Dña. Fily

Dña Fily-page-001EL ÚLTIMO ESLAVÓN

Dña. Fily in Memoriam

“ Salgo con destino desconocido, pero el tren desde el que os escribo se dirige al este (Auschwitz) es posible que vayamos bastante lejos “.

Hanna Leví dic. 1941 estación Gare du Nord – Paris

LA CUESTA DE ENERO

El peor dolor, es no poder compartir el dolor.

Es invierno en Europa.

Cae una lluvia menuda e intensa en el puerto de Gotemburgo.

No me gusta la lluvia de Gotemburgo; pero hoy, semana cinco en el calendario gris del invierno escandinavo, siento esta lluvia como si Gotemburgo estuviera llorando, y ese llanto me acompaña en mi dolor.

El día 29 de Diciembre del 2016, la semana 52, hablé con mi madre por teléfono por última vez.

Intenté comunicarme de nuevo el 3 de Enero, y no respondió el teléfono, lo que supuso que ya no había nadie en casa de mi madre.

Por fín logré comunicarme con mi hermano Tito y me avisó que la madre había sido internada de emergencia en una clínica en estado de coma reversible la semana 2 del 2017.

Conversé con él otras tres veces y hablamos de cosas del pasado.

Me dijo que estaba bien, que todo estaba bajo control. Le conté que en las noches sentía la presencia de la madre y que me daba miedo.

Me aconsejó que no tenga miedo :

-Es el alma de la mamá que se está despidiendo.

-Yo también siento que me golpea la pared del dormitorio, como cuando ella estaba aquí.

Dijo.

Volvió a asegurarme que todo estaba bajo control y que no debía preocuparme.

-En sus momentos de lucidez, le aviso que estás llamando y que tus hijos están pendientes de ella desde Europa – me dijo.

-Y responde ? – le pregunté.

-Que ya pueden hacer . . . . que ya pueden hacer ! -. Es lo que ella decía.

En todo caso, presentí que mi hermano llevaba la tragedia con dificultades emocionales al máximo y tenía un tremendo estrés.

Hecho que me confirmó su esposa en las pocas palabras que pude hablar con ella.

Entonces, tuve la certeza de que mi hermano tambien estaba con las justas y, más aún cuando me dijo :

“ Si algo me pasa, no te olvides que dejo una hija de 12 años “.

Eso fue el día 27 de Enero del 2017.

Ese fin de semana ya no llamé.

El lunes 30 de Enero del 2017, llegó la noticia fatal a través de un sms que enviaron desde EEUU a mi hijo a Londres.

El día 30 de Enero, falleció mi madre a la edad de 91 años y, el día anterior, falleció mi hermano Tito de 55 años a causa de un paro cardiaco. No pudo aguantar la presión y el sufrimiento del calvario de mamá.

Esta lluvia de Gotemburgo, es como si Gotemburgo estuviera llorando, y ese llanto me acompaña en mi dolor en este calendario gris del invierno europeo.

Volviendo a Diciembre del 2016.

El día 29, como anoté arriba, llamé a mi madre a las once de la noche hora europea, 6 de la tarde en ese país de pesadumbre.

Me respondió la enfermera, y cuando me identifiqué, me dijo :

-En este momento su mamá está con respiración asistida, haré lo posible para que le hable.

Parece que mi madre esperaba mi llamada como uno de los últimos viáticos antes de su partida.

Oí su voz cansada, dolorida, tierna, pero siempre con el timbre resolutivo de sus mejores tiempos.

A mi saludo : -Soy Ricardo mamá, acabo de llegar de Portugal y no pude llamarle antes.

Me respondió :

-Bien que has llamado Ricardito, estaba esperando tu llamada porque ya no me queda tiempo.

Me felicitó por la pasada Navidad, el día de mi cumpleaños, y continuó con una invocación del pasado que me pareció el preludio de su despedida.

En el primer momento quedé confundido. Pensando luego en la densidad del silencio de mi misantropía y lo que sucedió después, llegué a la conclusión de que mi madre en su hora de bajar al sepulcro, lo tenía todo muy claro.

Estaba amarrando sus últimos arreos para su viaje al más allá, estaba ajustando las últimas cuentas terrenales, y una de esas cuentas, fue despedirse de su hijo díscolo.

De ese que no cumplió sus designios de madre, ese que se salió de su agenda y tomó el camino de la agitación política estudiantil, la cárcel y el exilio.

No contaré exactamente el diálogo que tuvimos; porque eso le pertenece solo a ella, al recuerdo de su memoria y al valor de una madre heroica que luchó por la libertad de su hijo rebelde.

Más debo decir que en esa postrera vez, nos sinceramos de verdad, cancelamos con el perdón los últimos peajes de toda una vida de malentendidos.

Le conté de sus nietos, de la preocupación de ellos por su “ abuelita “, y de que en ellos, ella se reencarnaría porque llevaban sus mismos genes, su sangre y sus huesos.

Me pareció que ambos -madre e hijo- encontramos al fin la serenidad, la paz y la concordia largamente buscada y obstruida por la distancia de 20.000 kilómetros de silencio, olvido, desencuentros, dictaduras e ingratitud de mi parte.

Me pidió que siempre rezara a la Virgen de Montserrat, la de Barcelona, La Moreneta.

Y al final me dijo :

-Hijo, te voy a dar mi bendición ! -.

Obedecí con la mansedumbre del hijo pródigo.

-Sí madre ! -dije, y oí como un susurro su voz temblorosa, frágil y suplicante que me impartía la bendición como hicieron los de su estirpe desde los tiempos de sus antepasados, y de los cuales ella era el último eslabón que terminaba en esa tierra de pesadumbre :

-En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo.

-Requiem aeternam dona eís dómine.

-Amén, gracias madre ! -respondí, bebí un sorbo de agua, hice un esfuerzo para no llorar.

No pude imaginar que ya nunca más oiría su voz, ni siquiera en los recuerdos de mis duermevelas, donde mi conciencia me acusa de todos lo errores de mi vida pasada.

La lluvia, la nieve, el frío y el color gris de la amnesia se adueñan de este invierno escandinavo. Gotemburgo tierra de mi exilio, me vió sufrir la muerte de mi abuela, mi padre y mis dos hermanos menores.

Ahora, debo superar la muerte de la autora de mis días, la mujer que me trajo al mundo y no pude estar a su lado en su hora definitiva.

Porque cuento está triste historia en este blog del exilio ?.

Porque no la lloro y la recuerdo en mi soledad, en la intimidad de mi dolor de hijo ingrato ?.

Porque no oculto mi luto, mi duelo, en mi silencio encerrado en mi cubil de lobo estepario ?.

Porque me estoy consumiendo con este cargo de conciencia por no haber estado a su lado ?.

Porque no tengo el valor de enfrentarme solo al vacio inconcebible de su ausencia ?.

Mi madre, fue como todas las madres del mundo; buena, bondadosa, magnánima, abnegada.

Guardo en la memoria de mi infancia, en el rincón de los recuerdos, los comentarios de quienes la conocieron en su juventud, y la recordaban como una mujer inquieta, independiente, alegre, estudiosa; tenía una letra preciosista grande y bonita, trabajadora.

Buena jugadora de basket ball en los equipos de señoritas de aquel entonces.

Ella jugó en los teams del The Stronger y el Alway Ready, clubes en la empresa minera de sus mayores, siempre ligada a la era de estaño.

Yo la recuerdo en la distancia del tiempo de mi memoria más íntima, como una mujer linda, muy linda, guapisima, siempre bien acicalada, que despertó en mi lejana infancia un fuerte complejo de Edipo que no pude superar nunca.

Tenía celos hasta de mi propio padre. No me gustaba que él se acercara a mi madre, porque ella, mi madre, era solo mía.

Hasta que me alejaron de su regazo, llevándome al lado de mi abuela Carmen, que se convirtió en mi madre por partida doble.

Así como un síndrome; “ El Edipo “ me siguió por toda mi vida, siempre busqué en la mujer que me encontraba, la presencia de mi madre.

El Tito me dice en la última conversación que tenemos el 27 de Enero al filo de la medianoche, hora europea, y que también son sus últimas palabras, porque a partir de ese momento, mi hermano le precederá en la muerte, en el camino al más allá, tal pareciera que mi madre se lo lleva para que le acompañe en el sueño eterno. El moría en la mañana del dia domingo 29 de Enero :

-La mamá está muy delicada, frágil, apenas come unas cucharadas de papilla, en los momentos de lucidez, que son pocos, me pide que la lleve a casa, no le gusta estar en la clínica -.

Yo la imagino como una muñequita deshecha, una criatura rota, una jibarita hermosa.

Me cuesta ubicarla en mi imaginario, como aquella mujer fuerte, decidida, bragada, esa mujer que peleó por mi libertad, que peleó para que no me hagan desaparecer o me peguen un tiro en la nuca.

Esa mujer que peleó hasta salirse con la suya y verme partir al exilio pero libre.

Es ahí donde marco la diferencia con otras madres.

Donde encuentro su huella en mi historia, donde encuentro su saga familiar de luchadora.

Donde empieza su calvario por mi culpa.

La noticia fatal, como dije anteriormente, la recibió mi hijo primogénito a su llegada a Londres procedente de Singapur.

Fue un golpe muy duro. Èl és el primer nieto de mi madre.

Me llamó en el acto y ambos nos consolamos en un dolor infinito, eran dos muertes, la una anunciada, la de mi madre y, la otra inesperada, la de mi hermano.

Las malas noticias tienen que ser en los momentos más crudos del tiempo, en esas coloraciones a estaño sucio, a lava volcánica, a capa freática, a invierno nórdico.

Me viene a la mente los relatos de Primo Leví y Patrick Modiano en los páramos de la Europa más oscura, más gótica de la ocupación nazi.

Hoy lunes 30 de Enero del 2017, este Gotemburgo está igual de gris y de triste, su lluvia y su niebla tocan a muerto como en los tiempos de su quema de brujas.

Es la mierda de mi exilio. Odio mi exilio. Odio está ciudad de exilio.

Salgo a caminar porque no puedo aguantar el silencio en la soledad de mi vivienda.

Voy a la biblioteca central también vacía por ser lunes, el lunes negro de mi vagancia por la vida que es a lo que e llegado.

Bajo por Berzeliigatan y me paro en la esquina de Södra Vägen, todo está en silencio, solo algún alma en pena, la mía, el frío es húmedo y penetrante, la neblina intensa viene del Götakanal, en el cruce de las calles todo se vuelve tétrico con los semáforos y los escaparates a media luz, sin vida y sin aliento como un toque de queda.

Camino hacia la plaza Korsvägen a tomar el tranvía y todo me parece un gran camposanto con algunas ánimas por lloronas. He quedado con un black out, aparece otra vez el perro negro de mi depresión soplando su aliento en mi cogote y me persigue como en los antiguos tiempos.

Pero quizá no es así, quizá solo es un lunes en la noche, un lunes de invierno portuario.

Quizá es solo mi espíritu triste y solitario, mi alma compungido de dolor, huérfano en la apatridia, el que me hace sentir un paria en tierra extranjera este lunes 30 de Enero.

Quizá solo es un panorama que yo solo veo, un cenizo gris que ven mis ojos de afuera, que reflejan el drama que guardo ojos adentro, la procesión endógena que me amarga.

Ahora creo que tengo la certeza de que a partir de hoy, solo negociaré con mi pasado y mi presente.

Mi futuro, simplemente ya no existe, se fue con mi madre al sepulcro, así como toda mi familia fallecida en esas tierras de pesadumbre.

Ahora ya no tengo a nadie al otro lado del charco.

Ahora, los días que me quedan de vida, bien lo sé, viviré para odiar a esa maldita tierra de pesadumbres.

Si antes no sabía hacia dónde iva. Ahora no sé de dónde vengo.

Increíble; pero ahora sé que ese país de mierda nunca fue mío, me hizo firmar mi derrota antes de permitirme dar la última batalla.

Se llevó a toda mi familia sin darme la oportunidad de darles el adiós de despedida.

Ahora que el tiempo ha pasado y que ya nunca más sentiré la presencia protectora de mi madre; recuerdo lugares, circunstancias, momentos alegres y tristes con la autora de mis días.

Ahora que se amontonan las vivencias de mi memoria, sé que yo tambien tuve una infancia, y en esa infancia fuí su primer hijo y creo que fuí feliz.

Sé que mis ojos no siempre estuvieron surcados de estrías, mi rostro no estuvo ajado por el tiempo, ni cuerpo no estuvo castigado por la vida; ni por los rigores de la represión en las dictaduras de los prepotentes.

Sé que en mi lejana infancia había tenido unas manos blandas y bondadosas que me acariciaban para tomar el sueño, un cálido y generoso seno que me dió la leche materna y, un patio enorme con su enfarolado con el sol que entraba cada mañana dócil y templado al regazo de mi hogar junto con la dulzura de la mirada de mi madre.

Esos ojos grandes y luminosos puestos en mí; en mis travesuras de niño rebelde, terco, soberbio y regalón al mismo tiempo.

Mirada de amor y de presagios, como si presintiera mi futura vida de fatigas, y aventuras, y descalabros, y desgracias, y contratiempos que habrían de perseguirme con el correr de los años.

Esos años de un tiempo de violencia que me llevarían hasta los mismos límites del abismo, donde la autora de mis días daría su talla de madre y mujer en toda la regla.

Ví el coraje de mi madre cuando tenía diez años y el régimen de aquél entonces llamado; revolución nacional, despojó a todos los que tenían algo que despojar, con el argumento de que había que nacionalizar lo ajeno.

El solo hecho de llevar un apellido de los que llamaban “ Los Barones del Estaño” era motivo para sufrir persecución y venganza.

La misma turba indígena se adueñó de los predios de la estancia Sivingani y los mineros quisieron expropiar las pertenencias de la familia de mi padre, para ello le persiguieron y con la colaboración de un juez amañado le metieron a la cárcel.

No conformes con eso, trajeron del oriente a dos sicarios para amedrentar a toda la familia y a la población civil.

Recuerdo que un día de otoño frío y triste, esos sicarios se metieron en nuestra casa a la fuerza a intimidar a mi madre que estaba en compañía de la mujer del servicio y yo.

La autora de mis días, no se atemorizó y salió del enfarolado empuñando con decisión el viejo Mauser del abuelo José Vale y puso en fuga a los sicarios del régimen.

Ahora, al rendir este homenaje escrito a su memoria, hago esfuerzos para reactivar mi gimnasia mental y recordar todo su calvario por mi causa; por mis andadas de perseguido político de las dictaduras.

Ese calvario empezó cuando me vió en la televisión en una columna de improvisados milicianos rumbo al combate contra los militares golpistas en agosto del 71 en el cerro Laica Cota.

Después de la derrota y al no dar yo señales de vida, inició su peregrinar por hospitales, centros de detención y morgues, buscándome.

Tuvo un alivio cuando me vió partir a los predios de mi padre.

Pero al poco tiempo sufrió otra vez lo indecible porque la dictadura me detuvo.

Mi madre llevó un calvario de casi dos años luchando por mi libertad, alegando en los ministerios y las instancias que fueran necesarias.

No dejó de enviarme encomiendas en todos los vuelos de pertrecho al campo de concentración en la selva del Alto Madidi.

Gracias a sus desvelos, fuí el único que tuvo: ropa de monte, mosquitero, medicinas, vitaminas, sopas sintéticas para mejorar mi dieta, repelentes y comida en conserva.

Cuando me evacuaron a la carceleta de Viacha. fué a verme y quedó asombrada de mi aspecto :

-Que te han hecho ! -me dijo-, estás viejo, estás consumido ! -.

Movilizó a su familia que todavía tenía influencias de su pasado de gente pudiente de la minería en la era del estaño.

Ellos me enviaban el almuerzo a la prisión. Logró que el Dr. Mercado, su antiguo compañero de estudios, y en ese momento jefe del nosocomio de Viacha, me hiciera un examen general de mi salud para enviarlo al Ministerio del Interior.

Grande fue su dolor cuando se enteró que la dictadura volvió a confinarme, esta vez en la isla de Coati.

Se encaró con el jefe de inteligencia de aquel entonces, el cnl. Loayza, un ex- combatiente de la guerra del Chaco. Ella le dijo que provenía de una familia que también combatió en el Chaco, Las hermanas Aramayo; Miembros de la Liga Patriótica de Mujeres para la Guerra. Este militar había sido herido en el frente de Picuiba y curado con solicitud en la retaguardia de Villamontes por la Liga Patriótica. En cierta medida estaba en deuda con mi familia materna. Por lo que mi madre logró mí evacuación nuevamente a la carceleta de Viacha.

Cuando la dictadura me internó en el Penal de Alta Seguridad de Chonchocoro, mi madre, esa mujer santa, hacía todos los fines de semana la peregrinación por el páramo andino acompañada de mi hermano Tito, llevando comida fresca y las historias de sus trámites por mi libertad.

Ahí !, me mostró una vez más su calidad humana y su grandeza de espíritu.

Cuando le comenté que un camarada del Beni no podía salir a la explanada de las visitas porque no tenía a su familia en esa sede de gobierno.

Ella dijo :

-Yo no tengo nada que ver con tus ideas, pero soy cristiana. Llama a tu camarada que salga a comer -.

Y fue personalmente y solicitó al jefe de los “tiras” el permiso para mi camarada aduciendo que era su invitado.

No paró los trámites por los ministerios; de Caifás a Pilatos, abogando por mi libertad, hasta la entrevista definitiva con el cnl. Loayza, con quien pactó mi salida al exilio, ya que mi libertad era imposible; me consideraban un agitador peligroso.

Con el dolor de su alma, preparó el equipaje para mi partida a la tierra árida del exilio.

Quizás intuía que de esa partida volvería solo por momentos determinados y llevando a sus dos nietos nacidos en el exilio, como única alegría que pude darle.

Compró una valija pequeña de esas de fuelle, ella sabía que mi equipaje tenía que ser leve. Coció en el fondo de la maleta con mucha discreción, mi Credencial de dirigente estudiantil y un escapulario con la Virgen del Carmen, tocaya de mi abuela, escondiendo en los pliegues sagrados el dinero para sobrevivir en tierras lejanas.

Sabía que yo no podía llevar cheques porque me expulsaron munido de un papel de migraciones llamado : “ Salvoconducto válido por 48 horas “.

El dolor de mi partida tuvo que ser un sufrimiento intenso para la autora de mis días, más, ese fue el único camino viable para salir de las mazmorras de la dictadura y para que ella pudiera tener al fin un descanso.

Nuestro vínculo se adelgasaría con la distancia, el cordón umbilical que nos unía se rompería y yo, por primera vez en mi vida sentiría la orfandad en tierras de nadie, en la apatridia de los héroes de la resistencia.

La labor de mi madre por mi libertad y su colaboración solidaria con otras mujeres de represaliados como una de sus voceras, le pondrían en un sitial relevante, hecho del cual yo me enteraría en las tertulias políticas posteriores en las riberas del Mapocho.

Su personalidad, su don de la palabra, su autosuficiencia de conocimientos, su talento para el alegato y su coraje sin complejos, hizo que la nombraran en la directiva de la Comisión de Mujeres de los Represaliados por la dictadura.

Todas sus intervenciones y sus trámites junto a la Comisión, se constituyó en un testimonio de protesta que precedió a mi salida al exilio, y llegó antes que yo a tierras de acogida.

Los primeros que la nombraron fueron los fugados del Madidi; porque sabían de la intensidad de sus trámites por mi libertad.

Cuando les preguntaron : Por qué no salió el estudiante con Uds. ?.

Los palurdos dijeron :

-Su mamá estaba tramitando su libertad a través del Consejo del Menor, y es la que más reclama !.

De modo que su actividad solidaria, fue más grande e intensa que mis días en las cárceles y campos de concentración.

Ella ya era conocida en las tertulias del exilio como: La valiente mamá del estudiante; dña. Fily Aramayo.

Recuerdo como si fuera ayer, cuando nos juntabamos estudiantes y catedráticos en las confiterias bohemias de Plaza Italia en el Gran Santiago, al calor de las tertulias y añoranzas del pasado; escuchaba estos comentarios :

-Que suerte tienes estudiante, tu madre peleó por ti con una determinación única.

-Se salió con su capricho, Te sacó de la cárcel.

-Sácate una foto y enviale; que vea como te has repuesto.

-Ahora eres un lolo moderno.

Corta sería la alegría de ese verano, el veranito democrático del 73.

El otoño y el invierno estuvieron saturados de movilizaciones de los estudiantes porque se oían tambores de guerra.

El once de septiembre se produjo el golpe de estado militar.

Mi madre se enteró por los noticieros que se desató una feroz cacería contra los extranjeros.

Nuevamente su instinto de madre alerta en la emergencia y sus premoniciones sobre los avatares de su hijo perseguido, le quitó el sueño y los instantes de paz precarios que apenas sobrellevaba en la distancia.

Se movilizó otra vez, acudió a su familia y reunió un dinero que me envió a través de la Cruz Roja, fue una cantidad importante.

Su objetivo era que yo me comprara un pasaje a cualquier precio y a cualquier lugar para huir de esa cacería bárbara que desató la dictadura contra los foráneos.

El dinero en cuestión, no lo recogí nunca, no me dieron tiempo los acontecimientos. Las fuerzas de carabineros me detuvieron en mi residencia de estudiantes universitarios y me condujeron al estadium de fútbol a la tortura.

La remesa de mi madre, no la vería nunca más. Uno de los palurdos que apenas me conocía, dijo ante la Cruz Roja que era mi “ camarada “ y que haría llegar ese dinero a mis manos.

El sujeto se embolsillo esos dineros (algunos miles de dólares) hasta el día de hoy.

Mi valerosa madre, empezó otra vez su peregrinar a las oficinas del Consejo del Menor, a Naciones Unidas, al Consejo Mundial de Iglesias y otras instancias internacionales.

Tuvo un enfrentamiento verbal, que registró la prensa de la época, con el Ministro del Interior de la dictadura andina, el cnl. Walter Castro.

Este dijo que los perseguidos en el país del Mapocho tenían que morir, porque éramos el peligro comunista.

Empezaba la Operación Cóndor en el hemisferio sur del subcontinente.

Los tres meses de cautiverio en el campo de fútbol de Santiago sometido a duros interrogatorios, los pasó mi madre sumida en la más profunda tristeza, imaginando los tormentos a que era sometido su hijo.

La respuesta al cnl. Walter Castro, fue contundente; mientras las otras mujeres rompían a llorar implorando al Pilatos clemencia para sus hijos presos.

-Coronel -dijo mi madre -. A ese hijo que lo tienen preso allí, lo parí con amor. Lo lamentable es el daño irreversible que le hicieron a Ud. sus progenitores para que guarde tanto rencor en tan poca humanidad. Mi hijo a pesar suyo, vivirá !. Dios le juzgue.

Pasando por esos trágicos momentos, llegó la noticia: La dictadura dijo que no tenía presos políticos en el campo de fútbol. Los internados allí eran; prisioneros de guerra.

Mi madre santa en su desesperación, buscó asesoramiento consultando a los viejos abogados internacionalistas de los tiempos de la minería en la era del estaño, estos habían intervenido en litigios internacionales durante la guerra del Chaco.

Ellos le aconsejaron: Sra Aramayo, si su hijo es prisionero de guerra, está en consecuencia protegido por los Tratados de la Convención de Ginebra.

Hay que redactar un memorial y enviarlo a Ginebra explicando su caso.

Es muy posible que ese trámite jurídico haya tenido efectos positivos.

A los dos meses de mi detención, fui entrevistado en el campo de fútbol y luego evacuado a Europa con la mediación del Comité Internacional para Migraciones Europeas -CIME-.

Se me dotó de un pasaporte de extranjero de la Convención de Ginebra -Resadocument- llamado: Pasaporte de Apátrida, que se extendía a los perseguidos en la segunda guerra mundial. Y recibí refugio político en un país escandinavo.

Èse documento es el único que considero genuino a mi condición de perseguido por mis ideas hasta el día de hoy.

Lo primero que hice al salir por el aeropuerto de Pudahuel en Santiago, fue enviar un telegrama a mi madre que decía :

-Madre, salgo rumbo a Europa, aún no sé a qué país. Voy a la libertad. Recuerdos Ricardo.

Esa era la señal que esperaban mi abuela Carmen, mi padre, mis hermanos; pero más que nadie la autora de mis días, la que batalló por mi vida, en cierto modo la arquitecta de mi libertad; mi madre.

La Cruz Roja me entregó la valija de fuelle que compró mi madre para mi primer exilio. Aun la conservo como una reliquia sagrada del pasado.

El policía de aduanas revisó mi maleta y encontró en el doble fondo mi Credencial de dirigente estudiantil , el hombre lo hojeo y dijo con muy mala leche:

-Ud. no es tan angelito po. Vino ha hacer la revolución.

Yo le dije que era un estudiante que estudiaba sociología en la universidad, nada más.

El personero del CIME se dió cuenta e inmediatamente intervino :

-El Sr. está amparado por la Convención de Ginebra, y ya va saliendo del país- dijo taxativo -.

El policía de muy mala cara devolvió la Credencial a su sitio y me dijo entredientes :

-En otra no vengai a hacer tu revolución aquí, cachai -.

Más adelante, miré otra vez el fondo de mi valija y encontré el escapulario de la Virgen del Carmen intacto con el dinero dentro. Benditas sean mi abuelita y mi madre. Pensé agradecido.

Ese dinero me sirvió para tramitar mis estudios. La Credencial me sirvió para recibir solidaridad en los comedores universitarios de media Europa.

A fines de noviembre del 73 arrivé a la tierra del exilio. Al castigo del exilio.

Era tierra fría, tierra de fiordos, con días que eran noches tristes, oscuras, desapacibles.

Con claroscuros helados salidos de un horizonte desolado y gélido, como si hubieran huido de la órbita del sol.

Esos horizontes góticos me sumergieron en la mayor de mis depresiones, hasta el día de hoy.

-Bueno, al menos estoy vivo ! -. Fue mi triste consuelo.

Qué lejos estaba de imaginar que en esa tierra de fiordos conocería los inviernos más duros de mi vida.

Luego todo sería distancia y recuerdos en la relación con mi madre a través de la imprecisión de la correspondencia y los textos estáticos escritos sobre el papel.

Ahora, como no quisiera que el tiempo retroceda. Que la vida me diera una otra oportunidad con su indefinición de poder rebobinar el tiempo pasado para la reparación de mis errores.

Vano intento de querer rehacer la historia.

Solo me quedan los recuerdos dispersos, inacabables, únicos, imperecederos y aislados de los otros recuerdos; los más disipados y mundanos de mi vida bohemia.

Para ella, para mi madre fallecida, son mis recuerdos íntimos y cerrados como en una ermita, rodeados de una dispersión inacabable y sólida, como gavetas secretas de un bargueño del tiempo hecho de maderas preciosas de sándalo y lágrimas de delicado ámbar, guardados en el rincón más íntimo de mi corazón.

-Debería -Yo me acuso -. Haber invitado a mi madre a visitar Europa. Pero no está Europa nórdica, fría, luterana, gótica e impenetrable.

Debería traer a mi madrecita a la Europa católica, la Europa del sur, la Europa del Mediterráneo, la del renacimiento y la ilustración.

La Europa Latina.

Cuando le conté sobre la Virgen de Montserrat en Barcelona -La Virgen Morena-. Ella, inmediatamente se hizo devota de la Moreneta de Montserrat.

Y en sus últimas palabras me pidió que siempre la rezara, y siento que la eligió como el Àngel de mi Guarda.

Es todo lo que puedo decir de mi madre. Más ya no puede mi limitado talento.

Bien sé que las palabras no son suficientes para relatar mi dolor y mi mea culpa por no haber estado a su lado para cerrarle sus ojos.

Me consuela que a mi madre la veré hasta el final de mis días en los gestos, las sonrisas y los genes de mis dos hijos nacidos en el exilio.

Mientras, seguiré caminando en la apatridia de tierras de nadie.

Dña. Fily Aramayo – Florez Tito Zuazo Aramayo

Requiem Im Pax

Invierno Europeo de 2017

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OTOÑO

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SITUACIONISMO ÁCRATA

Después del largo tiempo transcurrido, el problema de la memoria colectiva se vira en  un problema personal, en ese ajuste de cuentas con el pasado, en esas confesiones que se desvelan al convertirse uno en el heredero legítimo de su historia, de sus derrotas y sus victorias.

Hay una fúria compulsiva cuando se ve que los impostores recién llegados a la política obligan a ejercer el olvido y proponen formas más o menos eficaces de amnesia colectiva, entonces nos asiste el último deber de eludir los estragos del olvido; Escribir y dejar el testimonio para los que juzgarán a los impostores.

PÉGAME A MI

                                                               

Fue allá por la primavera – verano del 70. La dictadura del Gral. Ovando estaba boqueando, los obreros y campesinos se habían replegado como siempre.

El dictador les neutralizó nacionalizando el petróleo y usando para esta medida populista a un conocido intelectual de izquierdas.

Los estudiantes habían perdido a varios de sus compañeros asesinados por el ejército y las fuerzas de seguridad y, estaban en pie de combate.

Además su máximo dirigente de la Federación, había sido arrestado en su oficina y conducido a prisión, interrogado durante toda la noche y amenazado de muerte.

Al ser puesto en libertad bajo la presión de organizaciones de derechos humanos, de universitarios, normalistas y la garantía de su padre, un demócrata de toda la vida, asumió sus funciones de dirigente con más vigor y coronado por la aureola de héroe salido de la prisión militar fascista sin claudicar.

-Inf : Presencia, viernes 25 septiembre de 1970-

El gráfico de su liberación con él como el personaje de la noticia, dió la vuelta el país entero, de modo que fue de conocimiento de todo el campanario. Mientras que sus enemigos marginales se morían de envidia.

A partir de ese momento, estaba escrito que había que movilizarse hasta tumbar al dictador militar y, que la Federación estudiantil de inspiración anarquista liderada por él, sería la punta de lanza para este acto heroico de libertad.

De modo que continuaron las movilizaciones de estudiantes. Se realizó un entierro simbólico en homenaje a los jóvenes muertos días atrás. Fue un acto inédito; encabezaba la marcha un quinteto de tamboreros, que al redoble de sus lonjas  levantaban la emoción y la atención del público.

La comitiva, llevaba un ataúd en andas con los nombres de los estudiantes caídos cubierto con la bandera rojinegra, el color del movimiento estudiantil, pero también los colores del anarquismo internacional.

La marcha pasó por las principales calles de la ciudad y se detuvo frente a la Prefectura del departamento. Ahí él fue subido en andas y pronunció un encendido y emotivo discurso de recuerdo a los estudiantes muertos, así como una acusación a la dictadura militar fascista.

Se notaba que desde las ventanas de las oficinas públicas le fotografiaban los agentes del gobierno. En todo caso, fue un acto de protesta limpio y cinsero que sería recordado como tal en los anales de las luchas estudiantiles del siglo pasado.

La Quinta Columna Lumpen .-

Todas las manifestaciones del resto de ese verano, el otoño y la primavera (en invierno hubo vacación ) del año siguiente fueron bien organizadas, concertadas y controladas pacíficamente por todos los delegados y la directiva de la Federación.

Habría sido una gestión normal, eficiente y próspera, sino aparecían los infiltrados.

Estos elementos de barrios marginales, topos venidos de las cloacas del detritus social de las clases bajas. Eran ratas salidas de las alcantarillas barriobajeras. Para llegar a sus madrigueras, había que salir de la ciudad, dejar los descampados, los cementerios, las casas de putas, los muladares sucios hollados por perros con sarna.

Ahí mismo vivían, bebiendo agua de pozo, alumbrándose con mecheros de querosén, cagando en las acequias de regadío y emborrachándose en las chicherias canallas del Latapunco y Cerro Verde.

Eran gente oscura, atroz, de baja ralea, eran movimientos sociales.

Este elemento lumpen tenía instrucciones de realizar atentados violentos, actos de terrorismo y sabotaje en las manifestaciones estudiantiles de la época, querían dar apariencia de ser los más radicales de los radicales, se decían los “pecos”.

En todo caso, se les conocía por sus alias, nunca por sus nombres.

El primero, un enfermo perverso con los niños, asaltó un parvulario de infantes de 4 años en plena faena infantil. Sacandolos a patadas a la calle.                                          El otro, hijo de mineros de algarada de socavón, pretendió volar con dinamita un centro de estudios de inglés con todo el alumnado dentro.

El tercero, un llegado del oriente a buscarse la vida cortando cueros, pintó en la fachada de un liceo público una ofensa a la vida privada de su directora.

Estos delincuentes venían de las chabolas que se conocían como barrios mineros y el otro del cerro El Solterito, este era de oficio talabartero y los otros eran toderos.

Después se supo que las instrucciones que tenían, era principalmente sabotear la labor del dirigente máximo de la Federación, le tenían un odio jurado por su orientación anarquista.

Después del golpe, estos delincuentes se hicieron humo, huyeron como ratas a sus alcantarillas. Uno estuvo de sirviente en una cooperativa, el otro fue taxista y acabó en la cárcel por narcotráfico, un tercero se hizo contrabandista de fármacos desde el Brasil.

Todo el peso de las barbaridades que hicieron estos malnacidos, cayó sobre el dirigente de la Federación cuando éste fue detenido por la dictadura.

PÉGAME A MI

Fue una de las tardes tibias estivales de abril y en plena efervescencia de las movilizaciones.

Se acercaron por la Federación una tribu de motociclistas, propia de la época, los conocidos como : Los Méridas. Estos chavales eran activos simpatizantes del frente  estudiantil ácrata; Bancada desde los tiempos de los Liceos Vespertinos.

Le comunicaron al dirigente de la Federación; que las alumnas de un conocido Liceo de señoritas, bloqueaban una autovía importante cerca al puente de Quillacollo.

Los conductores de los camiones. los buses y los minibuses; gente lumpen y de bajos instintos, como en todas partes, estaban agrediendo a las muchachas a puño limpio, practicamente se estaba realizando una batalla campal.

Èl dijo:

-Y ahora como voy al lugar del bloqueo – se le notaba desesperado -. No hay ningún taxi que quiera llevarme al puente, seguro que tienen miedo.

-No hay problema compañero – replicaron ellos decididos -. Si quieres, nosotros te llevamos en nuestras motocicletas.

-Se animan – les preguntó.

-Para eso somos de Bancada no ?-. Respondieron orgullosos.

-Entonces vamos- dijo él resolutivo, subiendo a la moto de el que dirigia la tribu de moteros, El Mérida.

Arrancaron los bólidos haciendo vibrar los potentes motores Jawa checos de 600 c.c, rumbo al puente de Quillacollo.

Al sentir el estruendo de los escapes sobre dos ruedas enfilando hacia la movilización de las chica del Liceo, pesó por un segundo en las imágenes de la película del momento : Nacidos para Perder. Las pandillas de motociclista hippies en el San Francisco de Jack Kerowac ( será que nacimos para perder ? ).

Llegando al lugar de los hechos, lo primero que vió fue la aglomeración de la gente, fueron pidiendo paso al toque de las bocinas y el flamear de la bandera rojinegra de la Federación al viento caliente de la tarde enfebrecida por la algarada.

Vió a forzudos y sudorosos camioneros agarrando a las muchachas por los brazos con violencia y forcejeando con ellas. Había gritos y bullanga de todos.

Al ver acercarse las motocicletas raudas y con la bandera flameando, los palurdos pusieron a las chicas delante como escudos humanos y se enrrostraron con los jóvenes que llegaban.

Él no tenía muy claro de qué es lo que tenía que hacer, al ver al grupo de alzados camioneros le entró cierto temor y vacilación; pero se sintió impulsado por cierto coraje del momento ante las chicas avasalladas, y al mismo tiempo el deber de dirigente de los estudiantes.

Brincó de la moto y encarandosé con los palurdos  dijo :

-Basta ya, paren el abuso a las delegadas-.

Se acercó al más matón, él que tenía agarraba a dos de ellas golpeandolas y fungia como el jefe de los camioneros.

Sin tener muy definido lo que tenía que decir, salió de sus labios cianóticos por el coraje :

-Sueltalas matón, no las pegues a ellas.

-Pégame a mí !-.

-Yo soy el dirigente de la Federación, yo ordené la movilización.

Envalentonado por la sorpresa de los palurdos y el aplauso emotivo de las chicas, dió dos pasos más hacia adelante, casi pecheando al abusivo y se reafirmó :

-Pégame a mí, carajo, si te crees tan macho !-.

Los matones camioneros se volvieron iracundos hacia él; eran grandotes, de brazos hercúleos, barrigas anchas de borrachones, zafios y miradas torvas.

Él sintió que no andaba sobrado de fuerzas, era flaco, desgarbado, miope y con aire de intelectual precoz, de rockero imberbe.

Con esa fragilidad de pardillo de biblioteca, desolado y bragado al mismo tiempo. Esa era su única fortaleza ante los forzudos y con esa fortaleza les retaba.

Cuando estuvo a punto de retroceder sus dos pasos de avanzada, se vió rodeado por los no menos fortachones Méridas. Estos se pusieron a su lado en abanico y ya se subían las mangas de las camisas en apronte de combate.

-Toquenle cabrones – dijo El Mérida -, y nos sacamos la mierda ya mismo !-.

Asi eran los chavales de Bancada, el frente estudiantil anarquista.

Los palurdos vieron la decisión casi suicida de los jóvenes estudiantes, vieron flamear la rojinegra, vieron que los pasajeros y los viandantes se ponían al lado de

las muchachas, vieron que la tarde declinaba a favor de los libertarios.

Soltaron a las chicas, estas se concentraron rodeando a su dirigente y sus bragados guardianes y empezarona a aplaudir con frenesí, y cantaron la Marselleza.

Fugazmente le volvió a la memoria el film : Nacidos para Perder.

Las tribus urbanitas de “ moteros “ en el San Francisco rebelde de los 60.

Una vez calmados los ánimos y los palurdos camioneros -movimientos sociales- devueltos a la serenidad. Su intervención oportuna en la algarada de las liceanas le valió muchos puntos a favor.

La prensa de la època -Prensa Libre- comentó su actitud valiente como dirigente de la Federación estudiantil de orientación anarquista.

Èl sintió que sobre las circunstancias y la evidencia de los acontecimientos, cruzó el tiempo por encima de las miserias de la historia, porque tenía un aval de libertad que muy bien podía compartir de forma solidaria con todos los estudiantes de esa magnífica gestión que no se repetiría ya nunca más en la vida.

Un dibujante anónimo, publicó un gráfico : Mostraba a un Hulken grandote vestido de camionero, tirando de los cabellos a una chica adolescente y amenazandola con la llave de subir el gato en la otra mano.

Al frente, había un macilento estudiante agarrando su librito bajo el sobaco que se le encaraba diciendo :

Pégame a mi.

El gráfico titulaba; David contra Goliat.

                                                 – o –

TIROFIJO PASÓ POR SOBRE LA HISTORIA

La increible y triste historia de la guerra de los 18.980 días.

“ Mi fusil de tirador austriaco, con su cañón rayado y su magnífica culata de nogal, que tan bien se acoplaba a la mejilla, colgaba sobre las dos camas “.

Adiós a las Armas  Ernest Hemingway -Papi Hé-

Por increible que parezca, en Colombia se produjo una guerra de guerrillas que duró 52 años. Vale decir; 624 meses, o 1.108 semanas, o 18.980 días.

O sea más de medio siglo de zafarrancho de combate.

Una guerra sin precedentes en la historia moderna, quizás, solo quizás, comparable a las guerras infinitas que nos relatan los historiadores de la antiguedad.

Tito Livio s. 17 d. C. o Pericles en el Peloponeso, o las guerras Púnicas: Cartago / Roma, Sagunto / Catalunya / Ródano, Cartago / Mesinisa, o la campaña contra los Partos por Marco Antonio, o las guerras de Cornelio y Emiliano Scipión -los africanos- contra Cártago, contra Hanibal; “ Cártago delenda est “.

Eran guerras que duraban eternidades biblícas; porque debían marchar a pie miles de kilómetros jalando sus pesados “cacharros” de combate.

De mares que se habrían para que pasen las huestes y siga la trashumancia de las guerras durante cuarenta largos años o más. Hasta que los cronistas o los bardos cuenten la historia sin fin en los versos de Esquilo o Sófocles o el cronista eterno Polybio.

La saga de la guerrilla que pretendemos contar en este relato real, es por el puro placer del ejercicio de la memoria y la terquedad compulsiva de la literatura. Porque es la guerra que duró mucho más tiempo.

Fue la más antigua del subcontinente y tal vez del mundo.

Sus pesares y glorias las contaran sus propios protagonistas, los de la base, los que marcharon descalzos por los senderos encharcados de la selva amazónica, los que vadearon sus rios profundos plagados de pirañas con los brazos en alto para no mojar las carabinas, los que sudaron sus fiebres palúdicas y vieron morir o matar.

Sin saber que solo serían tomados en cuenta como un número más en las estadísticas de la guerra cruel y sangrienta de los 18.980 días.

Los que marcharon obligados para que los jefes forjen sus mitos y sus  leyendas.

Los que posiblemente deban hacer el último acto de servicio a la causa; pedir perdón a las víctimas. Sí !, el perdón que dificilmente les será concedido; porque en definitiva el que otorga el gran perdón es Dios (dicen).

Así como aquél guerrillero de Ñancaguazú, un exguajiro del Escambray, que iva y volvía del almacén secreto para buscar los broncodilatadores y la cortisona para aliviar el asma del comandante.

Esa locomotora de la guerrilla del sudeste amazónico, se esforzaba tal véz pensando que contribuía al bien de la humanidad, hasta cuando llegó el tiempo de contar su versión.

Y cuán grande sería su sorpresa al saber que sus otros jefes no aprobaban su testimonio, al contrario le acusaban de traidor, de agente, de infiltrado.

Y pasaría sus últimos días olvidado, amargado y triste en un nosocomio de la vieja Europa sin tiempo de enterarse que ante el somero veredicto de la historia, él sería el héroe de verdad.

De modo que y volviendo a nuestra saga, vivir cincuenta y dos años en estado de alerta, tiene que ser demasiado duro.

La guerrilla, según cuentan los entendidos es marcha y contra marcha, de día y de noche.

Queda en la ficción romántica esos guerrilleros heroicos, delgados como atletas olímpicos, con aureolas de santos, matando gorilas facistas gordos en las selvas profundas, y luego descansando orondos en sus campamentos durmiendo la siesta en sus hamacas caríbes.

Ahora bien, volviendo a dar rienda suelta a la imaginación y los embates de la memoria, suponemos que será material de entomologación de la historia el personaje que con tanta porfia condujo esa guerrilla de leyenda negra o clara, según la juzguen en ambos bandos.

Al que la fundó, le decían: Tirofijo, y parece que no fue un líder teórico, un académico de la insurgencia, uno de esos hombres formados en las universidades al donaire de los estrategas clásicos.

No se pareció, por ejemplo, al ilustrado, enjuto y consumido por la tuberculosis Simón Bolivar de la Santisima Trinidad, tampoco al afrancesado surafricano Tabo Mbeki, ni siquiera al místico cura Manuel Péres.

Se pareció más bien a los caudillos bragados de raíces campesinas del siglo pasado, al estilo de Pancho Villa, Segundo Sombra, Manuel Rodríguez o Antonio Maceo.

Era un campesino, dicen, alzado en armas contra el poder de los godos.

Bien pudo ser uno de esos hombres americanos hechos a sí mismos. Un caudillo de la Costa Atlántica; como el general Uribe Uribe.

El que tan magistralmente nos describe Eligio García Márquez.

Uno de esos hombres productos de la misogenación y el mestizaje de dos civilizaciones a ambos lados del charco, sin complejos históricos, y cruzados por la fuerza de la conservación de la especie, más que por los arrebatos de las pasiones calientes del amor.

Un cruce entre un aborigen silvestre y un caballero templario, un mestizaje de (…) razas, temperamentos, costumbres (…) nos dice Eligio.

Necesariamente tiene que producir un nuevo tipo de hombre; el hombre americano.

Un hombre libertario, quizás como el afamado cacique de la Martinica, ese que se entrevista con el General napoleónico en una isla de las Antillas, y le pide ser ciudadano de la república. El General agradecido le confiere la escarapela con la bandera francesa, y como el cacique no usa chaqueta, le prende la insignia patria en el taparrabo y le declara: Ciudadano de la República Francesa.

Estos líderes naturales suelen ser altos, de ojos silverados, tez blanca, poblados mostachos y envueltos en un aura de soledad.

En los días tristes de la carceleta de Viacha, allá por los setenta del siglo pasado, tuve la oportunidad de conocer a uno de ellos.

Era un hombre que sobresalía del montón, alto, blanco, de nariz aguileña, ojos claros, mostachos de bagre, voz profunda, dotes naturales de mando y carisma a toda prueba.

Era genuino, espontaneo, sin posturas prefabricadas.

Era un campesino rico de los valles de la Villa de Oropeza, había cursado todos sus estudios básicos y picoteado los dos primeros años de la Facultad de Derecho, tenía una virtud de sensibilidad social y además; tenía una historia que narrar.

Sentados a la bartola, respirando el aire frio de los Andes y pastoreando al tiempo, me dijo :

“ Cuando nos dimos cuenta que la guerrilla del argentino-cubano tenía serios problemas rodeado por dos cercos impenetrables del ejército, comprendimos que había llegado el momento de actuar para darle un balón de oxígeno “.

“ Decidimos levantarnos con un otro foco insurgente, no con la intención de tomar ningún poder; sino, dar batallas contundentes y demoledoras contra el ejército, de modo que los milicos dividan sus fuerzas en dos frentes, debilitando sus dos cercos al cubano-argentino para que este pueda salir en pos de su retaguardia “.

No dijo más. Sin embargo yo sabía que efectivamente allá por los sesenta, se detectó un grupo armado en la sierra alto amazónica del Mosetenes, en los contrafuertes de ceja de selva conocido como : Cuatro Tetillas.

Desgraciadamente y por los imponderables de la política  “ altoperuana “ el campamento cayó en poder del ejército.

Uno de los represaliados en aquél entonces, fue el Comandante del Mosetenes.

Ese hombre idealista puro con una enorme sensibilidad social a toda prueba. El hombre con quién nos sentábamos a la bartola del frio andino en una cárcel clandestina de la dictadura.

Los “ porqués “ y los “ comos “ de la caída de esa insurgencia, es otra historia perdida en los meandros de los levantamientos armados del siglo pasado.

EL REQUIEM DE LOS FIERROS

A la muerte de Tirofijo, la guerrilla ya había cumplido la parte épica de su ciclo histórico.

Los tiempos habían cambiado, la guerra fría terminó y el imperialismo tenía otras guerras lejanas que atender.

La prensa mundial mostraba a los viejos comandantes hipertensos, obesos, con golondrinos en los sobacos, testículos herniados, sabañones en los pies y mucho más mortales que los demás mortales.

La guerrilla ya no corría, caminaba y con dificultades de nonagenario. Y el país mostraba su cansancio de medio siglo de violencia indiscriminada.

Entonces, como todo libreto de tragedia sin límites, estaba escrito que había que firmar La Paz.

Un conflicto armado, como toda guerra deja mucho dolor y muchas víctimas y por lo  mismo La Paz requerirá un esfuerzo de relojería negociadora apelando a todas las artes de la dialéctica sobre la mesa.

Andando el tiempo, ya en el balance frío de la guerra de los 18.980 días, se recordará a Tirofijo como el hombre que transitó por sobre la historia, desde un modesto campesino maderero a comandante indiscutible hasta el día de su muerte.

Spinho   –   Verano  2016

                                      —   o   —

EL RANCHO É LA CAMBICHA

Ocurrió un septiembre u octubre de 1972 ( la memoria ya nos falla).

La dictadura construyó un penal de alta seguridad en el altiplano andino en una zona militarizada por el ejército Tarapacá.

Una prisión que pretendía parecerse a las prisiones de máxima seguridad que se implementaron en la Europa de la guerra fría para los militantes del IRA en Inglaterra, las Brigadas Rojas en Italia, los de ETA en España y los Baader Meinhof en Alemania.

Para este macabro proyecto de la dictadura, se utilizó una vieja casa de hacienda confiscada por la revolución nacional del MNR hasta ese momento usada como escuela rural de niños campesinos.

La vieja casona había que adaptarla para ser penal de máxima seguridad, en esa faena un día de septiembre, el matón de agentes de la carceleta de Viacha conocido con el alias de Lulemán, me escogió junto a otros tres presos jóvenes y nos llevó a pintar las celdas de la futura cárcel de seguridad a punta de carabina percutada.

Al tiempo de obligarnos a trabajar apuntandonos con sus armas nos decía el agente :

-Ahora a pintar subversivos de mierda.

-El día que caigamos, seguro que ustedes tomarán el poder; pero a mi no me van a ver ni el pedo. Y mientras yo los voy a cagar.

Este sujeto y otros de su misma carroña, apareserían en el siglo posterior reciclados en los llamados movimientos sociales.

La casa de hacienda en cuestión, era una construcción antigua, con un patio cuadrado grande rodeado de cuartos en dos pisos. En los de arriba estaban los policías, en los de abajo las celdas de los presos políticos.

Bajo las gradas habían las celdas de castigo e incomunicación, en los canchones de atrás los mingitorios o cagaderos y los cuartos de tortura..

En medio del patio central había una especie de tarima de piedra negra, en cuyo centro se alzaba  portentoso un viejo y centenario roble, grueso, largo y tan antiguo como la ex casona de hacienda del tiempo de la colonia.

De modo que, en los secos prados del entarimado de piedra, donde posiblemente se reunían a tomar el té o los aperitivos los dueños de la propiedad en épocas pasadas, nosotros improvisamos un fogón y colgamos en un trípode una caldera o pava para hervir el agua y cebar el té o el mate.

Esa ocurrencia de matar el tiempo en los días tristes de la cárcel se nos hizo una costumbre de todas las tardes, alguno tocaba la guitarra y a veces cantábamos lánguidas chacareras o conversábamos sobre los planes inciertos para cuando nos tocara la libertad con su varita mágica.

A ese le lugar le pusimos el nombre singular y poético de : Rancho è la Cambicha.

Los que nos juntábamos todas las tardes éramos los llamados “ Intelectuales “ o chicos malos en el argot de los tiras.

En efecto, fuimos los estudiantes, profesores y profesionales. Los demás presos nunca se acercaron al Rancho é la Cambicha.

Un par de veces yo trepé al roble para cortarle una ramas al profe de artes plásticas, quién pintaba marineras cortando la madera en discos.

Ahora bien, lo que no podíamos imaginar; es que los tiras espiaban con suma atención al grupo de tertulianos que nos reuníamos alrededor del fogón todas las tardes.

Estos tomaban nombres, sacaban fotografías, sacaban conclusiones, sospechaban que ese grupo de presos rebeldes, intelectualoides trasnochados, tramaban algo, y ese algo no podía ser ni más ni menos que una fuga.

Esa sospecha fue tomando cuerpo hasta convertirse en una certeza en las mentes enfermas de los agentes y, acabó en una represión interna en el Penal de Alta Seguridad al poco tiempo de dejar yo ese centro de tortura saliendo al exilio.

TESTIMONIO

En febrero de 1973 fui evacuado del Penal de Máxima Seguridad de Chonchocoro al Ministerio del Interior para un último interrogatorio.

Había pasado casi dos años en dos campos de concentración, había sido acusado de ser el autor intelectual de las movilizaciones de estudiantes desde mi celda de confinado en una isla del lago Titicaca.

Con orgullo debo decir que no me rajé en la cárcel, no di nombres de nadie, cargué con todas las acusaciones contra la Federación de Estudiantes.

Envié una carta pública, lo que nadie se atrevió a hacer porque estaban cagados de miedo, a una reunión de estudiantes falangistas en el oriente.

En la carta pública, me reafirmaba en mi condición de máximo dirigente estudiantil elegido en Congreso y, les conminaba a que pidan mi libertad y la de todos los estudiantes presos. Estos -los estudiantes presos- apoyaron mi valiente planteamiento; pero tuvieron miedo de firmarlo, de modo que di la cara solo.

Una vez caída la dictadura, dos sucios delegados revisionistas de Cochabamba y Santa Cruz que nunca fueron perseguidos, menos presos, y cohabitaron con el banzerismo, quisieron ensuciar mi nombre y mi trayectoria mencionando mi carta pública a la dictadura desde la cárcel de Viacha.

Yo les pedí que publiquen la carta, no lo hicieron por cobardes, sucios y por revisionistas militantes quebrados del PCB.

Estos cretinos responden a los nombres de: David Aguilera Peres de Santa Cruz y su secuaz Alejandro Almaraz de Cochabamba.

Como todos los funcionales populistas, estos ( Aguilera-Almaraz ) acabaron de lameculos de la indiada en el siglo posterior.

Yo seguiré denunciando sus nombres hasta mi último aliento de vida.

La dictadura con motivo de su  “ Anmistia de Pacificación “ puso en libertad un grupo de presos, entre ellos los que se decían; peces gordos, y eran altos dirigentes sindicales (FSTMB – S. Cabrera).

Todos se fueron a sus hogares al seno de sus familias.

Yo; Ricardo Cauthin Aramayo, fui el único en salir al exilio.

Este estudiante de 19 años no tenía derecho a la libertad, y como la dictadura temía tenerme en sus mazmorras porque los estudiantes estaban movilizados, me expulsó de su país de mierda, de su reino de pesadumbre, hasta nunca jamás.

Modestia aparte; Si la dictadura me expulsó al exilio, fue porque ; Me Tuvo Miedo.

Andando el tiempo y ya como un sobreviviente de la Operación Cóndor vagando por tierras del exilio en la vieja Europa, me encontré con uno de los presos de Chonchocoro -el doctor-.

Me dijo que a las dos semanas de mi salida, los tiras allanaron las dos celdas de los presos que nos juntábamos en el Rancho é la Cambicha a cebar mate.

Les acusaron de organizar una fuga, sindicaron al prof. de dibujo como cabecilla, le torturaron en los canchones de atrás, y también dijeron que él me hacía trepar al centenario roble para que le pase datos de la altipampa y el dibuje un plano expedito  para la fuga.

Los presos de esas dos celdas fueron bajados al Ministerio del Interior para ser interrogados por el temible capitán Mena.

Así se cierra otro capítulo de la lucha por la democracia en el siglo pasado, entre los presos políticos de un círculo de tertulia llamado: El Rancho é la Cambicha en un Penal de Alta Seguridad del banzerato

Por la memoria de los caidos en la lucha por la democracia y la libertad, estamos obligados a rescatar la Memoria Histórica.

RICARDO RAUL CAUTHIN ARAMAYO-FLOREZ

Porto Goia Otoño de 2016

Juni

4427_001-page-0EL GRITO DEL SILENCIO

“ La literatura o la vida “

Jorge Semprún – Filósofo y Memorialista.

SITUACIONISMO LIBERTARIO

No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas,

y cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño

ambiente de tus personajes.

De los que bien pudiste haber sido uno de ellos.     H.Q.

EL SILENCIO

Después de años de negación de la memoria histórica a la resistencia al militarismo fascista.

No queda más que el silencio de los nuevos dueños del poder, que es en los hechos; una tácita aceptación de la diletancia dictatorial militar:

-La culpa la tuvieron los políticos-

Por increíble que parezca, nadie ha sabido gestionar el silencio con tanta maestría como el populismo de este siglo.

En ese silencio se pierden los caídos por la democracia.

En ese silencio agoniza la memoria.

En ese silencio se extravía la historia.

En ese silencio se envilece el testimonio.

En ese silencio se difuminan las cruces de los camposantos.

En ese silencio se revuelven los enterrados sin nombre.

En ese silencio claman las osamentas en las cunetas de los caminos.

En ese silencio gimen los desaparecidos.

En ese silencio no aparecen los niños secuestrados.

En ese silencio lloran las madres a sus hijos represaliados.

En ese silencio recuerdan las viudas a sus compañeros ejecutados.

En ese silencio sentimental se pasea el amor y la muerte.

En ese silencio la extraña condición  del hombre finge amar lo que odia.

En ese silencio la extraña condición del hombre lucha por lo que no quiere.

En ese silencio la aberración del primitivo se convierte en símbolo de la masa.

En ese silencio asumimos el placer y el deber o el deber y el placer.

En ese silencio alimentamos nuestro pesimismo histórico compulsivo.

En ese silencio analizamos los síndromes patológicos de la entomología social del “ sujeto enfermo “ que ha parido este siglo maldito llamado XXI.

Por increíble que parezca, nadie ha sabido gestionar ese silencio tan magistralmente como el populismo de este siglo malo.

En el fiel de la balanza a veces está el azar, la imperfección congénita o la confianza de quién se atreve a cruzar la frontera de lo imposible en tierras de nadie; para poner a salvo el verbo, la palabra, el testimonio, la crónica, el testamento o el epitafio.

La neo historia que escriben los impostores sobre los rudimentos de la democracia, no tiene porqué ser eterna; porque está escrita al calor de la euforia de la emergencia esquinera vengativa del bajo plebeyaje.

Si es verdad que la memoria se vacía en la eternidad del marmol en el instante en que la muerte le suelta el aliento.

Si es verdad que también proyecta los episodios mortales de toda una vida antes de apagarse.

Si es verdad que parece inflexible al tiempo, como la mirada de la esfinge.

No habrá que pensar que todo se perdió por segunda vez y para siempre.

Entonces; la literatura, el arte, la ilustración, el cine, los libros, el renacimiento, la música, la historia, el teatro, las crónicas, las pantomimas y los relatos transmitidos de generación en generación en las sagas familiares, mostrarán el silencio que estuvo gritando en los meandros del tiempo del oscurantismo.

Será el tiempo de : EL GRITO DEL SILENCIO.

CRÓNICAS DE PUDAHUEL

LA CALLE LONDRES

Eran los días del bochorno veraniego santiaguino del 73. En la Universidad se vivían  tiempos de euforia; por qué el “ proceso “ pasaba por su cenit, y por lo mismo por sus momentos más difíciles.

Las contradicciones se radicalizaban no solo entre la izquierda y la derecha; sino, en la propia izquierda.

Había quienes proponían ralentizar y quienes deseaban acelerar el proceso de la Unidad Popular.

Santiago era una ciudad cosmopolita, moderna y liberal, donde la juventud vivía a toda marcha la llamada nueva ola, al más puro estilo del San Francisco hippie de los setenta.

La movida que se la conocía como “carrete”, marcaba nuestro quehacer entre el estudio, la política y la farándula noctámbula. Igual sonaba Bob Dylan como Inti Illimani, Jhon Mayal como Quilapayun, Joan Baez como Violeta Parra, Carlos Santana como El Temucano o Pink Floyd como Los Jaivas.

En las jornadas universitarias hicimos amistad con militantes jovensisimas  del Partido Socialista radicalizadas al extremo que metían miedo.

Eran sobre todo “chiquillas burguesitas” que pasaban por su etapa activista de idealismo a ultranza conocida como : desesperación pequeño burguesa.

Nos hicimos muy amigos de ellas y fuimos invitados asiduos a las tertulias “ político-sociales “ en su sede de calle Londres. Esta quedaba en la esquina de Alameda hacia plaza Italia, doblando a la derecha en la curva donde todo el tiempo giraba un tiovivo para alegría de los niños, dando paso hacia la calle Londres.

Era la calle Londres – de acuerdo a las brumas cada vez más difusas de mi nostálgica y decadente memoria -; una calle de edificios de modernismo tardío, prosopopéyico. Con el encanto de las policromías de sus casas, para mí, de estilos obsoletos y abolengos victorianos y, quizás por eso tan a su aire del nombre de: calle Londres.

Por dentro era una casa señorial, con vigas de estilo capitel corintio, una balconada como alero medioeval en el piso superior con cuartos de puertas ojivales que se abrían y cerraban con los transeuntes a todas las horas del día.

Había corredores de maderas nobles y viejas con escaleras oscuras y algún ángel caído en la penumbra de la chimenea apagada del salón central.

Las bombillas eran insuficientes, opacos los cristales, todo el conjunto mostraba una arquitectura teatral de atrezzo penoso, decadente y de abandono.

Era una casa que me daba cierto miedo, me acojonaban sus ambientes tétricos.

Posiblemente, fue lo que se llamaba una “ toma”, es decir una expropiación al calor del proceso.

Yo siempre la llevo en el recuerdo como una casa misteriosa, hasta cierto punto terrorífica por lo grande y oscura (el tiempo me daría la razón).

Estaba llena de afiches, libros, pinturas, rollos de papel, material de “agit-prop” del partido y mucha gente durante el día en el trote de la movilización conocida como; “ la defensa del proceso”.

En esa sede de ambientes semi oscuros hubo mucha alegría y mucha militancia.

Una vez por semana nos reuniamos para intercambiar pareceres sobre la “ Vía chilena al socialismo “, y como podíamos aportar con nuestra juventud a esa posibilidad que nos regalaba la vida y que no se repetiría ya nunca más.

Tuvimos fiestas, peñas, alegría, acontecimientos familiares, relación más militante con compañeros / as que venían de poblaciones que rodeaban al gran Santiago.

Mucha empanada, mucho vino y mucho cahuín. Parecía eso, solo parecía, que el socialismo no solo era posible, sino que era la solución a los problemas antiguos e integrales de la humanidad.

No nos enteramos o no quisimos enterarnos de las duras purgas estalinistas en el llamado Pacto de Varsovia. Tampoco percibimos en toda su dura dimensión los sonidos de sables en los cuarteles, ni los tambores de guerra del golpismo.

Aceptamos como cándidos principiantes de que el ejercito respetaría esa democracia de tanto arraigo y tradición en todo el hemisferio sur.

De modo que en la sede de la calle Londres se vivía con una euforia revolucionaria del día a día, como el canto de la cigarra en el veranito de la democracia.

Hasta que el bando militar del 11 de septiembre nos despertó a la dura realidad.

Realidad confirmada por las palabras de despedida de Salvador Allende en los micrófonos de radio Magallanes.

Entonces fue; el sálvese quién pueda !.

En los interrogatorios del campo de fútbol de Santiago, nos preguntaron varias veces sobre la calle Londres, guiados por el instinto de conservación, negamos conocer esa dirección. Y tuvimos la certeza de que ese lugar y otros, estaban siendo vigilados por los golpistas con bastante antelación.

Ya en tierras de exilio y lejos del calvario de la represión, nos enteramos con horror que las dependencias de la calle Londres estaba siendo usada por la dictadura como casa de tortura y ejecución de presos políticos.

Cómo sería lo terrible del matadero de calle Londres que la gente empezó a llamarla : La casa de Drácula.

Nuevamente se graficó en mi memoria el ambiente de la casa que me pareció terrorífico en las jornadas del verano del 73. Llegué a pensar que todo fue un mal sueño, una pesadilla, una traición del sub consiente del pasado lejano e incierto.

Hasta que una vez y por casualidad conocí a una cubana que me dijo que se entrevistó con exiliados chilenos en La Habana y que le comentaron sobre la sede de la calle Londres. No le dí mucha importancia y pasé del comentario como huyendo del pasado. Ella se dió cuenta y en otra oportunidad, me soltó a boca de jarro :

-También – dijomé -. Conocí a tu novia, la de la calle Londres !.

-Hajá – le respondí -, a cual de ellas ?.

-No seas cínico chico ! – se molestó -, conocí a Palmira.

Y me golpeó el recuerdo triste de un tiempo que fue, tiempo violento, tiempo de amor, tiempo de compromiso y de militancia.

La cubana me estaba hablando de una de  las “chiquillas burguesitas” de la universidad, con quién tuve un pololeo hasta la víspera de mi caída en prisión.

Palmira, la noviecita burguesa, la que lo tuvo todo en la vida, la que luchó por un ideal que no pudo ser. Me disculpé ofuscado de la cubana y partí a digerir mis recuerdos.

Se me ocurrió pensar : Si no hubiera habido el golpe, si no hubiéramos salido en desbandada, todo sería distinto.

Estaríamos viviendo en una cabaña con tejado de dos aguas, aislados en una cala del mar con oleaje reposado de poniente y de levante, degustando el aperitivo con sendas copas de Marie Brizard, quizás con nietos, dos dálmatas perezosos sobre la alfombra de lana de llamito. Y, nosotros escuchando embelesados una sonata de Schumann o Todos Juntos de Los Jaivas o a Leonard Cohen y al Temucano, mirándonos a los ojos cansados y envejeciendo de amor y de recuerdos.

Pero no !, no sería así, nunca sería así. Los finales felices solo están escritos en los cuentos infantiles o en las novelitas cursis.

La vida nos deparaba episodios más tristes y terrenales :

Las jornadas en la Universidad de Chile, la calle Londres, las convivencias, la militancia, el golpe de estado, la represión, el exilio. Palmira viviendo en algún lugar del Caribe y este servidor vagando por playas lejanas.

Ese sería el peaje de la lucha por la libertad.

Al hacer el inventario de la memoria, no podemos olvidar los “ mataderos clandestinos “ que hizo la dictadura, todas las dictaduras, como el de la calle Londres.

Playas de Spinho.

LA DEMOCRACIA TIENE NOMBRES Y APELLIDOS

La democracia desde sus orígenes con Hesiodo y Solón, es hija legítima de la doctrina política con el nombre propio de Clístenes El Reformador y, de cuyos orígenes nos cronican Pisístrato y Pericles, ambos miembros prominentes del partido “ demokratia “. Como resultado es el surgimiento de la ilustración después del triunfo de Tebas (371 a C) con Demóstenes, Platón y la creación de los Ateneos.

Las democracias burguesas que surgen después del levantamiento de La Bastilla y la abolición de la monarquía (Los Capetos) proclamando la I república y luego El Directorio, tiene nombres ilustres como: Condorcet, Mostesquieu, Marat, Dantón y muchos otros. Estos pensadores son los nombres propios de la democracia universal.

La masa, la turba, el populacho, etc. no tienen nombre, son la sombra iletrada detrás de los ilustrados revolucionarios (ya lo dijo en su momento Lenin).

A principios del siglo XX, surgen las llamadas “ Democracias Populares “, que de populares no tienen nada; porque son autocracias de los partidos dogmáticos estalinistas corruptos y sectarios.

El buen pueblo solo les sirve de telonero para la propaganda social imperialista. El nombre que usan se llama : partido.

En las décadas de los 50-60-70 y como consecuencia de la guerra fría se desata una feroz represión contra los demócratas en el tercer mundo.

Los que reprimen son los ejércitos fascistas asesorados y subvencionados por el Pentágono y la CIA.

En esa lucha desigual con miles de muertos, desaparecidos y represaliados, la democracia vencedora al final de la contienda, tiene nombres y apellidos generalmente de ilustres pensadores de las clases medias.

Se tendría que escribir listas larguisimas de estos héroes para imprimirlas en la eternidad del marmol de la historia; pero, es la memoria quién tiene que recordarlos para el juicio de otras generaciones venideras.

Los movimientos espurios que tomaron el poder en este siglo XXI con malas artes de tahures populistas, desean borrar a toda costa aquella epopeya mítica y heroica de la lucha por la democracia; pero sobre todo, quieren borrar los nombres y apellidos de los mejores hijos de la libertad en el continente americano.

Abolida la lucha de clases y la república en algunos países de la periferie tercermundista, alagan con desmesura a sus movimientos de aluvión, sus aglomeraciones oscuras, sin rostro, sin voz, sin nombres, menos apellidos.

Ese magma que antes que material sociológico, es carne de psiquiatría de masas.

En esas sociedades tribales, simplemente no hay democracia, hay caciquismo precolombino.

ASAMBLEA DE EX PRISIONEROS POLÍTICOS DE CHILE

Continuando con los nombres propios de la democracia, queremos resaltar en APATRIDIA la labor de rescate de la Memoria Histórica del colectivo: Asamblea de EX presos políticos de Chile.

Estos valientes compañeros en un hecho con muy pocos precedentes, no olvidan a sus militantes caídos en la lucha por la libertad y, constantemente están recordando los nombres de sus héroes y, denunciando a los verdugos de la dictadura, hoy, reciclados en la sociedad actual (como pasa en los regímenes étnicos).

Adelante compañeros, rescatar la memoria nos lo piden; los caídos en la lucha, los descendientes, los que quedamos para el testimonio de la historia y también el relevo de las otras generaciones, para que nunca más se vuelva a producir el desmadre fascista.

LA DEMOCRACIA ES HIJA LEGÍTIMA DE LA LIBERTAD; por lo mismo tiene nombres y apellidos propios.

Los movimientos espurios y autoritarios étnicos SS-XXI son BASTARDAJE de los dictadores fascistas del siglo pasado.

Ni olvido. Ni perdón !.

RELATO  (9 años después)

MAMÁ ! QUIÉN FUE EL ABUELO ?.

Eran las vísperas de la navidad del 2025.

Había un ajetreo feliz de la preparación de las fiestas pascuales en su ático moderno de Majorna

Daban los últimos toques para pasar la nochebuena; Que si el árbol navideño, los regalos del Jul Tomte, los aperitivos, los arenques, los encurtidos variados, el jamón, las ensaladas, los quesos, la fruta azucarada, los maceteros recargados de flores, dos gatos remolones moviéndose entre los paquetes, una bandeja de bebidas, el glögg calentado en el sámovar, el film Kalle Anka y, un quinteto de clarinetes insistiendo con Héliga Natt en el equipo de sonido.

Era una próspera familia burguesa bien avenida y moderna, esa que los suecos llaman : Högutbildade.

Ella a sus 43 años, regentaba  sus dos clínicas dentales y también dictaba una cátedra en la facultad de odontología de la Universidad de Gotemburgo.

Su marido administraba las clínicas dentales y atendía una otra empresa familiar.

Alegraban el hogar dos hijos; un niño y una niña que llegaron como un regalo de la vida, o como una bendición de su abuela lejana que vivió en el fin del mundo, y que tanto la quizo.

El tio, su hermano, estaba ausente viajando por su trabajo alrededor del mundo en la compañía aerea Quantas.

Afuera, todo era calma y silencio, desde el balcón del ático podía verse la ensenada del puerto bañado por la luz de los semáforos como luciérnagas mágicas que se reflejaban en el manto blanco de la nieve de diciembre, con una luna congelada y de sonrisa apagada. Bajo el campanario había una placidez de oración y recogimiento esperando el nacimiento del redentor allá en los desiertos de Galilea, donde señalaba con su luz la constelación de Orión.

De pronto, momentos antes de las doce campanadas de la media noche.

Ella se paró y cogió una rosa roja de entre las flores del búcaro, una rosa de un rojo tan intenso que parecía bañada en sangre y dirigió sus pasos hacia el dormitorio con una seguridad compulsiva como si fuera un acto largamente planificado.

Un ritual privado de homenaje a la memoria de ese hombre atormentado que partió para siempre jamás.

Un ceremonial de anomástico en la víspera de cada navidad.

Su hijo mayor que no le perdía de vista, siguió sus pasos tras ella y abriendo la puerta del dormitorio espió sus movimientos.

Ella, sacó del cajón de sus recuerdos una fotografía en blanco y negro enmarcada en madera de ek, la colocó sobre el velador en el lugar más discreto, casi escondido, puso la rosa delante de la foto, encendió una vela navideña, y se quedó un momento en silencio, como en un trance de oración en un instante distinto que no era el suyo en ese acto sacramental a la memoria de ese hombre que fue su padre.

Al volverse para salir se topó con la presencia del niño que le observaba intrigado. Quién, con toda la inocencia de sus siete años no pudo frenar su curiosidad y preguntó :

-Qué haces mamá ?.

-Ven acércate -le respondió-. Estoy prendiendo una vela al recuerdo de tu abuelo, mañana es su cumpleaños.

-Mañana es Navidad mamá – dijo el niño.

-Sí es Navidad; pero, también es el onomástico de él (señaló la foto).

El niño miró la fotografía. Era un “ daguerrotipo “ antiguo del siglo pasado. Mostraba a un hombre joven, un adolescente, vestido de frac blanco con palomita negra, al estilo de la moda de allá por los sesenta.

Se veía un rostro entre serio y triste, como si presintiera su futuro incierto y dificil.

La mirada de ojos pequeños intensa y melancólica, el peinado a lo James Dean de la época, la nariz un tanto “ñata”, el mentón alzado, los labios carnosos y los rasgos castizos por una mezcla de razas distintas de varias generaciones de sus antepasados.

No tenía mucho que ver con los rasgos escandinavos del niño, su nieto, quizás más con sus genes maternos.

El niño sintió nacer en sus entrañas una pregunta que venía del fondo de sus ancestros genéticos :

-Mamá ! . . . Quién fue el abuelo ?.

Ella no esperaba esa pregunta, y menos en ese momento.

-Hee -dijo un tanto turbada-. Tu abuelo, mi padre, fue un hombre que tuvo muchas historias según él decía. La verdad es que él era una historia y la dejó contada en un blog de su memoria. Fue un personaje de otro tiempo, de cuando los hombres eran soñadores y con ideales de rebeldía.

-Y qué le pasó ? . . . de qué murió ?.

-Tu abuelo fue un hombre que luchó por la libertad y contra el olvido. Yo creo que fue en alguna medida un valiente, un “ Frihets Kämpe “ de los de aquellas épocas y se murió.

Del fondo de la sala llegaban los acordes del “ molto vibrato “ de los villancicos de la Navidad, se acercaba la hora del nacimiento del nazareno.

-Mañana -dijo ella apresurada- te muestro el blog para que te enteres.

Y jaló al niño hacia la sala.

-Mamá – se resistió el niño – dime de qué murió el abuelo.

-Tu abuelo -respondió inclinándose y enfocandolé con su mirada color melaza.

-Al final, se volvió un cobarde, se cansó de vivir de su pasado y, . . . se suicidó !

.

Le tomó de las manos con decisión de madre, y se dirigieron presurosos hacia las notas del villancico navideño y las campanadas de la Navidad del 2025.

Spinho 6 de Junio, día de San Norberto en el Santoral católico portugués.

Día para la memoria :

6 de junio de 1971. Una lancha se acerca rauda desde el estrecho de Tiquina en el lago Titicaca al campo de concentración de la isla de Coati.

Todos los confinados miramos asombrados como la lancha atraca en el pontón improvisado y, salta con una agilidad de mono el temido gobernador de la carceleta de Viacha el negro Linares.

Conversa con el encargado del campo de concentración haciendo ostentación de su “ riñonera “ de cuero negro con una magnum 45.

Inmediatamente, gritan mi nombre a que baje al muelle con mis pertenencias.

En las ciudades los estudiantes están movilizados por la concesión del servicio pre-militar, y la dictadura me acusa de ser el principal promotor de esa movilización por mi condición de dirigente máximo de la Confederación de Estudiantes.

Ese 6 de junio de 1971 es también el Día del Maestro y soy evacuado a Viacha para un nuevo interrogatorio.

6 de junio, día de San Norberto en el Santoral, es también el onomástico de mi padre QEPD. A casi tres décadas de su fallecimiento; cuanto lamento no haberle obedecido y haberme ido de ese país de pesadumbre siguiendo su consejo.

EL PERFIL DE UN DELATOR

Era un sujeto del montón, uno que se podía perder en la oscura muchedumbre. Un individuo de no más de un metro y medio de estatura, con una musculatura de estibador o changador.

Su cabeza cubierta por una hirsuta y gruesa melena negra brillante de grasa. El cráneo macizo, el cerquillo de pelo le colgaba por encima de sus cejas y no se le notaba la frente.

Su nariz achatada, su barbilla y sus pómulos eran duros, compactos y aplastados como la cara de un boxeador.

Su rostro era una máscara dura, un instrumento hecho para golpear y recibir los golpes de la vida.

En el campo de concentración de la selva trabajaba alegre, cargaba troncas con facilidad sobre sus piernas cortas y gruesas y cantaba sin parar una melodía de su tierra.

Hacía muecas, reía, insultaba, escupía y rugía como si tuviera pulmones de plomo. Se encaramaba en los árboles con facilidad de simio.

Una vez se perdió en la selva y dijo que durmió de lo mejor enganchado en una rama y amarrado con su cinturón.

Andaba por el campo de concentración con una frazada colgada de su hombro, arrastrandolá por lo corto de su tamaño, llevaba una baraja sudada y sucia, y desafiaba a jugar a las cartas sentándose en el suelo.

Los que le conocían, decían que se ganaba la vida en timbas de navajeros.

Por lo mismo, de su vida de hombre libre, sólo sabían sus paisanos de sus pagos orientales confinados en el mismo grupo.

Para el resto de los confinados, nos exigía un enorme esfuerzo de fantasía imaginarlo en las calles como un hombre y civilizado.

Decían que fueron a despedirle un montón de chicos, sus hijos. En todo caso, en el tiempo que estuvo en al campo de concentración, nunca le llegó nada, nada de nada, ni recados, ni saludos, nada, era un olvidado de las miserias de la vida.

Viendo su actitud, se podía resumir que tuvo ocupaciones várias para ganarse la vida. Alguna vez peleó con otros más grandes y vimos que usaba su cabeza como un combo para golpear al contrincante.

Decían los orientales que se ganaba la vida en los mercados populares y que en la universidad correteaba falangistas a tiros.

Su actitud montaraz le hizo notable en la supervivencia dura de la selva virgen, mostró dotes de cazador, pescador, caminante y timador. Estaba pertrechado de la astucia silvestre para la sobrevivencia.

Los agentes se paraban a mirarle, parecía que para él nada resultaba imposible, sus ademanes safios y vigorosos denotaban a un sujeto batido en todos los albures de la vida.

Mientras cargaba troncas, siempre cantaba su melodía favorita, se paraba y escupía, comía de todo sin tener diarreas ni vomitar.

En traje normal de hombre libre, nos costaba un profundo esfuerzo de ficción imaginativa verlo como una persona normal y útil a la sociedad.

En la vida vigilada del campo de concentración en cambio, negados todos de autocontrol y conciencia, él encontró su habitat y se parecía verosimilmente feliz..

Cómo es que este sujeto me delata al tiempo de huir del campo de concentración en la selva del Alto Amazonas conocido como El Madidi ?.

Y por qué ?.

Spinho – Junio, verano – 2016

RICARDO RAUL CAUTHIN ARAMAYO-FLOREZ

April

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SITUACIONISMO  LIBERTARIO

La memoria es inevitable e innegociable.

“ Yo soy el único responsable de todo, lo bueno y lo malo, que se haya hecho en Francia “. J.M.R.

Molesta ! . . . que molesta ?.

En estos tiempos de intolerancia sociológica de los que se creen poseedores de la verdad universal, de la pureza de la raza, del absolutismo religioso y de la metafísica, les molesta la opinión de libertad, democracia, racionalismo socrático y estética pre-rafaelista.

Nuestra opinión les molesta, a los tibios críticos, a los pacatos opinadores, a los consentidos del poder, a los maulas deliberantes, a los conformistas con las migajas, a los obedientes contertulios, a los fatuos conmilitones, a los complacientes asesores, a los comprados y vendidos amanuenses, en definitiva les molesta, a ese magma esquinero llamado : Populismo

Les molesta de sobremanera, la opinión quizás no erudita; pero valiente y certera de los escribientes en la redes, porque les regurgitan en la cara su repulsa, su rechazo y negación en este tiempo de diletantismo.

En mis épocas de estudiante anarquista, quitábamos a los ricos para darles a los pobres ( toma de la mina de plomo de Huertamayu 1970 ). Ahora hay que quitarles a ellos la maña de las corruptelas para dársela a la ley universal y al derecho.

Así vamos por la vida, y eso también les molesta.

-Pero hoy no es un día como los demás; Los negacionistas, no pasarán por la Sierra, por Moncloa, por A Coruña, por el Jarama, por el Ebro. No pasarán !.

Cinema Pza. A.M. Madrid 1936

EL DIABLO MARCA MIS PASOS

A partir del medio día aciago de aquel septiembre de 1971, a exactamente un año de mi elección como dirigente de la Federación de Estudiantes, fui detenido por fuerzas de seguridad de la dictadura en la casa de mi padre, a la vista de los viandantes de la plazuela colindante a la fábrica de mi progenitor.

A partir de ese acontecimiento sucedáneo en mi vida política, recordado como retazos de un tiempo misterioso, maldito y a veces, solo a veces, heroico. Tuve la premonición que acabaría convirtiendosé en certeza de que : el diablo marcaría mis pasos por todo el tiempo que durase mi travesía del desierto lejos de mi hogar paterno hasta el fin de mis días.

Cuando salí de mi casa rodeado de los agentes a subir a un todo terreno de los cuatro apostados en el frontis, mi hermano tuvo la feliz idea de llamar a las emisoras y avisarles que me acababan de detener.

Los informativos del medio día dieron la noticia con tintes sensacionalistas , ese hecho me salvó la vida en alguna medida. Y fui a dar a un campo de concentración en la selva del Alto Amazonas.

De modo que siempre estuve en el lugar equivocado, el momento equivocado y con los elementos equivocados. Quemando una a una mis siete vidas de gato pardo.

La historia que es inmortal, se empeña en parecerse mortal cuando se cruza con las miserias humanas de los hombres.

Uno de esos momentos de miseria o del cruce del diablo en mi camino, se dió cuando en el campo de concentración de la selva, uno de los amotinados, ese que antes le vi una sola vez en mi vida de hombre libre.

Cuando di una conferencia de prensa en la universidad del oriente en mi calidad de Strio. Gral. de la Confederación de Estudiantes, este se acercó a saludarme diciendo su nombre y su condición de profesor de la facultad de sociología.

La misma persona reciclada en el motín del cautiverio en algo así como el jefe, o el comisario político o simplemente el cabecilla y, conocido ese momento por su alias de El Bigote.

Me pide un “favor personal” en una charla privada. Ese instante vi al hombre asustado, encogido, arrugado, desesperado; no tenía la gallardía que mostraba a sus secuaces.

No le vi la seguridad de sus disquisiciones teóricas de ex catedrático en torno a su tesitura favorita : Juanito presidente (COB), Oscar primer ministro (su jefe partidario).

En el momento en que me pedía un favor personal, tenía un grave problema de inseguridad a su autoridad cada vez más erosionada por la calidad del elemento de aluvión que dirigía.

Andando el tiempo, me confesaría en Santiago de chile que no confiaba en absoluto en ninguno de sus seguidores en aquel momento.

-Si fracasaba -me dijo-, hasta podían haberme matado -.

De modo que el Bigote que me pidió un favor personal en la selva, era un hombre asustado de su colosal osadía, que solo confiaba en las condiciones metereológicas del tiempo para terminar con éxito su aventura.

Parecía una parodia de Cristóbal Colón en el siglo XX, atormentado de que sus hombres se le amotinaran sin darle tiempo de llegar a la tierra prometida.

En el momento de nuestra conversación, el Bigote esperaba desesperadamente que escampen las lluvias amazónicas y monzónicas de noviembre, se produzca visibilidad en el firmamento y llegué el avión fouker con las provisiones para ellos poder capturarlo y huir.

Un otro terror que tenía el Bigote y también era el terror de sus secuaces, era que en algún momento huyera a selva traviesa el cabo Sabino.

Y quién era el cabo Sabino ?. Este era un selvícola nato, un indio sirionó, un sargento asimilado del ejército que cuidaba y vivía en el campamento de la selva en tiempos de paz y de guerra (democracia – dictadura).

Moraba en una cabaña aislada con sus dos mujeres también sirionós, dos perros de presa de mucho cuidado, sus machetes y su inseparable escopeta de caza.

Se sabía que a muchas millas al norte en los afluentes del rio Madidi en las cercanias a la frontera con el Perú, había un puesto militar en un lugar llamado Ixiamas.

La via para llegar ahí era la selva tupida sin sendas, sin señales, sin marcas, solo la marisma salvaje. Èl único hombre que podía transitar sin perderse por esos infiernos verdes en esos tiempos era el cabo Sabino.

Se sabía también que el cabo en caso de marcharse lo dejaría todo en su cabaña, incluso a sus mujeres; pero de ninguna manera se largaría sin su escopeta de caza; porque era su seguro de vida para llegar a su meta y dar el aviso de alarma al ejército.

El cabo Sabino era un indio pacífico que trabajaba para el ejército como celador del campamento, ayudaba a los confinados con la caza mayor a veces, para comer carne fresca. El amotinamiento lo tomó con indiferencia, el problema no era con él.

Lo que no permitió; fue la intención de desarmarle, es decir, que le requisen su escopeta de caza. Se resistió de mala manera, incluso amenazó con la jauría de sus perros.

Tuvieron que convencerle a medias, el Bigote usó su habilidad de persuasión a fondo. a lo que más cedió, fue a entregar ese fierrito singular, esa cagadita simple, esa llavecita de mierda dura que percutaba su escopeta y le convertía en invencible en la selva indomable. Un superman de la manigua malsana y que al mismo tiempo le conseguía proteínas frescas para vivir y refocilarse como un Adán con sus dos Evas. Un Robinson con dos mujeres en un paraiso salvaje que se parecía bastante a cuando Dios creó la naturaleza y a sus primeros habitantes sin pecado y sin pasado.

Algunas tardes de bochorno imposible, al verle vadear el rio con sus dos hembritas  hacia sus chacos o sus cachuelas para retozar desnudos en lo que sería un “tricant” de placer primario.

Yo pensaba : Si alguna vez salgo de esta mierda, yo tambien me perderé en alguna selva virgen con por lo menos una Eva, para revolcarnos desnudos en esos charcos de banano copulando como dos cochinos-. (creo que lo hice).

Volviendo al fatal fierrito, el fierrito de mi mala suerte, fierrito marcado por mi diablito personal, mi sombra fatídica.

Este artefacto clave para percutar y disparar la escopeta se llamaba : MANIVELA. Y se haría famosa como la manivela de la escopeta del sargento.

A partir de ahí, todo tendría un sentido dramático, el antes cabo Sabino también  sería a partir de ese momento el sargento a secas.

LA DECANTACIÓN NATURAL

Los hombres somos decididamente mezquinos cuando está en juego el propio destino y, a veces asumimos actitudes desalmadas frente a situaciones coyunturales y no dudamos en usar el egoismo, la delación, la provocación y la mezquindad más sucia contra el prójimo.

Son las miserias humanas que nos distinguen por un lado a los sentimentalistas nobles, los ingenuos idealistas y los que conservamos esa pasión tan pequeño burguesa heredada desde la cuna: la decencia.

Frente a los otros. Los más listos que el hambre porque vienen del hambre, los que militan porque necesitan salir de las necesidades de su vida de privaciones.

La decantación de las categorías se dió de manera natural y dialéctica, no fue necesario decir: tú aquí, tú allí y tú allá.

De modo que el aglutinamiento de los confinados más allá de la sintaxis de cortesía, nivel de organización o simplemente la de los escrúpulos justos en una situación de emergencia, configuró una estratificación de la siguiente manera :

Primero .- Los políticos-políticos, no había que señalarlos con el dedo. Eran los que tenían representación de organizaciones reconocidas por la entonces “ Todopoderosa Central Obrera COB ”. Y quien justificaba esa condición ?. Pues nada menos y nada más que su Strio. General el prof. Higueras del Barco. En ese momento legendario y único confinado por la dictadura.

De modo que los políticos de verdad cultivamos militancia solidaria en torno a su persona, reconociendole como única autoridad sindical por el tiempo que dure el confinamiento.

Esos políticos-políticos fueron algunos dirigentes medios de los ferroviarios, los panificadores, los maestros, universitarios, los frigoríficos de la COD beniana, el Dr. Pareja de los profesionales intelectuales y este cronista en su condición de dirigente de la Federación y Confederación de Estudiantes.

Un segundo segmento era aquellos que no tenían justificativo conocido ni móviles políticos para su confinamiento, es posible que fueron confinados por equivocación o como buzos. Acataban las reglas de la convivencia y no se metían con nadie.

Tercero .- Estos eran los que se amotinaron para fugar secuestrando el avión que traía las vituallas, actuaban en montonera, sin disciplina alguna, sin jerarquías. El único fin que les unía eran las pachotadas que festejaban entre ellos.

El que parece que tenía alguna preeminencia sobre ellos, era el Bigote, nadie sabría decir porqué.

Todos ellos, por su manera de ser provocadores y prepotentes, eran personas no gratas en el campamento; por lo mismo se echaban al monte todos los días diciendo que salían a cazar. Era un alivio para todos nosotros.

Nunca nos enteramos cómo fue su organigrama para planificar su fuga. Lo que estaba claro es que no pertenecían a ninguna organización seria, menos tenían representación sindical o profesional o estudiantil. Amenazaban a quien decía pertenecer a alguna organización. ( yo fui amenazado por uno de nombre Peres).

En el tiempo que estuvieron confinados nunca les llegó noticia alguna de pariente o persona allegada.

Esto se hizo patente cuando llegó una comisión de la Cruz Roja trayendo notas, cartas y medicinas para todos, o casi todos. Ellos no recibieron nada, estaban olvidados del mundo.

Los de la Cruz Roja se sorprendieron y tuvieron que censarles para tomar contacto con allegados suyos.

Entonces tuvimos la certeza de que a estos no les quedaba más alternativa que fugar de ese campo de concentracion. Porque de producirse la evacuación a la ciudad, estos serían internados en una cárcel.

También nos llamó la atención que entre ellos habían tres hombres de monte, aborígenes amazónicos, duros y peligrosos como sicarios, apenas hablaban el catellano, y fueron utilizados en el trabajo duro. Es decir, dormían de día y hacían la guardia durante toda la noche.

Como los días lluviosos de noviembre no permitían que el avión llegue, al momento de la fuga ya estaban agotados, había contradicciones entre ellos y se amenazaban con meterse bala.

La toma del retén militar no fue un hecho extraordinario ni mucho menos. Los que comandaban eran dos tenientes primerizos, dos mostrencos. La tropa eran reclutas altiplánicos aymaras, nunca habían visto una selva ni mojado sus patas en un rio, estaban comidos por los mosquitos, tenían sarnas por todo el cuerpo como leprosos, además de heridas por no saber manejar el machete, estaba vencidos por la selva.

A esta tropa maltrecha, mostrenca y con la moral por los “curiches” (barro), podía vencerles una columna de boy scouts o un grupo de chicos imberbes adolescentes.

Los soldados estaban tan arruinados que no cazaban ní pescaban, comían su rancho  de quinua y charque podrido por la humedad.

Nosotros, desechábamos el charque y trocábamos carne, pescado, yuca, ajos silvestres, achiote y cebollas con el sargento (cabo Sabino), a cambio le dábamos tarros de leche condensada y medicinas. El médico -Dr. Pareja- les hizo un tratamiento a sus mujeres con hierro, calcio y vitaminas porque tenían una anemia galopante, ellas mejoraron rapidisimo, y él agradecido nos traía carne de capibara o tortuga para la sopa.

Fabricamos un horno para hacer el pan, y cuando había carne la cocinabamos en el acto para conservarla del calor. Una vez él cazó una anta (vaquilla de monte) nos dimos una panzada de carne durante una semana.

Los reclutas al enterarse, vinieron a ofrecerse, sin conocimiento de sus superiores, a lavar las ollas por un plato de comida. No les negamos; después de cada almuerzo o cena, dejábamos los cacharros de la cocina y raciones de comida en una fuente de agua cercana, ellos iban, se zampaban la comida, arrebañaban los restos de las ollas y dejaban todo limpio.

A esa tropa de soldados hambrientos y derrotados, más castigados que los confinados políticos por los rigores de la selva, les tomaron de rehenes los amotinados del Alto Madidi.

El Bigote .- Este era un personaje un tanto istriónico, el único con quien se podía conversar del grupo de los alzados, aunque nunca participó de las tertulias que haciamos. Pensaba que al caer la dictadura, el jefe su partido sería primer ministro, y el ejecutivo de la COB presidente, hasta ahí llegaba todo su planteamiento teórico.

Tambien se decia que en las tomas de lotes privados en el anterior gobierno él había ayudado a los ilegales loteadores y habían algunos de ellos entre los amotinados y, por esa razón le obedecían en ese momento.

Yo le vi solo una vez en una conferencia de prensa (como dije lineas arriba), en el confinamiento, él se me acercó esporadicamente a intercambiar algunas palabras y recibir algún favor.

El hecho fue que en todo el tiempo de mi confinamiemto, mi familia se movilizó para ayudarme, de modo que en cada vuelo del avión de vituallas, me llegaba una caja de encomienda. En poco tiempo tuve: ropa de selva, mosquitero, medicinas, repelentes,

edulcorantes para el agua, sopas maggi para la comida, conservas como corned beef, sardinas, hasta recortes de la prensa. Esta mi reserva la compartía discretamente con quienes consideraba de mi confianza.

-La primera obligación del comunista es comprender la realidad- decía Lenin.

Esa realidad en la selva fue triste, y por lo mismo reprimía la capacidad de análisis, maquillaba las contradicciones con bastante hipocresía para resistir lo irresistible, para mentir y mentirse, para ver condiciones revolucionarias donde no las había. Era el pesimismo vestido de cansancio, miedo y derrotismo. Era lo que vi en las pocas veces que charlé con el Bigote, le pasé algún tarro de frutas al jugo y algo más, hasta cuando me pidió el maldito favor, el favor fatal de la manivela.

De lo que no me dí cuenta fue de que los amotinados estaban vigilando mis vituallas y planificando requisarlas, en todo caso, nunca iba a compartir nada con ellos.

Luego del levantamiento, el Bigote sugirió invitarle al prof. Higueras a fugar con ellos, fue una sorpresa que le ofrezcan fugar a un connotado y serio dirigente sindical.

El prof. Higueras, les agradeció y fue rotundo al negarse : -La dictadura me metió preso -dijo- la dictadura me tiene que devolver mi libertad-.

Una vez decolado el avión con los fugados, los milicos retomaron el control del campamento, al día siguiente otros milicos bombardearon toda la zona y luego la tomaron al asalto. Cambiaron a los carceleros por agentes de civil y el control se hizo super riguroso, había que pedir permiso hasta para ir al monte a cagar.

Andando el tiempo me pregunté si fue necesario que quince irresponsables pongan en riesgo las vidas de más o menos cuarenta presos políticos con su aventura descabellada ?.

Me los imaginé en el avión enfilando rumbo al Perú; eufóricos de felicidad, riendosé de los que nos quedamos más fregados que antes : ja ja ja que bien que le jodiste al estudiante esé, presumido, engreido, ja ja no nos daba nada de sus conservas-.

Pensaban que ya eran héroes, les recibirían como héroes, se alojarian en un hotel magnifico, les harían festejos y en la noche se irían a un “ nayclú “.

La realidad; Estuvieron detenidos en un cuartel, fueron interrogados porque iban armados y esperaron encerrados la buena voluntad de alguién que les ayude.

Porque una vez llegados al Perú y residenciados en Chile, se perdieron en el silencio y el olvido, no fueron héroes, jamás hicieron declaración alguna y la prensa se dió cuenta que eran irrelevantes.

LOS HIJOS DEL ARGONAUTA JASON CAEN SIEMPRE DE PIE

Santiago de Chile febrero del 73, vísperas de los carnavales. Arrivé a un barrio de Pio Nono cerca a plaza Italia. Llevaba equipaje liviano; pero sobre todo llevaba mis credenciales de mi paso por dos campos de concentración, uno en la selva y otro en una isla, mi internamiento en un penal de alta seguridad y una prisión clandestina en  Viacha.

La dictadura me había echado al exilio. Fuí el único expulsado de un grupo de “ peces gordos “ que salieron en libertad. Por qué solo a mí el exilio ? : la dictadura me tuvo miedo !, no había otra explicación.

No fugé en las dos ocasiones que se dieron (Madidi / Coati), pasé por dos interrogatorios, terco en mi coartada de ser unicamente un dirigente de los estudiantes y nada más !. Por lo mismo no tenía que agradecer nada a nadie.

Dí una conferencia de prensa en las oficinas de la Federación Universitaria de Arequipa FUA y enfilé hacia Chile.

Tenía la juventud consumida, la salud precaria y los sentimientos contrariados. El tiempo pasado en las cárceles me daba un aura de sobreviviente con suerte. No era un héroe, de ninguna manera; pero ya tenía historia. A mis 20 años ya era un histórico de la resistencia. Como los hijos de Jason caí de pie.

Al tiempo me enteré de la suerte de los fugados del Madidi, vivían en Chile y eran lo que siempre fueron: irrelevantes. El Bigote y los que pudo reclutar, vivían de la dádiva de su jefe, otros se buscaban la vida de toderos, los aborígenes amazónicos eran peones en la construcción, otro era obrero en una mina, el matón Peres vivía de la ayuda de unas monjas.

Los hijos de Jason siempre caen de pie.

Apenas mi familia se enteró, me llegaron las remesas de dólares con puntualidad, me inscribí en la universidad, me alojé en una residencial estudiantil de lujo. recuperé mi tiempo perdido, ya era otra vez el estudiante “ bacan “ de los tiempos pasados, en la residencial me llamaban : El Isidoro, estudiaba y festejaba en la movida santiaguina. Me integré en el movimiento juvenil defensor del “proceso” y, asumí mis funciones de dirigente estudiantil.

Me encontré con el incombustible prof: Higueras, otro histórico de la dictadura, me invitó a un par de reuniones de la COB en el exilio, estaban los que habían pasado por las cárceles y los que se habían acogido al exilio, todos representando a sus organizaciones.

En algún momento comenté con el prof. Higueras sobre los fugados del Madidi:

-Aquí no vienen -me comentó-. Estas reuniones son de políticos.

Esos estaban como siempre en el anonimato al margen de los grandes aconteceres.

Cuando se organizó un acto patriótico en los salones de la UNCTAD ( 6 de agosto ), hubieron invitados  selectos de las embajadas, personeros de la Unidad Popular, organizaciones de chilenos, latinoamericanos y refugiados de todas partes.

En aquel acontecimiento hubieron tres oradores de la tarde :

El prof Higueras por la COB en el exilio, un dirigente campesino y el joven dirigente estudiantil de la FES-CESB. Tres históricos de la resistencia.

Los fugados del Madidi, no habían ni entre los teloneros.

LA HORA DEL DELATOR

Ha veces la inmortalidad de la historia nos hace cometer errores mortales por ingenuos o simplemente por darnos tiempo para aprender.

Noviembre del 71, semana de todos los santos. En el despelote del campo de concentración del Madidi, el Bigote me solicita una entrevista urgente en un lugar apartado; y me pide un favor increible: UN FAVOR PERSONAL

Me pide que le guarde, o se lo oculte la : manivela de la escopeta del sargento.

Me llevé una de las sorpresas más grandes del camino que empezaba a recorrer, a partír de ese momento me sería muy dificil curarme de espantos.

Por que me pedía ese favor si yo no tenía nada que ver con su aventura ?.

Le ví tan asustado, casi llorando y sin preveer las consecuencias le acepté.

Cogí el fierro y lo deposité en un agujero de un orcón de la cabaña donde vivíamos.

La tarde era caliente, pasaron las lluvias monzónicas y nuevamente atacaba el bochorno húmedo de la selva amazónica.

En el cañadón que hacía de pista de aterrrizaje, vibraban las turbinas del fouker presto a decolar.

Yo estaba en el campamento abriendo mi nueva encomienda que me acababan de entregar. cuando oí que gritaban mi nombre para presentarme en la pista.

Corrí y ví la fragil escalerilla colgando del avión, me volvieron a llamar, me acerqué intrigado a ver que pasaba. Ví a los amotinados asustados y memos.

De pronto, de en medio del grupo salió uno y se encaró conmigo con estas palabras :

-Estudiante ! la manivela de la escopeta del sargento que te hemos dado se la devuelves cuando vuele el avión-.

Increible ! ese sujeto me estaba poniendo en evidencia, me estaba descubriendo delante de todos los milicos que estaban en la pista.

Me estaba delatando del favor personal que le hice al Bigote.

Todos quedamos sorprendidos, los carceleros, yo, hasta el mismo cabo Sabino.

Así, en un rincón del mundo olvidado de Dios, en una manigua carcelaria de la selva amazónica, en la mazmorra más terrible de la dictadura, también se cumplía la profecía bíblica de Judas el Traidor.

Esta vez encarnada en un sujeto torvo. Con quién no tuve trato alguno, al que ignoraba hasta despreciaba. Y él no me entregó nada.

Èl que lo hizo fue el Bigote.

Sus contertulios asintieron lelos, sordomudos a la delación, a veces la naturaleza humana es con frecuencia huérfana de virtudes y llena de maldades, de cretinismo.

Una vez los milicos con todo su poder en el campamento y devuelta la maldita manivela, fui incomunicado en el puesto militar para un interrogatorio y la sospecha de haber sido cómplice de los que acababan de partir.

O simplemente porque los carceleros querían aplacar su furia.

Podía haberme pasado muchas cosas; desde una paliza atroz a una ejecución sumaria.

La pregunta que me harían : “ Porqué no devolviste la manivela al sargento ? “.

Lo verificable es que una vez calmados los ánimos de los presos políticos, se formó una comisión de los más notables. Fue lo que quizás me salvó la vida.

Fueron el prof. Higueras, el Dr. Pareja y el ciudadano español don Jacinto Bermudez  Torrecilla. estos distinguidos señores parlamentaron con los tenientes y les convencieron que yo no tenía nada que ver con los fugados y, que mi desliz de juventud, fue en realidad un favor personal a uno de ellos.

Después me enteré que dijeron algo como : “ Tenientes, felizmente este triste episodio se cerró sin víctimas que lamentar. No se manchen las manos con sangre inocente, están empezando sus carreras. Suelten al estudiante, él no tiene nada que ver “.

MÁS ALLÁ

Una vez superado el tiempo, la historia y el silencio, vemos la perspectiva más allá.

Más allá de las verguenzas deformadas, de la mentada ideología del proletariado, del poder obrero, del centralismo democrático, del obrerismo cerril, del culto a la personalidad, del seguidismo orgánico y otras pamplinas.

Más allá de las batallitas decisivas, de la alianza de clases, de los procesos democráticos, de las coyunturas ocasionales y tanta mierda acumulada.

Más allá nos encontramos con la AUTOCRÍTICA moralmente necesaria, aunque fisicamente incongruente. Sin embargo, debo ajustar el accionar de mi pluma al descargo de mi conciencia y el testimonio para la historia.

Más allá del desván de los recuerdos de la memoria y los amores contrariados y los ajustes de cuentas y las infamias estalinistas.

Hay una historia que es al mismo tiempo memoria y nos habla de libertad y consecuencia con los ideales que dimanan de esa misma libertad, nada más.

Hay dos tipos de militantes : Los que militan para saciar su hambre y son más listos que el hambre.

Y los que militan por el mero hecho de hacerlo, por placer, y su único compromiso es con la libertad; son los libertarios.

Una vez pasado el tiempo y corrida mucha agua bajo los puentes, le pregunté a Bigote el porqué de su infamia en la selva, lo hice sin ningún ánimo de ajuste de cuentas, solo por curiosidad :

-En ese momento -me dijo- no confiaba en nadie, solo confié en ti-.

Bigote estaba en desgracia, se había vuelto un libre pensador y se alejó de su antes jefe.

También tuve el mismo morbo curioso tan pequeño burgués en mi, y pregunté al delator sobre el motivo de su delación en el campo de concentración de la selva :

-Te delaté porque no me dabas de comer de tus encomiendas-. Vomitó. ? ? ?.

Non Comments !.

HISTÓRICOS

Que siempre has hecho . . . chico !.

Volví a la prisión Central después de casi dos años.  A pesar de mi edad ya era un veterano, un fogueado. Había pasado por dos campos de concentración, una carceleta clandestina y un penal de alta seguridad. Tenía trayectoria e historia

La dictadura había hecho pública una lista de anmistiados con la libertad en la que yo no figuraba, de todas maneras los de la Central estaban seguros que iría a parar a Chile.

Entonces y para sorpresa mía, me buscaron los responsables de algunos regionales que habían caido presos en los meses anteriores y, con todo respeto me dieron su “ informe orgánico “.

Yo les dije que no era el indicado para oirles, “ ellos” insistieron de todas maneras; porque mi estancia en la cárcel me autorizaba y además porque elevaria ese informe a otras  instancias en el exilio.

También me buscaron militantes de otros partidos con el mismo objetivo.

A todos oi con el máximo respeto.

LOS EXILIOS

LA PAZ

Una mañana de frio andino fui conducido a las dependencias del Ministerio del Interior, ahí estaban todos los beneficiados con la anmistia , con la libertad.

Estaban contentos, hacían planes para su futuro de hombres libres; verían a sus hijos, comerían su plato favorito y dormirían con sus mujeres.

El más contento era el dirigente de la todopoderosa Federación de Mineros Sinforoso Cabrera, al verme sentado en un rincón sin participar del jolgorio, me preguntó :

-Y tu compañero, no estás contento ?.

-No compañero- le respondí-. Yo no salgo en libertad, salgo al exilio, a Yunguyo.

Èl se quedó perplejo, me auscultó con la mirada y dijo :

-Pero que siempre has hecho . . .  chico !.

SANTIAGO DE CHILE

En noviembre del 73, avisan por los altavoces que un grupo de prisioneros de guerra del estádium de fútbol de Santiago de Chile saldrán al exilio europeo.

Los que salíamos nos reunimos con el hombre que dirigía el Comando Clandestino de Seguridad en el estadium, un hombre valiente, seguro de sí mismo, con el carisma necesario y los escrúpulos  justos para esos momentos de emergencia. Quien iba a ser; sino el prof. Higueras. Al darnos el abrazo de despedida le dije :

-Hasta cuando será profesor ?.

-No te preocupes estudiante (dijo mi nombre). No te preocupes, a partir de ahora ya somos dos históricos !.

Así una vez más cruzando el tiempo, la historia, las distancias y el mar, a miles de kilómetros, nos recordaremos desde que habíamos estado militando en las luchas sindicales en las ciudades, compartido un campo de concentración en los Andes y  otro a orillas del Mapocho. Siempre un estudiante con su profesor.

Yo empecé mi exilio político de varias décadas, al prof. Higueras ya no le vería nunca   más.

“Yo soy el único responsable de todo, lo bueno y lo malo, que se haya hecho en Francia”. Jesús Monzón Reparaz.

Un hombre de la resistencia, la que tomaría París. La que cruzaría los Pirineos. Un hombre fácil de amar difícil de olvidar. Toulouse 1934.

Spinho  Abril – 2016

RICARDO RAUL CAUTHIN ARAMAYO-FLOREZ

CAPRICORNIO

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CAPRICORNIO

“ Capricornio; que eres un capricornio, por eso eres tan frágil, pero tienes el cogote de tauro; y por eso eres una contradicción. Eres un culo de mal asiento “.

Le predijo su bisabuela paterna, La Meiga le decían, porque era medio bruja.

SITUACIONISMO LIBERTARIO

“ El verdadero revolucionario no abedece a nadie más que a sí mismo “.

Guy Bedord

A veces las malas jugadas de la memoria le devuelven a uno a las saudades de la adolescencia cuando ya es un pasado imposible de volver; porque se está en el otoño de la vida, arrastrando las hojas secas hacia el invierno.

Y, se tiene por fin la certeza de que la vida fue muy putona.

EL ARTE DE LA MEMORIA

La gran virtud de comunicación del hombre es tener la voz, esta genera las palabras y estas a su vez se expresan en la escritura, en la literatura.

La voz, la palabra, la escritura.

Es la gran ecuación que califica el pensamiento humano y la conserva y la perpetúa a través de los tiempos para dejar el testimonio de su memoria.

Sin embargo, sucede a veces, que los hombres pierden el sentido de la orientación, andan desnortados y sin memoria y sin poder entenderse.

Entonces, es el momento gris de los iluminados charlatanes, los embaucadores, los elegidos por la masa boba, que surgen de la nada y atacan a la memoria.

EL ARTE DE LA LOCURA

Cabalgaba el Quijote por las llanuras de La Mancha llenándose de sus paisajes lunares bañados por los plenilunios en las noches del otoño de su vida errante.

Oteaba el horizonte con su mirada de lince ibérico, golpeaba al viento gélido de la noche manchega con su porte de hijodalgo pobre, coronaba su testa con un casco de pulido latón, empuñaba con fuerza la tosca alabarda de madera de olivo, la adarga de cuero crudo de chivo y picaba las espuelas en los costillares pelados de Rocinante.

Atrás, seguía su huella Sancho, peinando estoico los pasos de su señor.

De pronto El Quijote levanta la voz que le sale ronca y profunda a esa hora de los maitines .

-Vamos bien Sancho ? -.

Pregunta el hidalgo.

El fiel escudero, le dirige una mirada de conmiseración, lanza un suspiro profundo y responde :

-Sí mi señor, vamos bien ! -.

Sancho está segurísimo que su señor, el ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, en ese instante de la madrugada ibérica, es la encarnación misma de la locura más sublime de la caballería andante.

Es el arte de la locura.

LA BIOLOGÍA DE LA ESTEPA

Los colegas sociólogos del futuro tienen mucha labor por delante.

Aplicando las teorías arrinconadas de Darwin, Marx y Freud deberán explicar las involuciones cerriles en que degeneraron las democracias de las “sociedades meridionales” con patologías paleolíticas, cuando se esperaba todo lo contrario por la heróica resistencia que las precedieron con la esperanza de regenerar en estados de derecho y libertad.

EL PUTO AMO

Si nos guiamos por la sociología y la psiquiatría modernas, tenemos el deber de explicar las dos categorías de personajes que nos plantea la sociedad contemporánea meridional (suburbios del tercer mundo), y no nos dejan otra alternativa. (pueden haber más categorías).

Los personajes de destino y carácter.

Carácter .- Son los que aparecen después de rescatada la democracia y diezmadas las vanguardias ilustradas en el siglo pasado.

Son los llamados “ iluminatis ”. Estos se aparecen de los oscuros rincones de las emergencias; no nacen, no crecen, no mueren, parasitan.

No tienen trayectoria, currículum, méritos ponderables menos memoria. Son personajes de ficción que se repiten en el día a día. No con mensajes de orientación; sino, ocurrencias de opereta.

Acumulan títulos, grados, nominaciones y poder como los dictadores del pasado, son los : Putos Amos del presente.

Destino .- La antítesis, son personajes épicos o trágicos; nacen, hacen trayectoria y mueren, generalmente jóvenes, son los mitos, las leyendas; porque vuelven en el tiempo como referentes de la memoria.

Reciben la herencia de la historia, la laboran creando posibilidades y parten del mundo de los vivos, dejando lecciones a la posteridad.

Transitan sin tregua a través del corredor dialéctico del tiempo.

Son los personajes con destino de héroes desde su cuna.

Dejamos este tema como una labor más para los entomólogos de la historia del futuro.

-QUIÉN ERES FORASTERO ?.

-SOY EL HOMBRE DE CAMUS !. – el extranjero -.

Se bajó el Marqués del tren que regurgitó la boca negra del túnel de Sao Bento, como un suspiro peristáltico de lo profundo de sus intestinos oscuros, misteriosamente movidos con el ajetreo de la víspera del natal portoense.

La vieja estación de Sao Bento, consuelo de sus llegadas y partidas desde cuando apareció desesperado buscando una cabeza de playa para aislarse y escribir sus memorias.

Su periplo de caminante solitario, de navegante Ulises desnortado. Vagabundo  espectral que llegaba cruzando su espacio mítico arrastrando los aparejos de su historia.

Llegaba esta vez sombreando su figura con su gabán silverado y sus solapas levantadas, su boina gris de maqui afrancesado, su foulard de pelo de hermelin azabachado y su eterno bastón de anticuario con aires de perdulario.

Tal que parecía un antiguo pseudo aristócrata, pulcro, elegante y de pasión suicida.

En realidad, solo era un exconvicto del tiempo de las dictaduras en el siglo pasado.

Un salido de otro momento, una otra época, otra vida, otra historia, otras voces, otra memoria.

Un huido del tiempo del olvido, huido de una otra función, un otro escenario, un otro culebrón de hombre marcado; un “ wanted “ con precio de vivo o muerto, o mejor ejecutado.

Llevaba como siempre en las alforjas de su magro equipaje, el guión de una película que bien lo sabía nunca se rodaría, porque sus protagonistas estaban condenados a vagar en el silencio, la indiferencia y la ingratitud sobre todo de la furia de los instintos cinegéticos de la canalla negacionista.

Así nuestro personaje, cruzó raudo la estación bajo la lluvia detenida de diciembre, ajustándose la boina gris, el gabán silverado y jalando su valija VIP hacia la puerta de salida. Siempre apoyando las corvas de los muslos en el bastón de anticuario, marcando su andar cansino agotado de tiempo e historias.

Aunque se le delataba que deseaba mostrar cierto garbo, cierta altanería al caminar derecho, quería disimular con estilo de Marqués Tronado el peso de los años y la disipación de su puta vida.

Ya una vez fuera, vió el albedrío de los taxistas que cazaban turistas deshorientados y desesperados de llegar a sus hoteles cercanos, sin embargo los garotos del volante se regodeaban rumbeandolos con vueltas descomunales por donde había más tráfico para que avance el taxímetro deborando euros por la libre.

Y así poder rebañar un sobre pago como aguinaldo extra para parar la olla del sancocho del bacalhao navideño.

Ese plato único y sencillo de ricos y pobres : bacalhao, patatas, acelgas y zanahorias hervidas en agua con sal. Así de simple, sin pretensiones sibaríticas, comida humilde como ellos mismos.

La diferencia estaba en el degustado de los vinos.

El pudiente cata caldos de crianza gran reserva de arriba de los 15 euros, decantados de cepas seleccionadas de las viñas del Algarve.

El pobre se conforma con vinos de combate engarrafados en plástico, de abajo de los 4 euros. O de llano tetra pak de centavos de euro, en todo caso el vino no puede faltar en el yantar navideño.

Por lo demás, todos querían libre circulación; festejar bastante y trabajar poco.

OPORTO TRISTE

-Lisboa  – Me comentaron los lisboetas en las tertulias del Hiper Saldanha en el mero  centro de Lisboa-. Es una ciudad abierta, moderna, de avenidas amplias, oxigenadas y, sobre todo luminosas -.

-Porto, es una ciudad triste, oscura, de callecitas pequeñas y aceras angostas, farolas mustias, llenas de gatos y cagadas de perro -. Concluyeron pretenciosos.

En efecto .-

Porto tiene calles de empedrados tristes que suben y bajan de iglesia a iglesia, encabritándose en sus colinas como si quisieran mirar al otro lado del Atlántico, mar adentro, hasta las playas doradas de Copacabana o el Cristo del Corcovado.

Sus atalayas de piedras amarillas careadas de musgo, se yerguen para vigilar el atracadero de Riveiro y sus rompeolas de Matosinhos, más allá se vé la espuma blanca que festonean las quillas de sus barcos ravelos en el estuario del Douro.

Porto es triste .- Porque en sus dias de viento helado, su lluvia tenaz está suspendida en el aire; copiosa, ruidosa y vertical, sus gaviotas se dejan caer en picado sobre cualquier chucheria que parezca pienso.

Las miradas del honorable, se enzarzan escrutando a través de los humos espesos que sueltan las tostadoras de castañas impregnando el ambiente de ese olor dulzón a azucar quemado. Transitan rasantes los paraguas golpeando sin pedir disculpas.

Porto es triste .- Y cada mañana sus aceras angostas y raquíticas son aseadas por sus vecinos a golpes de agua y lejía como en los pueblos de las aldeas.

El tranvia de turistas Bolhao, puja asmático subiendo y bajando por sus rieles chirrionas, en sus colinas festoneadas de casonas viejas, desde las alturas a los niveles del mar, mientras la lluvia aguarda parada en los embarcaderos de paseantes o, en las puertas de la tasquinhas con tufo a bacalhao cocido con ajo.

Porto es triste .- Porque siempre está mojado por esa humedad  de hongos que le castiga desde las costas del mar y los sopores que suben del Douro, por sus cloacas trancadas y las bolsas de desperdicios que se acumulan en sus esquinas.

Por sus muchedumbres de necesitados que se pasean abatidos mirando los escaparates de las tiendas, sin intención de comprar; porque los dineros son cada vez más escasos. La crisis perdona a los bancos, no perdona a los pobres.

Porto es triste .- Hasta cuando festeja su revolución de los claveles. Sus mujeres bailan solas en los predios del mercado Bolhao los fados, enarbolando las ramitas mustias de claveles de abril de rojos desleidos.

Los hombres las miran con la vista perdida y el tufo a vinho barato.

Porto, es triste hasta en el recordatorio de su revolución épica; la de los Claveles Rojos.

SEMBLANZA DE NAVIDAD

Es la festividad de la paz, el amor, la reconciliasión.

Cuelgan las guirnaldas de luces, los retablos se veneran, suenan los villancicos, los niños cantan golpeando las panderetas para pedir el aguinaldo :

“ Pero mira como nadan / los peces en el mar.

“Pero mira como nadan. / Para ver a Dios nacer.

Las familias vuelven al viejo hogar, se olvidan las rencillas, los lios del pasado, los tiempos difíciles, los resquemores, las reyertas. Todo se deja en el umbral de la puerta para entrar al hogar a compartir en armonía el pan, el vino y el lechal de la navidad.

Hechas las últimas compras; los pavos, los lechones, los embutidos, los vinos, el turrón, el anís, los mantecados y el orujo de fina vid. Por fin se disfruta del calor del hogar.

Nuestro Marqués, también se hizo la idea de pasar esa navidad como en familia, con una familia prestada, familia alquilada. Pero como todo lo prestado al fin y al cabo no deja de ser ajeno, acabó viéndose solo y abandonado.

La navidad, como toda fiesta íntima es de quienes están vinculados por lazos de sangre. Un foráneo, es un foráneo y siempre acaba sintiéndose fuera de juego.

QUIEN ERES FORASTERO ?.

Soy un fantasma del pasado. Me encarcelaron siendo un adolescente. Siendo joven, idealista, enamorado de la vida, de la primavera, de los días con sol y las chavalas que bailaban baladas románticas en los atardeceres a la orilla del mar.

Hoy, vivo en el desconcierto del desarraigo y la senectud.

Como el asesino que vuelve compulsivamente al lugar de su crimen para agotar sus coartadas hasta que le caiga el peso de la ley.

Partió nuestro personaje a buscar la soledad, el vacío, el silencio, vamos ! la misantropía absoluta.

Como un llamado del destino, volvió a rondar Las Calles Perdidas.

Si !, las calles perdidas, desiertas, tristes en el crepúsculo navideño.

Volvió a vagar por ellas quizás con la secreta esperanza, cándido al fin, de encontrarse con su fantasma de la navidad.

Con la sombra solitaria, huérfana y solidaria que se le apareció en un callejón del olvido hacía años atrás.

La sombra de Charli !.

Batalha era el páramo desolado con sus ánimas del tiempo de Charli.

Sin turistas, los bares cerrados, los hoteles de tres estrellas con las luces apagadas, la fuente de agua clausurada, sus graderias sucias, su iglesia de azulejos florentinos levemente iluminada disimulando las capoteras góticas de su campanario, las gaviotas hambrientas y los gatos con celo.

Solo las sombras de las sombras, con los ojos afiebrados, sus viejas bufandas y sus abrigos deshilachados. Parecían amables y eran pícaros, alegres y eran marrulleros, cerrados y eran átonos, cabileños y eran patéticos, elementales y sableadores :

-Ten un euro para la sopinha ? -.

MENINAS SI –  MENINAS NO

En la desolación de la calle del picadero de Charli y entre las brumas penosas de sus negocios cerrados a cal y canto hasta después de las “feiras”, destacaban como los faros en la noche lóbrega de las tormentas, dos letreros luminosos guiñando las bondades de sus prestaciones con furia alevosa de vendedores de placeres saturnales, otorgados con insinuaciones de barraganas de sangre ardiente y agarena.

Un primer letrero, era el de siempre : Pensao, con el añadido moderno de que ofrecía su hospedaje de emergencias en varios idiomas, y los señalaba con las banderas de la Unión Europea. De haber enseñas patrias, las había hasta de los EEUU y el Canadá, era un servicio turístico a fondo.

Al lado, se ufanaba un otro garito, con trazas de “ barra americana “ a la portoense, tenía el pomposo nombre de : Trocadero.

El Marqués pensó que ahí quizás podia encontrar noticias de Charli, se asomó a las puertas del bar y le sacudió un torrente de voces femeninas, un tufo a aguardiente, luces oscuras y ritmos calientes de bosanova.

En la puerta de bisagras giratoria, había un cartelito que decía :

Festejamos el Nuevo Año con mucha alegría. Ven a festejar con nosotras y trae otros amigos. La palabra amigos estaba subrayada y él escudriñaba con sus ojos de miope. Cuando sintió el aroma de un perfume barato quemándole el cogote.

Se dió la vuelta con esa energía rauda de gato viejo que aún le quedaba y, se topó de narices con una matrona exuberante, bien proporcionada y de sonrisa de licántropo.

-Hola- dijo ella, y se abrió el astracán negro en la humedad fría del ambiente, mostrando una generosa pechuga de gallina cuarterona, una falda cortísima y unas piernas abundantes dignas de posar para Botero, el escultor de gordas sabrosas.

-Entras al copinho ?- preguntó sugerente.

-De qué vá la cosa ahí dentro ?- respondió.

-Somos todas meninas- le informó.

-Algunas, solo para la conversa, tu sabes, para la “brincadeira”, son las meninas no !.

-Las otras- prosiguió -, son meninas si !, para eso . . . para el amor.

-Y tú- inquirió curioso. – De cual eres ?.

-Yo soy – dijo taxativa. -Soy menina si !.

-Pero primero- prosiguió-. Tengo que tomarme mi copinho.

-Vale !- determinó el Marqués.

-Vamos a por ese copinho.

Y se perdieron en las fauces del pecado del Trocadero de las calles de Charli. En los meandros del destino de todos los forasteros sin nombre.

Memoria Histórica

SANGRE EN LA TARDE – Testimonio

Ocurrió en el país de los golpes de estado -golpe nuestro de cada día- en el siglo pasado, en el país más pobre de L. A.

El golpe se dio y empezó a consolidarse. La Asamblea del Pueblo llamó a la resistencia, esta debía darse en el “cerro” y, todos los partidos democráticos convocaron a su militancia.

El Licenciado nos reunió en el comedor universitario de la UMSA a las 14oo horas.

Luego de una breve información, quedamos convertidos en imberbes milicianos, algo así como la Columna Durruti en la Barcelona del 34. El jefe, naturalmente era el Lic.

La columna a sugerencia suya se llamó Liberación y, partimos hacia la Confederación de Fabriles, allí, el prof. Higueras del Barco nos entregó carabinas semiautomáticas que algunos aprendimos a percutar sobre la marcha.

En las calles movilizadas, el Lic. tomó un bus a punta de carabina y obligó al conductor a llevarnos rumbo al cerro, cumplida la orden, el chofer pidió al Lic. una nota que indique que él colaboró con la resistencia.

En columna india y con las carabinas en bandolera marchamos rumbo al cerro, pasamos entre la muchedumbre que llevaban piedras, agua y botiquines de primeros auxilios, al vernos armados se sorprendian y aplaudian dando vivas a la resistencia.

En esa fila que transportaba piedras al cerro, me topé con David Aguilera Peres, miembro del CEN de la Confederación de Estudiantes, como yo,

Ambos nos sorprendimos, yo armado y él acarreando piedras.

En la euforia del momento, le reconvine :

-Qué haces ahí en la fila ?, ven con nosotros al cerro a combatir !.

Los otros se acercaron a oír nuestro diálogo.

-No puedo -dijo él- estoy con mis camaradas de mi partido (revisionistas).

Entonces yo le dije algo que le molestó y le dejó en evidencia ante sus cdas. y que posteriormente se cobraría en una venganza personal.

Siete años después de la dictadura en el congreso de la Confederación estudiantil en Cbba. El camba Aguilera tomó una cobarde venganza en contubernio con su testaferro de nombre Almaraz. Ninguno de estos estuvo en prisión. (cronicaré en otro testimonio).

-Pero carajo ! -le dije-. Tú no te debes a tus camaradas, al ser de la CEN de la Confederación de Estudiantes, como yo, debes estar peleando en el cerro.

Algunos de sus camaradas aplaudieron, él se agachó avergonzado.

La columna Liberación siguió rumbo a la escarpada del cerro. Pasaron las horas con breves escaramuzas, con heridos y muertos, la aviación fascista lanzó bombas. Había mucha gente y pocos fusiles y se pretendía tomar el cuartel de San Jorge.

Como a las 17oo, el Lic. fué informado de un ampliado estudiantil en el paraninfo de la UMSA. Me dió la tarea de asistir a dicho ampliado, me pidió la carabina y me entregó un revolver.

Ya en la UMSA, entre deliberaciones “bizantinas”, se hicieron las once de la noche, la Universidad fue rodeada por tanquetas del ejército llamando a entregarnos.

El golpe de estado estaba consumado. Algunos salieron a la avenida, otros pasamos por los muros a la casa aledaña y nos dimos las de villadiego.

A partir de ese momento, empezó la cazería humana y sin saberlo nosotros, estaba gestándose el exterminio de la izquierda latina en la conocida Operación Cóndor.

Digresión Necesaria .-

En la cita histórica de los demócratas el 20 de agosto de 1970 en el “cerro”, estaba escrito que no se vencería, sería una derrota más.

De lo que se trataba, era de dejar El Testimonio -la impronta- de una ciudadanía armada de razón libertaria y heroísmo civil, luchando en condiciones desiguales contra el ejercito militar fascista

Juzgue la historia. El cerro se llamaba Laikakota.

Ref : HOY Gráfico – El Diario – Presencia ( hemerotecas de agosto de 1970).

“ Si luchamos, podemos perder. Si no luchamos, estamos irremediablemente perdidos “   Anónimo Republicano en Barcelona 1933.

Centro lisboeta Saldanha  –  Invierno 2016

RICARDO RAUL CAUTHIN ARAMAYO-FLOREZ

OTOÑO

3296_001-page-001“ ALLONS ENFANTS DE LA PATRIE “  Vive La France

LAS CALLES PERDIDAS

SE LLAMABA CHARLI

“ Se llamaba Charli / la encontré una mañana y lloró de hambre / Charli. / Temblorosa y perdida casi vida / se sintió sola y herida “.

Eran los últimos días del verano, ese que no fue del todo caliente menos productivo. Los reflejos de su vida se ralentizaban cada vez más y no encontraba el atisbo de luz en la salida del túnel en que se convirtió su día a día.

Volvia el otoño en los vientos húmedos que soplaban del Douro, los árboles tétricos que se aprestaban a desnudarse impúdicamente de sus hojas aureas y, esa melancolía triste de estar transitando por las veredas grises del crepúsculo de la vida.

Entró el Marqués a ordenar una cena liviana en el restorant Bombay de Batalha.

Andaba perdido en sus meditaciones de última hora picoteando sin ganas el ínsípido pollo a la plancha y las patatas cocidas que le puso el camarero. Sintió que ya no tenía apetito, era solo el deber mal acostumbrado de tener que alimentarse para sobrevivir al nihilismo y el desencanto de sus días.

Decididamente la vida perdía su sentido y a veces se tornaba insoportable.

De pronto escuchó una melodía que provenía de un instrumento de viento. Despertó como de un sueño, alertó sus oidos de lince. No podía creer, eran los acordes de una flauta que derramaba sus arpegios en la noche otoñal.

Él conocía esa melodía, es más, conocía los dedos y los labios que ejecutaban la magia del instrumento de viento.

Se incorporó con un salto felino de gato viejo hacia los ventanales del restorant, no se

veía al musiquero, solo eran los acordes flamígeros del pentagrama de los vientos.

Siguiendo los impulsos de su cansado corazón, pidió la cuenta y la pagó a las volandas ante la sorpresa del camarero.

Salió disparado a otear las terrazas de Batalha que a esa hora de la noche estaban atestadas de turistas desnortados.

En su mente repiqueteaba el nombre tantas veces recordado : Charli . . . Charli !.

Buscó con ansiedad en la mirada por sobre los mesones donde merendaban los comensales, guiado por los acordes de la flauta como un párvulo trás el flautista de Hamelin.

La humedad de los sopores otoñales que castigaban la colina de Batalha, le penetraba por sobre la gabardina de verano, castigándole la piel, las articulaciones artríticas, los viejos huesos en proceso de descalcificación, por doler, le dolía el alma misma de viejo bohemio anacrónico pasado de moda.

Entonces, la vió por fin : Era Charli !.

Estaba concentrada, agazapada frente a una mesa con público soplando su música.

Tenía la misma apariencia desolada de gorrioncillo caquéctico, la fragilidad de un pardillo desamparado en la noche portoense, como antes, como siempre.

Exactamente como cuando la conoció por primera vez años atrás garbeando en los restoranes de avenida Das Aliados.

Y pensó : Se parece Charli. Se parece temerosa y perdida.

En esa noche otoñal de Batalha, hacia su tour de mesa en mesa, ofreciendo con su amabilidad de siempre las bondades de su arte de musiquera de la flauta.

Y andaba ataviada para la ocasión, esta vez, de gitanilla andaluza, con mantillas y brocados de imitación de Manila. Su cabello pelirrojo estaba recogido en un moño alto coronado con una ristra de flores artificiales, seguía siendo rojo macarela como la flama de los celajes invernales que doran las costas de Espinho por sobre las olas del Atlántico.

Su apariencia quebradiza como de perrillo faldero. Su sonrisa amplia y sincera de entrega sin condiciones, era su gran virtud y a la vez su gran problema.

Ella se daba a las primeras de cambio, y a veces sin garantias y, no siempre recibía la misma deferencia de los hombres; sino, todo lo contrario.

Ya lo dijimos : a veces la vida es muy putona.

FLOJO  DE  ESPOLONES

En esa fría y húmeda noche otoñal de Batalha, el Marqués tuvo la certeza de que por fin la vida le regalaba la última oportunidad para descifrar el enigma de : Las calles perdidas.

Ese enigma que le perseguía como su mala sombra a través de todos estos últimos años, importunando incluso sus sueños y su mundo onírico, donde se veía temeroso y desamparado buscando la salida de esos callejones empinados y mal empedrados como los caminos del infierno, rodeados de zaguanes lóbregos y condenados sin salidas, como bocaminas clausuradas. Esa fuente gótica y seca rodeada de gatos negros y gaviotas oscuras que más parecían cuervos graznando en la madrugada.

Eran callejones olvidados a su suerte y al olvido, donde él caminaba despavorido huyendo del minotauro de sus miedos y sus demonios.

Siempre subiendo y subiendo por una escarpada por donde pareciera que le guiaba el diablo.

De modo que, después de tantos años, era otra vez Charli quien le ayudaría a desvelar el enigma de las calles perdidas; porque fue su guía prodigiosa por esos vericuetos tristes en aquella lejana madrugada del invierno navideño casi ya olvidado.

Fue el cicerone mágico que le insistió con una porfía ardiente de amores contrariados a mostrarle los misterios de un lugar solo permitido a los noctámbulos de malevaje duro.

Como no podía interrumpir su “show”, su trabajo, y tampoco deseaba sentarse en alguna mesa, resolvió esperar pacientemente a que pase el tiempo caminando frente a los portales del teatro aledaño, haciendo la “imaginaria”.

La vigilia paciente, soportando los rigores marinos que chapoteaban en el viento que se arrastraba en la oscuridad azul, penetrando furtivo desde el estuario del Douro raspándole los huesos.

Hasta que Charli termine su labor y él brinque como un gato escaldado a abordarla y convencerla de su cometido con maneras convencionales y cariñosas, como ella gustaba ser seducida.

Que a esa altura de su vida ya andaba con las fuerzas justas y muy flojo de espolones.

De modo que, haciendo el paseillo de la imaginaria, con los efluvios de sus recuerdos, enmaridó una otra noche de fuerte bochorno veraniego.

GRACIAS A LA VIDA

Él estaba sentado en una terraza en Das Aliados, tomando un trago largo y viendo pasar la vida. Contemplando los tejados hastiados y mohosos, los muros decrépitos de lo que en épocas coloniales serían palacetes y el silencio oscuro cubriendo las ventanas desdentadas, de los que serían vitrales catedralicios.

Entonces, con el viento caliente que soplaba del trópico de cáncer a través del Atlántico, le llegó la melodía suave de una flauta.

Viró la mirada, y ahí estaba el musiquero vestido de Charlot.

Él pensó que era un hombre, y solo se dió cuenta cuando la figura se plantó frente a su mesa clavándole con su mirada de chica asustada, mirada de Charli.

Era una mujer con el atuendo “chaplinesco”. -Hola- dijo, y se quedó sosteniéndole la sonrisa.

-Ha ver que sabes hacer-. Dijo el Marqués.

-Puedo tocar mi flauta para tí-, respondió la figura.

-Puedes tocar el : Cóndor pasa ?. Dijo él.

-Hay no ! – se sobresaltó-. Eso no he practicado. -Pero te puedo tocar : Gracias a la vida-.

Y empezó con la melodía, tocaba con tanta pasión como que le salían las notas de las entrañas mismas y se perdía en una concentración donde solo vivía ella.

Él también se emocionó y llegado un momento ya no pudo más, díjole :

-Basta . . . basta !, me vas ha hacer llorar y no estoy para lloriqueos.

-Verdad que te gusta ?, replicó -. A mi también me apasiona. Me apasiona todo lo que compone Mercedes Sosa.

-Vale -repuso-. Siéntate, te voy a contar. Quieres beber algo, la casa invita je, je.

-Si obrigada- respondió -, me tomaré un penalti.

-Wow ! y eso que és ?.

-Él sabe- dijo “la Charlot” señalando al garzón que se acercaba y, ordenó.

Le trajeron un vaso largo con un líquido transparente que rezumaba sudor por los costados. Ante su mirada de sorpresa ella aclaró.

-Es un blanquinho muy bueno con una porción de aguardiente, eso, un penalti.

-Ajá !-. Suspiró el viejo -un penalti, la vida es un aprendizaje constante, joder !.

-Como te decía- continuó señorial-. La canción Gracias a la vida, la canta Mercedes Sosa, también Joan Baez; pero quién la escribió, me entiendes ?, quien la parió es nuestra Violeta Parra. Violeta es una magnífica folclorista del sur de Chile, además de cantante y compositora es muy creadora haciendo artesanía campesina de la región de Temuco. Ella misma es de origen campesino, y su canción Gracias a la vida, es en realidad un lamento que ella se acompaña solo con el rasguido del charango.

-Las otras cantantes- continuó-. Sosa, Baez y otros, la han estilizado, sobre adornado, maquillado. En realidad, creo que la han desnaturalizado con aditamentos de instrumentos de viento, percusión, cuerdas y escenarios pomposos con juegos de luces y toda esa parafernalia comercial.

-Violeta, compone y canta para el pueblo llano, para la resistencia, canta por la libertad y contra la opresión porque es parte de esa realidad. Tuvo una vida muy dura en el amor y en el arte, y a pesar de todo : Agradece a la vida. Qué te parece.

-Sigue componiendo ?- preguntó la “Charlot” admirada-. Donde vive ?.

Violeta, ya no está entre los vivos. Murió !.

Tuvo una crisis emocional y se pegó un tiro, se suicidó.

Por eso Violeta, hoy, vive en el imaginario, en el corazón y la mente de los latinoamericanos.

Es mito y leyenda; es protesta, es insurgencia.

Es el agradecimiento a la vida, esa que dejó al morir.

Calló el Marqués y se produjo un vacío entre los dos.

Charli se sacudió emocionada como volviendo del pasado.

-Increible !- dijo-, tenemos que hablar más de esto.

-Porque no nos vemos mañana -propuso- quiero mostrarte la artesanía que yo fabrico.

Quedaron en verse al día siguiente en Santa Catarina y Formosa a las doce, ella partió con rumbo desconocido taconeando sus zapatos blancos a lo Charlie Chaplin.

-Coño ! – dijo al verla partir-. No le pregunté su nombre, tiene que llamarse Charli, tiene perfil de Charli.

BATALHA

El ralente frio con olor a sales marinas que trepa la colina de Batalha desde los barcos ravelos del atracadero de Ribeiro, le humedece el cuerpo y le complica la imaginaria. La vigilia se le torna agotadora por la molestia en sus artrósis.

Es una noche humectante de otoño, graznan las gaviotas sobre Batalha reflejando en sus pechos blancos las luces de los reflectores, traquetean los taxis trajinando turistas, ladra un perro, se aparean los gatos en alguna callejuela aledaña, los bares están en plena marcha.

Mientras Charli actúa, hace su show : muestra su habilidad con la flauta y saca sus avalorios de artesanía para venderlos, lo hace con gracia y talento.

Definitivamente, esta chica se gana la vida divirtiéndose divinamente con sus habilidades artísticas (pensó), no anda por la vida como sonámbula.

Batalha, ya no es aquel páramo gris y triste de hace años atrás, cuando lo conoció de la mano de Charli en el Natal de su desbravada bohemia.

En aquél entonces le produjo temor ese lugar de aceras desconchadas, rincones lóbregos, bolsos de basura tirados a la bartola, grupos de mendigos, de borrachines y otros con trazas de tener el mono de abstinencia de la droga.

Había apenas un par de hoteles cerrados y otro tanto de bares de mala muerte para parroquianos trasnochados.

También se enteró que aquel sitio fue en tiempos de insurgencia una colina de combate, donde se daba se cita el pueblo llano para dirimir sus contradicciones con el poder del estado.

Era una trinchera de lucha reivindicativa del pueblo de Oporto.

Hoy, Batalha, es un lugar remozado y alegre, hay terrazas nuevas en su entorno, hoteles de cuatro estrellas, su fuente es límpida y fluida, unida al trasiego de turistas del opulento hemisferio nórdico.

Que lejos de aquellos otros turistas “los chinesos”, que se alojaban en los hotelitos de Das Aliados y, acudían temerosos a Batalha buscando la merienda de la tarde.

TUA SEMPRE

Al día siguiente como acordaron, el Marqués estuvo antes de la hora en el lugar convenido en la víspera en Das Aliados, tenía curiosidad por esa chica que vestía de Charlot.

A esa hora del mediodía Santa Catarina era un lugar lleno de gentes, y él trataba de ubicarla entre la multitud mirando con atención, porque suponía que ya no llevaba el atuendo del día anterior, o quizás simplemente no iría, dijo eso de verse solo para salir del paso.

Pero no !, en algún instante determinado la vió !, estaba en la esquina de Formosa y, vestía como una chica normal y oteaba al gentío con cansancio en la mirada.

Él agitó las manos para llamar su atención, pensó decir su nombre, pero no lo sabía, entonces se le ocurrió llamarle con el apelativo de : Charli !.

-Charli . . .  Charli – mientras agitaba los brazos, algunos turistas quizás pensaron que era algún chalado a esa hora de la bullanga veraniega.

Hasta que ella puso su mirada celeste en el individuo que la llamaba con ese nombre.

Se le encendió una sonrisa y fue presurosa a su encuentro, se abrazaron como si fueran dos amigos de toda la vida, ella le plantó dos besos en los cachetes.

-Perdona que te haya llamado Charli- se disculpó-, es que ayer no me dijiste tu nombre.

-No importa -le replicó-. Si me llamaste Charli, está muy acertado, yo me llamo Charli para ti, y tu como te llamas ?.

-Dime Marqués- dijo.

-Es tu nombre ?, o es algún títulooo de hidalgo ? -, se avergonzó.

-Las dos cosas, o ninguna- replicó.

Rieron con una risa cómplice. Ella le tomó del brazo.

-Vamos-, sugirió y le condujo Formosa arriba.

Estaba lozana y bella en el mediodía balsámico del verano porteño, le miraba con sus ojos celestes como dos estanques de aguas profundas. Su cutis sin el maquillaje de la noche anterior era rubio de un resplandor nacarado, tenía la expresión retraída, cavilosa, como las Madonas de las pinturas florentinas de las mujeres del Mediterráneo.

En todo caso, a él le pareció que su belleza era una belleza mal administrada, se notaba una belleza con mucha bohemia y poco sueño.

Tenía el cuerpo delgado y bien conformado, los senos pequeños y erectos, el pompis redondo y levantado, calculó a vuelo de perito tasador de abisinias que rondaba los 25 años, si acaso alguno más. Estaba de buen ver a pesar de las amanecidas con que se delataba.

A su lado y tomado del brazo, él parecía un distinguido “contable inglés” en retiro  venido a menos, que se había vestido para hacerle cumplidos, serle galante, gastarle bromas y pedirle un beso.

-Eres turista ?, a qué te dedicas ? – preguntó.

-No, no soy turista – respondió -. Digamos que soy aprendiz de escritor je je, y me dedico a escribir.

-Me lo imaginaba después de oírte ayer -sonrió – por eso te invité.

Se detuvo, sacó sus llaves y propuso :

-Subimos a mi taller que es también mi domicilio ?.

-Si no tengo otra alternativa ? – le guiñó un ojo -. Que me queda !.

-No !, no la tienes ja ja – le jaló escaleras arriba.

Subieron por rellanos con macetas de flores colgadas de las paredes y pequeñas puertas adornadas en los descansillos.

-Sube con calma – le previno – vivo arriba en el último piso.

Llegaron jadeando a una especie de ático al aire libre, había una terrasilla coronada de flores con enredaderas que trepaban por los emparrados carcomidos de musguitos verdes, una jaula con dos gallinas y un gallo, otra con dos pares de conejos y una jardinera de plástico para sentarse al ralentí.

Era un ambiente relajador y de recogimiento.

Entonces ! le presentó a una dama cubierta toda por una túnica rosa con estampados indostanos, le colgaban del cuello avalorios de conchas marinas, tendría unos 70 años y la prestancia de una sacerdotisa de los templos de Tebas.

-Ella es : Nazareth -dijo ceremoniosa -. Es mi gobernanta y dueña de la casa.

La dama de la túnica le miró con detenimiento. Saludó con una letanía de portugués antiguo, ese que hablaban los navegantes que cruzaron los mares o los hábiles encuadernadores que hicieron las carabelas de Colón.

Le hizo preguntas que tuvo que traducir Charli; una vez satisfecha su curiosidad, le penetró con su mirada de algas marinas que le desnudaron el cuerpo y el alma, para saber si decía la verdad.

Luego, dió su aprobación y gorjeó algo así como : bienvenido. Comunicó que se iba al Bolhao por una hora, dándoles a entender que ese era el tiempo que les otorgaba para su entrevista, o lo que quisieran hacer en la atmósfera caliente del bochorno, en la intimidad del ático.

Él quedó con la certidumbre de haberse encontrado con una reencarnación de aquellas meigas mágicas antiguas de las rías gallegas de Cambados.

No bien partió Nazareth, ella le jaló a la penumbra de su pieza  con premura ardiente en la mirada.

Su cuarto era un pequeño atelier, donde destacaban : su atril con sus pentagramas de su flauta, su caballete de pintura, su mesilla de trabajos artesanales, un pequeño estante con libros y su cama con una colcha de corazones partidos para las faenas del amor.

Le mostró sus creaciones de artesanías : collares, esclavas y grabados con motivos del Oporto antiguo. Sus cuadros de marineras inspirados en las pleamares de las playas de Afurada y Spinho. Le hizo oír arpegios de flauta interpretando fados del  “O  povo profundo”.

Charli le mostró que era una artista de mucho cuidado, una creadora todoterreno, tenía la virtud de elevar todo lo que creaba de lo normal a la categoría de novedoso, interesante, a través de su técnica personal y genuina.

Pero, a veces, lo dejaba todo tirado a la bartola y, se perdía en el vendaval de la vida.

-A veces me aburro -díjole-, y me doy al malevaje hasta que no sé de mi alma ja ja.

Èl, no pudo evitar un pensamiento mundano : ( Es joven, algo virgen, bella, creadora con talento, debe cotizarse alto. Como no poder con ella dormir, soñar, correr olas, nadar, follar ? ).

Se sentaron sobre la colcha de corazones partidos. Ella le miró con sus ojos ingenuos color cielo que tenían un círculo íntimo azul marino alrededor de sus iris, parece que deseó mirar su alma oscura y retorcida de viejo puto.

Como queriendo decirle : Aquí me tienes atada a la cama por sus cuatro postes de pies y manos mirando el techo o, mejor tumbada de barriga besando la colcha, o en el banco de dar azotes, elige !.

Ambos sabían de la diferencia de sus edades; pero también sabían que se identificaban como dos almas gemelas, almas gemelas en la bohemia y ese sedimento residual de deseos contrariados que ennoblece al ser humano.

Solo tenían que dar el salto temerario de pasar a la acción; había que empezar besando la mejilla, mordiendo el cuello : Gemelo mío – le dice ella.

Èl siente el instante de su respiración agitada, está mojada, la echa de espaldas y levanta su falda hasta la cintura, hay que suponer el percance de desabrochar botones y volver a ser como fueron paridos.

Él no deja de ver con quien lo hace, ella no oculta la cara, está radiante.

El acto se consuma con la normalidad de los pareos de la vida.

Luego yacen y se agradecen entre murmullos y besos, buscarán la toalla, el agua caliente en el bidé : Con cuidado Charli, no vayas a derramar al “marquesinho” que fue inseminado en tus cavidades.

Ella ríe con una franqueza agradecida y le contesta :

-Te voy a dar un regalo como recuerdo de esta tarde para que lo lleves siempre.

Coge un libro de su duermevela y le alcanza.

-Toma, es para ti, es mi mejor libro.

Él coge el libro, lee : A Verdade da Mentira -Confidencial-. Tras la carátula está escrita una dedicatoria. Se emociona, sus ojos se humedecen, dice :

-Gracias, obrigadisimo, obrigadinho . . .  gemela mia !.

En el instante del beso de la despedida, ella le pide el libro y escribe lo último :

TUA SEMPRE

LA IMAGINARIA

Charli no acaba de terminar, vá de mesa en mesa, actuando, conversando, es buena argumentadora, además masca varios idiomas y le encanta enrollarse con la tertulia. Definitivamente, hace su show de temporada.

Mientras el viejo Marqués se mueve nervioso en el frío y la impaciencia. Sabe que tiene que esperar, sabe que otra oportunidad no la tendrá ya nunca más. Él es un cazador furtivo y sabe esperar.

Toda su vida pasada fue una cadena de esperas y encuentros, de citas y desencuentros con personajes míticos y con su historia.

Logró cosas interesantes y tristes, hizo girar a sus enemigos para mirarles de frente y vio que no daban la talla.

Hoy, recoge los aperos de su historia pasada, hace la imaginaria, camina sosegado delante del teatro de Batalha recordando sus vivencias con Charli, para poder al fin escribir el epílogo de : Las Calles Perdidas.

Para poder encontrarse al fin con su ánima perdida, con esa obsesión ancestral y secreta, con ese fuego que le hace buscar fronteras septentrionales en tierras de nadie, siempre al filo de lo imposible.

EL FANTASMA DE LA NAVIDAD

Fue cuando él escapaba de la navidad, del fantasma de la navidad, de cuando Oporto era una ciudad abrumada por la crisis, desconcertada y triste, descuidada y abandonada.

A las horas de la madrugada navideña, se despidió de las turistas chinesas en La Celeste, y bajaba rumbo a su hotel por esa callejuela de posadas para el polvo de emergencias, la calle del pito. Cuando viró la mirada rumbo al callejón oscuro y embarrado de gradas angostas, tristes y tétricas a esa hora del amanecer porteño, notó que alguien le hacía señas con los brazos entre las brumas góticas de la callejuela medieval del tiempo de los Braganzas.

No podía creer, pensó que era una ánima del amanecer, una aparición de ultratumba o, el mismo fantasma navideño.

Era una mujer vestida de bataclana con ropas livianas de encajes de colores en el húmedo frio del invernal diciembre.

Y, cuál sería su sorpresa de aniversario al ver a Charli en persona bataclaneando en plena vía pública.

Charli vestida de bataclana a esa hora de la mañana ?.

Abrumado por la curiosidad, la sorpresa y el espanto, preguntó a la figura parada gradas arriba en las sombras góticas del páramo :

-Charli, Charli eres tu ?, o es solo una alucinación de mi soledad navideña ? -clamó.

-Si ! soy yo -respondió la figura -, ven te estoy esperando.

Al viejo Marqués le sobrecogió el miedo. Después de mucho tiempo se sintió escaqueado y no se atrevió a subir los peldaños de piedras negras como le pedía la voz.

-Joder ! – respondió -. Baja para que te pueda ver, por qué me esperas a estas horas del amanecer ?.

Charli bajó las gradas lentamente, emergiendo de la penumbra soporífera de la alborada pascual.

-Si Marqués -le sonrió-. Te vi con las chinesas en La Celeste y decidí esperarte en este pasaje.

Uf ! le entró el alma al cuerpo. – Que coño haces ahí Charli, eres acaso el Fantasma de la Navidad ?.

-Si ! -dijo-, los soy, y deseo llevarte por el Natal de Porto volando como si fueras el tacaño Ebenezer Scrooge ja ja ja.

Sin darle tiempo a reaccionar le brincó con un abrazo plantandolé un beso profundo en la boca que tuvo un sabor caliente a vino fuerte.

Él, acogió a ese cuerpo aterido de frío y sintió su aroma de amanecida y algas marinas de otros tiempos.

Se quitó la gabardina, luego la americana y se la puso por sobre los hombros desnudos y entumecidos con dos témpanos de hielo.

Ella se encogió como un gorrioncillo herido y se envolvió en la tibieza de la americana.

-Tenemos que ir a algún sitio caliente -propuso-; pero no sé donde.

-Yo conozco uno – se animó y le lanzó una mirada intensa, cómplice, como ofreciéndole el lado oscuro de su suerte.

-Vamos Marqués ?- y le cogió del brazo.

Ambos se perdieron por las callejuelas del amanecer navideño, siguiendo la constelación de la estrella de Orión.

EL TOUR DE EBENEZER SCROOGE

Reencarnada en el Fantasma de la Navidad, le llevó por Das Aliados siguiendo la vía láctea de la madrugada que parecía les guiaba hacia el establo de Sión.

Doblaron por Sao Bento hacia la fuente de Mousinho, para luego subir una calleja con baranda negra virando a la izquierda, siempre subiendo, hasta dar con la tasquinha de amanecidos perdularios.

La recibieron con alegría, a él le miraron con desconfianza, ella era su garante. Pidieron vino, y les trajeron vino con una fuente de cocido. Brindaron vino con los otros hombres que estaban colados por ella.

Él se sintió celoso y apoyó su mano en su rodilla explorando sus muslos fríos con parsimonía y un supuesto derecho de pernada.

Ella, dijo -salud por el amor-, se pusó de pie y se sentó en su regazo.

-A ver escritor primerizo -le dijo en el oído- que festejamos hoy ?.

-Hoy, -le confesó-. Es mi cumpleaños- y le mostró la copia de su pasaporte.

-Verdad, felicidades ! -le dió un beso-. Tengo que darte tu regalo de aniversario.

-No es necesario -dijo él.

-Si ! es necesario -le aseguró-. Hoy tendrás tu regalo de navidad; pero primero te mostraré la amanecida de Porto en el Natal.

Se armaron de una botella de fino y salieron a seguir la ruta de Abenezer Scrooge.

El Fantasma de la Navidad Charli, le guió a la cima de Zé catedral y le mostró las colinas, las iglesias y los parques del campanario al amanecer. Bajaron hacia las chabolas de uralita de los gitanos, para luego perderse en los vericuetos tenebrosos de las calles oscuras.

Él sintió el temor a las sombras que se apretujaban en los fétidos aleros y, bajaron apresurados hacia Sao Bento.

-Ahora -le previno-. Àrmate de vigor por qué vamos a subir a mi picadero, ahí te entregaré tu regalo de aniversario.

En ese señalado instante, el viejo Marqués perdió el sentido de la orientación, mientras ella le jalaba por otras calles más sombrías con los empedrados destrozados, con zaguanes oscuros, con feroces gaviotas que se disputaban a picotazos tripas sanguinolentas, algún borracho, o vagabundo, o adicto al crack que cruzaba las aceras angostas y mugrientas en el aire estancado y húmedo de la mañana.

-Ya casi estamos -le consoló-, al verle abrumado.

-Ves aquella fuente ?, es ahí mismo.

Para él todo era subir y subir por el calvario de la escarpada hacia la fuente anodina.

Aquí es ! -. Dijo deteniéndose ante una puertesilla carcomida y devorada por el comejen del tiempo. Jaló con destreza un cordón que salía del ventanuco de arriba y la puerta se abrió emitiendo un quejido, subieron por una gradas semi oscuras que chirrieban a cada paso.

Èl se sintió acojondo a cada tramo y se aferró con fuerza a la mano que ella le tendía, debía confiar en ella, no tenía otra alternativa.

Llegaron a un cuartito semi oscuro donde habían dos hombres tan tristes y lóbregos como la casa. Después le contaría que eran una pareja gay.

Les pasaron la llave y siguieron subiendo hasta dar con su cuarto privado, su picadero. Era una pieza frígida, con una cama grande, roperos empotrados, sanitarios y un bargueño del tiempo del olvido.

-Hace frio – comentó él.

-Yo lo arreglo -dijo ella y salió.

Estaba cohibido, miró la pieza desangelada con temor, se asomó a la ventana carcomida, movió la cortina y vio sombras siniestras que atravesaban la calleja desierta y lóbrega, sintió miedo y desesperanza; pero también una certeza de que debía confiar en ella.

Hasta que volvió Charli hecha una páscua, traía un calefactor que caldeó el ambiente.

-Ponte cómodo -dijo, se quitó de sus tules de bataclana y se metió sin más bajo la ducha fría; porque no había agua caliente, se vió que estaba acostumbrada.

-Quieres venir a la ducha ? – invitó.

-No gracias, primero muerto – respondió.

Salió tiritando, se bebió un sorbo largo de la botella de fino y se le encaró.

-Marqués – díjole mirándole con intensidad -. Quiero que estés a gusto con mi cuerpo, es tu regalo de cumpleaños.

El viejo, revivió como por encanto, le renacieron las ansias de perdulario puto.

-Es posible ?, puedo tocarte, puedo palparte, puedo hacer de todo ?-. Preguntó.

-Si !, toca, cogé, adueñate de mi cuerpo, no preguntes, es todo tuyo -. Le amonestó.

Acomodó su cuerpo desnudo al suyo y se saborearon, se deleitaron en cada envite, se abandonaron en sus brazos y piernas, se inundaron en sus olores, sus flujos y sus salivas.

Retozaron como dos conejos primerizos, en todas las formas. Las convencionales que sabía el Marqués y, las concupiscentes que se sabía Charli : un romano, un francés, un griego, un polvo vainilla.

Joder ! esta chica se las sabe todas, es una traviatta ( pensó). En las faenas del amor no hay límite.

Se amaron hasta que les venció el cansancio y el hambre.

-Tenemos que comer; pero no sé donde -. Reflexionó.

-Yo sé -dijo ella – vamos a lo del Habibi.

Se aprestaron a salir, el Marqués hecho una última mirada al cuarto del pecado, el picadero. Esa imagen desolada con la cama desecha y húmeda le seguirá en sus duermevelas como el fantasma de su navidad personal.

Salieron al frío gris, y otra vez a subir por las callejas tétricas de piedras negras, pasaron por un un angosto pasadizo y desembocaron en un páramo gris y triste.

-Esto es Batalha ! -. Le dijo Charli.

Se sintió estremecido, ciertamente el páramo era sobrecogedor, así como esa iglesia gótica al fondo que más se parecía un castillo de vampiros.

En una esquina vieron el único restorant abierto con unos cuantos turistas asiáticos, los chinesos.

El menú era solo de cordero, pollo, bacalhao y falafel.

-Ponganos de todo -. Ordenó él -para mí un té, y para la señorita . . .  ?.

-Tráeme un blanquinho con cachaza – pidió.

-Hás pedido demasiado, es mucha comida -. Le reprochó.

-Hoy es mi santo – le señaló el cielo nublado -.Además, ya no soy el tacaño Evenezer, soy el dadivoso Scrooge je je.

Llegaron los pedidos. ella alzó su copa y le miró con una dulzura parecida al amor :

-Marqués -le dijo- : Salut, Vita, Shalom !.

-Obrigado Charli ! nunca me festejaron con la sinceridad que tu tienes – se emocionó.

Cenaron, se divirtieron con la charla y, ella dijo : Me tengo que ir, Nazareth me espera.

Se despidieron sin mayores ceremonias y, ella partió rumbo a Formosa. Él se quedó con su soledad, así estaba escrito, así tenía que ser.

LAS CALLES PERDIDAS

Las campanas de la iglesia doblaron llamando a maitines marcando la media noche, y Charli seguía con su show, mientra él rebobinaba el polietileno del pasado.

La vieja iglesia de San Ildefonso, ya no era aquella la de la navidad, como pintada con humo.

Era otra, renovada, cubierta de azulejos brillantes, sus atalayas pintadas y sus capoteras iluminadas con reflectores que disimulaban las sombras de sus aristas góticas.

Batalha era un lugar reciclado para turistas adinerados, esos que le aliviaban en su crisis de caballo.

Fue en ese instante cuando Charli empezó a liar sus bártulos y salir a la explanada.

Él se puso en guardia, como un lince en cacería, tenía que abordarla, no vaya a estar ocupada y con otro por ahí esperando.

Pero no fue así, ella le tenía ubicado, ella era más lince. Se le acercó sonriendo, alegre, sumisa, cariñosa.

-Hola ! -dijo-. Un abrazo, besos, el tufo a tinto añejo.

Coño ! que tronco de mujer (pensó) el mismo sabor a hembra joven.

-Sabía que nos encontraríamos -suspiró-. Te soñé.

-Soñaste conmigo ? – dijo alagado.

-No !, hace dos noches soñé con pelícanos que llegaban del norte, le conté a Nazareth, y ella me tradujo el sueño diciendo que en cualquier momento me encontraría contigo. Cómo estás ?.

-Bueno, ahí, siguiendo la vida, y tu ?.

-También siguiendo la vida, ahora otra vez nuestra vidas se cruzan ja ja, te invito un copo – sonrió solícita.

-Tenemos que hablar -se apresuró- Pero no ahí donde los turistas, en otro sitio más tranquilo, más discreto, más nuestro, conoces ?.

-Yo conozco, vamos ! – ordenó y le cogió del brazo.

Se pusieron en camino y esta vez no subieron, bajaron por una callecita angosta e iluminada.

Le condujo a la puerta de un barcito fulero, un timbirichi muy coqueto y decorado de color rosa, habia en la acera una mesita solitaria con dos sillas como si estuviera esperandoles.

Fueron a la barra y ella pidió un tinto añejo, él quería beberse un té, no había, solo alcoholes fuertes, se decidió por un vaso de zumo de un tetra pak que vió en la heladera. Le dijeron que no podían abrir el tetra pak solo por un vaso.

-Venga, deme todo el paquete y una pajilla – se desesperó.

Se sentaron en la mesa de la acera, se miraron como buscando las huellas del pasado, casi no las habían, bastante historia transitó por sus cuerpos. Él, más viejo aunque conservado, ella madura, todavía de una belleza destacable aunque bastante rodada.

Le contó su vida llena de sobresaltos; que le habían metido en un negocio ilegal, que quedó embarazada y lo perdió, que rompió su noviazgo, que se enteró que él la buscó; pero las “otras” le dieron pistas falsas por envidia, que a Nazareth le caiste bien, y que ahora se dedicaba a hacer tallados en madera.

Abrió su macuto y le sacó un muestrario, eligió el más bonito, puso una dedicatoria en el reverso y le alcanzó después de llevárselo a los labios.

-Toma -le miró- es para ti.

Èl se sintió aturdido mirando el regalo y, despertó cuando notó que unos turistas les fotografiaban.

-Gracias Charli, tu como siempre magnánima -le sonrió-, tu no cambias chica.

-No creas -le devolvió la sonrisa- es solo contigo Marqués perdido.

-Ahora tienes que contarme el misterio -le tomó la mano por sobre la mesa-, de esas calles tenebrosas que me hiciste subir aquella noche de nuestra navidad.

-Esas calles me atormentaron en mis pesadillas de madrugada y, cada vez que volvía a Porto, me paraba en Sao Bento buscando las malditas calles para aclarar mis sueños, pero nunca las encontré.

-Habian calles que subian pero eran otras, no aquellas grises y tristes por las que tu me guiaste. Hasta llegué a pensar que todo fue un sueño, un mal sueño de navidad.

Fui a Formosa y hablé con Nazareth, ella me dijo que te fuiste y que te buscara en Sao Bento.

-Joder ! ni mi bataclana, ni las calles perdidas, ni Charli, solo mis malos recuerdos junto a mis demonios. Ahora tienes que decirme por dónde diablos caminamos aquella madrugada del natal !.

-Hummm . . . ronroneó y le dió una mirada compasiva :

-Si Marqués -continuó-. Lo recuerdo, esas calles tristes que tanto te asustaron ya no existen, ahora son otras.

-Las deshicieron y construyeron nuevas, en las mismas cuestas, las volvieron calles modernas para los turistas que están salvando nuestra crisis.

-Son estas Marquesinho -le soltó la mano y señaló la calle iluminada que bajaba la cuesta.

-Estas ? -pregunto asombrado.

-Si, estas que suben desde Sao Bento llenas de negocios turísticos, agencias de viajes, inmobiliarias, es esa fuente romana rociando agua que se puede beber, son esos callejones blanqueados con cal e iluminados, son estas losetas nuevas, estas aceras bien compactadas, estas farolas de luz halógena.

-Son estos turistas adinerados que suben y bajan todo el día fotografiandoló todo, hasta nuestras intimidades.

-Es nuestra necesidad Marqués, la que nos hizo vender el alma al mejor postor para poder salir de la miseria.

Había dolor en sus palabras porque quizás añoraba esa otra realidad más simple pero suya, solo de ella y sus bohemias de aquelarre.

-Si ! – le consoló mirando las calles recicladas-. La vida es muy putona, en algún momento todos tenemos que prostituirnos para poder vivirla.

-Y ahora dime : Que es del cuartito aquel, el picadero, donde quedó, todavía existe ?.

Ella le dió una mirada de misericordia sensual, abrió sus labios rojos y dijo :

-Es aquel ! – señaló al frente en diagonal.

Él subió la mirada al frente, no habían las paredes desconchadas, habían negocios de fazendas y una entrada iluminada con un letrero brillante que decía : PENSAO

-Joder, todo está cambiado – se dolió -. Sigue regentando la pareja gay ?.

-No ! – dijo -. Uno murió, el otro anda por ahí perdido.

-No todo está perdido – dijo ella -, el cuartito es el mismo, está como tu lo dejaste, es aquella ventana. (señaló con el dedo).

-Será que me está esperando ? -fanfarroneó y alargó la mano por sobre la mesa y le presionó suavemente su seno.

-Será que podemos visitarlo para comprobar ?. – rogó.

-Ah Marquesinho putinho – apretó su pecho a la mano golosa – en eso no has cambiado, eres el mismo. Claro que podemos visitarlo, ésta misma noche lo haremos.

Cruzaron sus miradas cómplices, hojearon los recuerdos del pasado, sus bitácoras privadas, sus tumbos por la vida.

Él recordaba más cosas, cronista al fin, ella le recordó que Nazareth le tenía mucha estima, le hizo prometer que iría a verla, insistió en las “otras” las malvadas que le ocultaron sus recados para evitar que se encontraran.

Ella paladeaba el tinto añejo y él como un niño sorbía su pajita de zumo del tetra pak.

Hasta que llegó el momento que no se podía postergar más y debía cumplirse.

-Ya vamos – ordenó poniéndose de pie.

Cruzaron la calle, no tuvieron que jalar ningún cordón como antes. Subieron por unas gradas iluminadas y limpias, al fondo estaba la recepción, lejos de aquella pieza oscura de antes. Todo era renovado, restaurado, hasta el recepcionista que habló con ella y le dirigió una mirada de asombro, no por su figura, sino porque sorbía el zumo con su pajita con ansiedad compulsiva.

Por fin subieron al cuarto, y apenas entraron, él se encontró con los restos del pasado. El cuarto estaba increiblemente conservado, como la vez anterior, era como volver al Natal de las calles perdidas.

El tiempo se había congelado en el picadero : el bargueño, el ropero empotrado, los sanitarios donde Charli se duchó con agua fria, la cama del pecado, las cortinas, todo estaba como dejado en la víspera, o conservado en la soledad, hasta el polvo asentado tenía la placidez de semanas, meses, años de sedimentación tranquila.

-Ya ves – ella rompió el silencio -, aquí está todo como lo dejaste, esperándote.

-Increible !. – Se sorprendió paseando la mirada por el cuarto.

-Es como volver al pasado, es como un sueño -. Volvió a decir y la miró con deseo.

-No me mires, date la vuelta – le ordenó otra vez – voy a orinar -. Y se sentó en el bidé.

Èl se dirigió a la ventana y apartó la cortina, como hizo aquella vez. La calle era distinta, nueva, iluminada. Pero, pudo más el lastre del recuerdo :

Se le nubló la vista, afloró el pasado; vió nuevamente la calle triste y semi oscura, vió gatos merodeando, vio gaviotas como gallinazos con los picos corvos, vio dos sombras negras que se acercaban al pie de la ventana y levantaban la mirada.

-Oh Dios ! – pensó – he caido en una trampa.

Las sombras levantaban la mano señalándole con los dedos abiertos.

En ese estado de pánico sonó la voz de ella a sus espaldas.

-Ya está, ven para que me ames – ordenó la voz.

Se despertó como de un mal sueño, miró nuevamente a través de la ventana, la calle recuperó su ambiente iluminado y limpio, las dos sombras eran turistas que posiblemente fotografiaban la fachada de la casa.

Sorbió su zumo con ansiedad y se dió la vuelta. Charli también estaba cambiada, ya no tenía esa placidez de mujer cansada con aires de filosofía. Era la mujer alegre que le llevó a ese picadero en el invierno navideño.

Tenía la mirada brillante, dispuesta al acto de la entrega.

-Ven siéntate en la cama, no hagas nada, te voy a sacar los calzados – todo eran órdenes.

-Ahora échate – continuaban las órdenes- : las manos aquí arriba, las piernas tiesas. Estás amarrado a la cama, estás encadenado, tranquilo, yo te quito la ropa, a ver !.

Él como un niño obediente :

-Quiero sorber mi zumo – mirando y obedeciendo.

De un tirón se quitó la falda de gitanilla, luego la blusa de flores y los sujetadores, tenía las bragas breves que apenas tapaban su pubis rasurado, níveo y rosado.

Su cuerpo bastante bien conservado a pesar de sus trotes, y la sonrisa entre maligna y sádica y angelical al mismo tiempo.

Él sabía de siempre que podía confiar ciegamente en ella.

Hicieron sus cosas con lujuria profesional, en realidad ella lo hizo todo, con ganas, con decisión, con agradecimiento, como si estuviera pagando una ofrenda prometida.

Ya no eran los conejos primerizos de la época de las calles perdidas, su amor de ese momento era sosegado, tranquilo, con sus tiempos medidos, de agradecimiento a la vida, nada más.

-Ya está ! – le animó complacida – todavía puedes viejo Marqués.

Se quedaron un largo rato mirando las manchas del tumbado y recuperando los sístoles del corazón.

-Ya es muy tarde – dijo él -. Me tengo que ir, creo que por fin deshice el embrujo de las calles perdidas.

-Yo te ayudo – le respondió solícita.

Se cubrió su desnudez con su mantilla de pretensiones manilas y le ayudó a vestirse, y le acicaló como a un niño o como a un viejo,

-Tu pañolón se parece a cuero de culebra – comentó, le puso su zumo del tetra pak en la mano y le dió un beso profundo.

-Ya está, puedes partir ! – ordenó por última vez.

-Yo me quedo a hacer mis cosas.

No hubo adioses, ellos bien sabían que entre caminantes no hay adioses, solo hay camino.

-Ya sabes – le gritó hacia las gradas -. Yo paro por Batalha.

Él miró el cuartito por última vez y bajó las gradas lentamente, el hombre de la recepción le despidió con la mano mirando como sorbía de su caja de zumo de tetra pak, él, dijo : – La mulher quedó arriba.

Salió a la neblina de la amanecida y cruzó la callecita, cruzó Batalha y se perdió con rumbo desconocido.

Sacó del bolsillo de su gabardina el grabado que le dió Charli, y leyó la dedicatoria :

“ Mi Kerido M. la vida es fudida “. ( querido con K . . .  era Charli ).

Obs .- “ ( . . . ) cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes. De los que puedes ser uno de ellos.”  H. G.

París In Memoriam :

MON CORPS A PEUR.

MES IDÉES NON.

JE SUIS EN TERRASSE.

Porto – Otoño  2015

RICARDO RAUL CAUTHIN ARAMAYO-FLOREZ