P R I S I O N E R O D E G U E R R A

T E S T I M O N I O

Esa mañana de principios del mes de octubre de 1973, citaron por los megáfonos, a los detenidos extranjeros a una reunión con personeros del CIME –Comición Internacional de Migraciones Europeas-.

Por lo mismo, eligieron a un representante por cada nacionalidad para decir algo, posiblemente lo que permitiera el miedo o la prepotencia de los milicos, es decir nada o, casi nada. En el acto se dieron cuenta que no era sino un “show” de la dictadura, por una parte, y por otra, la tardía reacción de Europa que quería lavar su himagen de contemporizadora de todos los dictadores de sus rebalses, que ella misma había hechado de su pos-guerra. De las sentinas de todas sus pos-guerras.

Llegada la hora, todos los extranjeros cruzaron el estadium de fútbol rumbo a la curva norte y, aparecieron tres bonachones individuos, bien comidos, elegantes y hablando un castellano de turistas.

Querían que se les contara: -como estaban y, que quisieran-. Era ovbio, solo había que mirar para sacar concluciones.
Los delegados no dijeron mucho: -Que estámos injustamente detenidos-. -Que pasaban frio-. Que si podían darles una tacita de leche-. Que se abrieran refugios de la ONU-.

Lo que no pudieron decir fue: Que todos estábamos acojonados por el miedo.

Luego el silencio, los ilustres visitantes se apresuraron a dejar el stadium con prisas y sonrisas a todo el mundo, hasta a los milicos, el trámite estaba hecho y adios.

De pronto ! levantó la mano un hombre, tendría unos 66 años bien llevados, el ceño duro, el rostro chupado de tez clara y limpia, la nariz afilada ligeramente desviada por un antiguo golpe de puño estaba calada con gruesos lentes de avanzadas dioptrías de miope, los labios carnosos teñidos de nicotina, coronados por mostachos blancos y poblados, la frente amplia, el cabello canoso peinado hacia atrás con fuerza, la resolución le subía los pómulos a sus orbitas, el terno arrugado de dormir en los camerinos todavía alizado con cierta dignidad por sobre la promiscuidad de las circunstacias.

Pero ciertamente, lo que causaba mayor impresión, era su mirada, mirada impactante, obscura casi negra, mostraba una actitud desafiante, comprimida de ira, de impotencia.
Se notaba que estaba siendo sometido a una autopresión arterial suprema por el stress y el exeso de adrenalina en ese universo dantiano.

Su mirada de nictálope, atravezaba sin pedir permiso, las tinieblas de las mentes de los milicos, que rastrillaban sus carabinas apuntando a esa masa de famélicos, unos lampiños, otros barbados, ellas ultrajadas; pero, todos sentados horrorizados en las gradas como conejos asustados.

Steven Spielberg, no hubiera tenido que poner mucha himaginación, al filmar el horror en su Shindlers List, si hubiera presenciado esta confidencia del silencio, en medio de la curva norte del estadium de fútbol en Santiago, esa tibia mañana primaveral violada por la violencia.

El ciudadano en cuestión, era el Dr. Íñiguez, catedrático y rector universitario, político de dilatada trayectoria de izquierdas. Fue conocido en la resistencia a dictadores como: Barrientos y Banzer, para finalmente encontrarse en el exilio chileno y vivir ese instante eterno, para cronicar un testimonio o una anécdota para la memoria colectiva.

De modo que, esa mañana de octubre, el Dr. Íñiguez dió el mensaje que le encargaba su conciensia. Envolviendo en el fuego de su mirada a los personeros del CIME, dijo:
-Soy asilado político y jurista internacional. Debo decirles señores del CIME, que en este recinto de detención ilegal, no solo pasamos hambre, frio y tortura, tambien violan a todas las mujeres que estan sentadas frente a ustedes. Y, no solo estamos los extranjeros, hay miles y miles de ciudadanos de Chile sometidos a los mismos vejámenes.

Ahora bien, señores personeros del CIME, de que se nos acusa ?. En calidad de que estamos en este campo de concentración ?. Cual es nuestro status jurídico ?.

Los personeros dejaron sus colores saludables y rosados, se pusieron blancos como el papel. Los milicos, afirmaron las culatas de sus carabinas percutadas en la cadera, a la altura del riñon, se notaba un leve temblor en los cañones ahumados y, en los dedos sobre los gatillos.

-De acuerdo al código de justicia militar del gobierno- respondieron los del CIME, -Uds. estan catalogados como: PRISIONEROS DE GUERRA, más no podemos decirles, lo sentimos. Aquí, son eso: prisioneros de guerra !.

Y aprestandose a salir en estampida, todavía el Dr. Íñiguez alcanzó a decirles casi a gritos, algo así como: -Al no haber declaración formal de guerra, la acusación no es vinculante con el derecho internacional y, tampoco hay pruebas de casus belli con concecuencias de rebelión armada. Tambien debo advertir que hay leyes de guerra, como los acuerdos de Ginebra, de los cuales Chile es signatario, por lo mismo nuestra detención es ilegal e injusta -.

De este modo, mostraba la indignación ante la prepotencia, era su ética personal, su cólera de hombre justo e íntegro. No faltaron quienes dijeron: provocación. La mayoria estuvo de acuerdo con él y, le aprobaron con la mirada húmeda de emoción.

Todos volvieron a sus lugares de detención sopesando las hondas del tiempo, aquellas que tendrían que pasar recluidos en ese campo de concentración, en calidad de prisioneros de guerra. Una guerra que para muchos llevaría la friolera de cuatro décadas en tierras de exilio.

REFLEXIÓN NECESARIA . . . . . . . .. 40 años después .-

Indudablemente, a cuatro décadas de las últimas palabras del Presidente Constitucional de la República de Chile, en radio Magallanes, a las 7 : 30 de esa primavera apresurada por la presencia letal de la muerte del 11 de septiembre de 1973.

” (…) PRONTO SE APAGARÁ EL METAL TRANQUILO DE MI VOZ (…) ”.

Hay un antes y un después al golpe de estado y la declaración en vigencia del código de guerra de justicia militar.

Hay un antes y un después, al sacrificio de Salvador Allende y, los miles de muertos, desaparecidos y represaliados por la dictadura de Pinochet.

Hay un antes y un después, para los sobrevivientes del estadium de fútbol, aquellos que caimos con veinte años siendo estudiantes universitarios.

Hay un antes y un después, para quienes superamos el duro interrogatorio junto a nuestros catedráticos, negando categoricamente una supuesta militancia del MIR por el solo hecho de ser estudiantes.

Hay un antes y un después, a la desesperación de mi familia, que como se suele decir: se rascó los bolsillos, y me envió unos dolares a travéz del Consejo Mundial de Iglesias, para comprarme un pasaje al fin del mundo. Dinero que cobró uno y me hizo el cuento del tio, diciendo mucho después: que me devolverá su partido. (aún espero).

Hay un antes y un después, al beneficio en la tómbola de paises que nos tocó en la suerte para salvar la vida y ser evacuados a la libertad, a partir de la entrevista con el embajador sueco Sr. Harald Edelstam.

Hay un antes y un después, a la insolidaridad de los paises del llamado “campo socialista”, que no practicaron el internacionalismo ni con sus militantes y, algunos cohabitaron con la dictadura, como la China Popular.

Hay un antes y un después, a nuestro arribo a la “Europa capitalista”, donde fuimos pioneros en desbrozar el camino, la trocha, la senda, para la llegada posterior de miles y miles de latinoamericanos, buscando una oportunidad para vivir mejor, los migrantes económicos.

Hay un antes y un después, a las formidables movilizaciones en plena guerra fria, contra la guerra del Viet Nam y, por la democracia degollada en Chile.

Finalmente, hay un antes y un después, a nuestra integración al mercado del trabajo sueco, en el verano del 74 en los astilleros de Götaverken, junto a finlandeses, griegos, yugoeslavos y españoles. Fue nuestra contribución a la construcción del estado de bienestar en el país que nos acogió con generoso refugio político.

DIAGNÓSTICO.-

En estos 40 años, aún nos es traumático explicar las secuelas psíquicas y somáticas de la represión. (quedamos inválidos). Las depresiones nos castigan como sombras encadenadas en los calabozos de la terapia del psicoanálisis. Las reminiscencias maniaco-depresivas de los interrogatorios, la incomunicación, el confinamiento y el exilio, vuelven con una frecuencia inusitada.
En fin, son las constantes colaterales que preceden a los duermevelas de una bipolaridad no superada.

A pesar de todo, vivimos,. . . . viejos y lamiendonos las heridas !. Los otros, quizás los mejores, murieron en las cárceles o la resistencia, son los héroes !, que para ser tales, se debe morir jóven y lúcido.
Y, la pena de la pena, los “mentecatos”, estan ahí, perorando. (sin comentarios).

Lo que pretendemos con esta confesión del pasado, es que la nostalgia no nos ponga zancadillas traicioneras y, nos permita seguir cronicando la memoria histórica de aquellas décadas de violencia e ilustración al mismo tiempo, con la precisión de un relojero de los tiempos, tamizando la fragilidad de la arena de los que tenemos una historia que contar. Y de ese modo aprender de los errores y los aciertos del pasado.

A MANERA DE COROLARIO

Al cumplirse los 40 años del golpe de estado más sentido de la historia de Latinoamérica, rendiré homenaje a cuatro ciudadanos chilenos –uno por cada diez años-. No son personajes que figuraron en las primeras planas de los medios, al contrario, eran personas normales de la sociedad chilena de aquel entonces.

Pero, estan guardadas en el rincón más íntimo de mi memoria, ese donde su conserva lo más querido, lo más entrañable, ese que teje una alfombra para el recuerdo.

Nuestro primer recuerdo es para Dña. Raquel del Canto            Image
i Sepúlveda, dueña de la Residencia de Estudiantes de
Echuarren y Grajales, en el verano del 73. Dña. Raquita
como la conocíamos, distinguida señora descendiente de
republicanos españoles de la España peregrina, atendía
en su ”hospedaria” a estudiantes de Chile y, los cuatro
costados del mundo. Su “pensión” era el punto de reu-
nión de lolos y lolas desde la Alameda al Club Hípico,
desde calle Vergara a av. España. Como a un oasis en-
cantado, acudían los jóvenes a escuchar música, inter-
cambiar opiniones, pololeos, siempre había un plato de
porotos con rienda, la botillería al frente y, un ”perico”
para coger ”buena honda” como se solía decir.

Fuera de ese grato recuerdo, nos persiguen sus últimas
palabras de la noche cuando carabineros nos sacó de la
Residencia, en los camiones de mueblería Santiago rum-
bo al infierno. Dña. Raquel, dejó dicho entre sollozos sa-
lidos de lo profundo de su instinto maternal: ”Por el amor
de Dios, no se yeven a mis chiquiyos”. Nunca más supimos
de ella.

El segundo recuerdo, es el de nuestro catedrático de la
Facultad de Sociología, el Dr. Luis Vitale, eminente in-
telectual, quién nos enseñó los rudimentos de las cien-
cias sociales, esas que las bebió en sus fuentes genuinas
de la vieja Europa.

Sentados en las graderias del estadium, pastoreamos los lapsos del tiempo, escuchando sus magistrales charlas sobre lo divino y lo terreno, explicadas con una exquisita pedagogia, digna de un gran maestro. Lo último que supimos de él, es que fue sometido a los tribunales de la justicia militar.

El tercer recuerdo es para Raúl Aburto, jefe de la Toma Socialista de Pionono en la comuna de Providencia. Un humilde obrero, a quien encontramos terriblemente torturado, nos contó que su caida se debió a una delación, Estaba fisicamente embromado; pero con la moral alta, no supimos más de él.

El último recuerdo, es familiar, para mi bisabuelo paterno ”El Temucano”, de quien llevo sus genes con orgullo, ese viejo de mirada penetrante que nos miraba desde el daguerrotipo en recuadro de un marco repujado en plata. Nos contaban que fue pionero a principios del siglo pasado y, partió desde su Arauco natal al norte en busca de fortuna.
Era algo parecido a una leyenda familiar y, respondía al nombre de:
Esmeraldo Cauthin Arriagada.

Cuando confrontamos los recuerdos, nos confrontamos con el duro peaje del tiempo. En 40 años corrió mucha agua bajo los puentes, muchos malos sueños repetidos y, la obligación de vivir en el desasosiego y la sospecha.
El dolor que genera el desarraigo tiende a borrar los aparejos de la memoria y, eso es lo que hay que evitar, un pueblo sin memoria, es un pueblo perdido, facil presa de la estulticia.

La democracia no es perfecta, por lo mismo hay que mejorarla día a día, impulsando a fondo la misma democracia.
Chile aprendió la lección y, dió la lección; por eso perfecciona su democracia y, se emplea a fondo en el rescate de la memoria histórica de los duros años de la dictadura.

Honor y Gloria a los caidos por la democracia !

Prisionero de Guerra : pag. 107 – 225
Prensa: “Crónica de un día en el estadium de fútbol”.
Raices Madrid junio 1999
TERRORISMO DE ESTADIO
Pascale Bonnefoy Miralles Marzo 2005
Edic. Chile América – CESOC
-Gracias Pascale por tu valentía-

Europa – septiembre 2013

RICARDO RAUL CAUTHIN ARAMAYO-FLOREZ
Exonerado político en Chile

 

 

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