un superviviente que después de los años vividos y sus consecuencias, decide revelar los negativos de la pelicula de su vida, en un viraje hacia su pasado, donde hay tres campos de concentración: uno en la selva, otro en un lago andino y otro a orillas del Mapocho, además de un penal de alta seguridad. Por fin se entera de que luchar por un ideal, tiene un precio bien subido. Que su república utópica libertaria, solo será posible en sus sueños profundos.

Tiene varios hijos, que saben donde esta y como vive; pero no hacen nada por verle ni enterarse de él.

Entonces, estremesido por su vida y su historia, descubre que se ha quedado solo con sus recuerdos y nada más !.

 

Acabó su confesión y quedó como siempre, como cuando urgaba sus viejas heridas: abatido y con una profunda tristeza en la mirada.

Tenía los rasgos desencajados, las aristas del rostro se agudizaron como las de un Cristo en el ocaso de su Gólgota.

 

A ella, la chica del este, le pareció la estampa de un Prometeo torturado, encadenado a los nidos de cóndores, donde un engendro carroñero del populismo jurásico, se regodeaba picoteándole las entrañas.

Era la épica figura del héroe caido.

 

Ella vió, tubo que ver, la profunda tristeza de su mirada, su misantropía filosófica idéntica a la que tendrían los sabios de Sión.

 

-No ! –dijo al fin-. No vale la pena que te pongas triste, justo ahora el día de tú cumpleaños, el día de tú Navidad !.                                                                                                                                -Yo –afirmó decidida-. Yo haré que te olvides de tu mala hora. Vamos a ver la salida del sol navideño en el Mirador de : da Sé. Vamos mi Marquezinho atormentado, camina con tu doncella.

Y le jaló con determinación hacia la puerta de salida, porque vió que estaba a punto de llorar.

 

-Joder con mi cumpleaños ! –rezongó-. Odio la Navidad, quién se acuerda de mi !.

 

Vino en su ayuda Amy Winehuose como siempre:

It´s ok in the day, / I´m staying busy. / Yo, this recession is a test It´s afecting my complexion, / miss-directing my.

 

Fuertemente abrazados para darse calor, subieron la avenida  D. Afonso, en la cima de la colina se divisaba la silueta siniestra de un castillo madioeval con sus aristas de agresiva arquitectura gótica.

 

Un gótico ajado por la pátina inclemente de los vientos nortados y las sales yodadas de las aguas del Atlántico. Era una reliquia de épocas de cuando los suevos dominaban la península de Iberia.

 

Cruzaron lo que fue el canal de agua en tiempos del castillo-fortaleza, a esas fechas era una chabola de covachas de uralita, estaba presidido por un jinete regio de las cruzadas, empotrado en las gualdrapas de su caballo como un centauro ajusticiador de sarracenos.

 

Doblando a la izquierda del castillo, aparecía tímidamente Sé Catedral, como una hermana siamesa, pero de arquitectura distinta, lo que suponía que fue agregada al imponerse el catolicismo por sobre las creencias de los suevos del castillo gótico.

 

Luego se extendia el Mirador de Terreira da Sé, desde donde se podía contemplar en lontananza el campanario de Porto-Goia que despertaba a su Navidad.

 

En uno de los chaflanes del Mirador, entre la neblina opaca del amanecer, aguardaron al sol a punto de despertar por sobre los puentes del Douro, entre las brumas cenagosas de sus aguas pardas y la brisa invernal que huele a marisco yodado: conchas, cholgas, choros, picorocos, huele a hembra, a mujer.

 

O la chica del este sintió la necesidad de apoyarse en algo o alguien, para contemplar la mañana desencajada por el céfiro humectante de la amanecida navideña, o fue el simple deseo de sentirse protegida al avasallamiento que despuntaba en fuertes celajes matinales.

 

El hecho es que, sin pedir consentimiento, le desabrochó los botones del perramus, introdujo su mano y rodeó su cintura con su delgadisimo brazo de bataclana de ballet, apoyó su cabeza platinada en su hombro izquierdo susurrandole al oido:

-Los escritores primerizos como tú me emocionan, me despiertan el instinto maternal y, más aun si estan de honomástico, cual es tu signo astrál Marquéz itinerante ? –jadeó.

 

-Capricornio –dijo- . . . . . el cornudo.

 

-Yo leo el destino de los hombres, de mis hombres. Es una herencia romaní –afirmó-, lo veo en los astros, las estrellas y las constelaciones.

 

-Ves lo mio ?- demandó él con desesperada ansiedad !.

-Si ! veo lo tuyo- le respondió.

Buscó su oido con los labios entreabiertos y gimió como una gata en celo.

-Lo veo fatal !.

-Por lo mismo –continuó sin darle tiempo a reaccionar-. Quiero ser la mecenas de un escritor virgo, escritor principiante como tú !.

 

Hóstias ! Marquezinho itinerante, esas eran palabras mayores y, las oía el día de su onomástico, ese día que nadie se acordaba de él. Desde cuando murió su abuela Carmen y, le contó que de niño no paraba de llorar y, no era de dolor, sino; lloraba su suerte, la suerte de un hombre perseguido, hombre marcado –the wanted-.

 

-Mecenas mio ! -respondió-. Y con qué ?, acaso tienes dineros guardados bajo tu colchón ?.

-No –dijo ella- no tengo dineros bajo mi colchón.

 

Envolviendole con su largo foulard de pelo de camello, agregó.

 

-Lo que tengo es un colchón circular de buen muelle y, un mejor catre resistente a las refriegas del amor. No te basta escritor anónimo ?.

 

-Oh si gracias –le contestó- lo probaremos y, cuanto costaría eso, el buen muelle ?.

 

-Para tí –ronroneó otra vez-, para tí escribano de historias tristes: .  .  .  .Gratis !.

 

-”Onomastique Félicité”. Marquéz Tronado, seré tú mecenas total. Es mi regalo de Navidad !.

 

Abrazados, bajaron por avenida D. Afonso, rumbo al pisito de soltera que ella tenía en travessera Paulista.

 

El pisito testigo mudo de una aventura desventurada entre : La mujer de Transnistrien y el Marquéz Tronado.

 

-Para tí Marquéz Tronado –insistió-. Gratis ! . . . . siempre gratis !.

 

 

CONTINUARÁ

 

Natal  portoense : RICARDO  RAUL  CAUTHIN  ARAMAYO-FLOREZ

 

                                             2013

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